Arqueología urbana

Qué hay debajo del Microcentro: túneles, excavaciones y la Buenos Aires colonial que sigue oculta

Bancales de ladrillo virreinal, conventos jesuitas y cisternas gigantes conviven con la rutina del centro porteño. Entre el proyecto de revitalización urbana y las excavaciones arqueológicas, una mirada profunda a las capas de historia que yacen bajo nuestros pies.

Zanjón de Granados Foto: turismo.buenosaires.gob.ar

Por encima circulan colectivos, bicicletas, turistas y oficinistas que apuran el paso entre las peatonales Florida y Reconquista. Los edificios vidriados reflejan una ciudad que intenta recuperar el pulso del centro porteño. Hay bares nuevos, veredas ensanchadas y proyectos para volver a poblar un barrio que durante décadas fue el corazón financiero de la Argentina.

Sin embargo, bajo la capa de asfalto y hormigón de calles como Perú, Bolívar o Defensa, late un laberinto de secretos donde el tiempo se detuvo siglos atrás. Allí donde hoy funcionan oficinas y comercios, la tierra guarda estratos superpuestos de la antigua aldea colonial ¿Qué queda de aquella Buenos Aires de virreyes, jesuitas y casas de adobe?

Resulta que debajo de las calles que hoy recorren miles de personas cada día todavía permanecen intactas capas enteras de la Buenos Aires colonial: ladrillos, túneles, cerámicas rotas, huesos de animales, pozos de basura doméstica y objetos cotidianos que alguien perdió hace doscientos o trescientos años terminarían contando una historia.

Las excavaciones arqueológicas realizadas en la Casa del Virrey Liniers permitieron recuperar objetos de los siglos XVII y XVIII

La revitalización del Microcentro no solo ocurre en la superficie. En paralelo a las obras urbanas, el Área de Arqueología y Paleontología de Patrimonio de la Ciudad, dependiente del Ministerio de Cultura porteño, excava bajo el Casco Histórico para recuperar los vestigios materiales de la Buenos Aires colonial y reconstruir la historia de quienes la habitaron.

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"Cuando excavamos no buscamos tesoros. Buscamos historias", resume Horacio Padula, subgerente de Gestión Patrimonial y Arqueología de la Dirección General de Patrimonio, Museos y Casco Histórico porteña. Uno de esos trabajos se desarrolla actualmente en la histórica Casa Blaquier (Defensa 165), donde un equipo excava centímetro a centímetro un terreno que, durante décadas, ocultó huellas de la Buenos Aires colonial y del siglo XIX.

La tarea se realiza con cucharines, pinceles, espátulas y una paciencia casi artesanal. Allí, cada estrato del suelo representa una época distinta y cada objeto recuperado permite reconstruir cómo vivían quienes habitaron esa parcela hace doscientos o trescientos años.

Cada estrato excavado en la Casa Blaquier aporta nuevas pistas sobre la historia del Casco Histórico porteño y los primeros habitantes de la ciudad de Buenos Aires

Mientras los arqueólogos profundizan las catas que ya arrojan piezas de 1820 e indicios jesuíticos en el sitio, pisan baldosas originales de laja de Hamburgo (similares a las de la vereda del Cabildo o la Casa del Virrey Liniers).

"La profundidad actual del pozo indica que los objetos hallados pueden ser de alrededor de 1820 o 1830. Obviamente, a medida que la excavación se profundiza emergen objetos más antiguos", explica Padula. 

Detalle del cielorraso de la Casa Blaquier

El arqueólogo habla de "estratigrafía", una palabra que para los especialistas significa leer el tiempo como si fuera un libro. "Sabemos que esta es una zona de Buenos Aires con mucha información, con indicios de la vida de los porteños en siglos anteriores. Incluso sitios como estos, donde jamás se hizo una excavación previa, pueden aportar información jesuítica", sostiene.

 

Cambio de paisaje y de época

Basta caminar unas pocas cuadras desde Plaza de Mayo para que el paisaje cambie por completo. Las fachadas contemporáneas conviven con gruesos muros de ladrillo, patios coloniales y la Iglesia de San Ignacio, el templo más antiguo que conserva la Ciudad de Buenos Aires. 

Para la periodista e investigadora urbana Mariela Blanco, el valor de estos espacios trasciende su interés arquitectónico o arqueológico. "De la Buenos Aires colonial queda mucho menos de lo que imaginamos porque la ciudad fue creciendo sobre sí misma. Sin embargo, todavía existen verdaderas capas de historia bajo nuestros pies que permiten reconstruir cómo era aquella ciudad fundacional. La arqueología urbana hizo posible recuperar muchos de esos vestigios y hoy varios pueden ser visitados por el público", explica. 

Sobre la calle Perú, entre Moreno y Alsina, el ritmo del Microcentro parece desacelerarse. Allí se despliega la Manzana de las Luces, uno de los conjuntos históricos más importantes del país, donde en apenas una manzana conviven casi cuatro siglos de historia argentina. Sus patios, galerías, túneles y edificios coloniales permiten comprender cómo la ciudad fue construyéndose sobre sí misma.

La monumental cisterna hallada en Moreno 550 puede visitarse hoy como parte del Paseo de la Cisterna

 

Para el arquitecto Eduardo Sprovieri, especialista en patrimonio e historia urbana, recorrer la Manzana de las Luces y descender a los túneles de la cercana Iglesia de San Ignacio es una de las formas más directas de entender esa superposición de épocas. "Es la posibilidad de caminar por la infraestructura de la ciudad colonial y descubrir una Buenos Aires que todavía sobrevive debajo de la que vemos todos los días", resume.

"Cuando se explora bajo tierra en el Casco Histórico, encontramos arqueología, pero también sorpresas paleontológicas", revela Padula. "En las paredes de tosca de los propios túneles jesuitas de la Manzana de las Luces se han observado placas fósiles incrustadas pertenecientes a la megafauna que habitó la región pampeana hace más de 10.000 años, como los gliptodontes".

 

Los pasadizos de la Buenos Aires colonial

Cuando se habla de los túneles de la Buenos Aires colonial, suele aparecer la idea de una gran red de "pasadizos secretos" que conectaba iglesias, conventos y edificios públicos. Sin embargo, los especialistas advierten que gran parte de esa imagen responde más a las leyendas urbanas que a la evidencia histórica.

"En la Ciudad de Buenos Aires hay tres tipos de túneles", explica el arquitecto Sprovieri. "Están los coloniales, que son los que más despiertan curiosidad; los del subterráneo y los arroyos entubados que hoy corren ocultos bajo la ciudad".

Uno de ellos nace bajo la Iglesia de San Ignacio, sobre Bolívar al 200, a pocos metros de Plaza de Mayo. Otro se conserva en la Manzana de las Luces. También existen los pasadizos del Zanjón de Granados, en San Telmo, y los vinculados a la iglesia de Santa Felicitas, en Barracas. Todos pueden visitarse, aunque algunos requieren reserva previa.

Lejos de las teorías conspirativas, Sprovieri aclara que esos túneles no forman una inmensa red subterránea que atraviesa toda la Ciudad de Buenos Aires. "No tienen gran extensión ni están conectados entre sí. Puede ser que exista una red que todavía no fue descubierta, pero eso aún no pudo comprobarse", explica.

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Para la investigadora patrimonial Mariela Blanco, ese juego entre el dato documentado y la leyenda es justamente lo que apasiona al caminante curioso. "Hablar de los túneles de Buenos Aires es hablar de la ciudad que no se ve. ¿Fueron vías para el contrabando, comunicación entre templos o antiguos cauces entubados? La historia documentada y el mito conviven bajo tierra, y esa combinación es parte del encanto de este patrimonio oculto", reflexiona.

A diferencia de Roma, Atenas o Estambul, Buenos Aires no suele pensarse como una ciudad arqueológica. Tal vez porque gran parte de su patrimonio permanece oculto.

Las sucesivas demoliciones, ensanches de calles, construcción de edificios y obras de infraestructura fueron cubriendo lentamente las huellas de la ciudad colonial sin destruirlas completamente. Sprovieri explica que "Buenos Aires nunca dejó de construirse sobre sí misma", cada generación agregó una nueva capa sin borrar del todo la anterior.

 

Dónde encontrar la Buenos Aires colonial

Aunque gran parte de ese patrimonio permanece oculto bajo tierra, varios de esos sitios pueden recorrerse hoy a través de visitas guiadas y museos de sitio.

-El Zanjón de Granados (Defensa 755 | San Telmo)

Considerado el sitio de recuperación arqueológica más importante de la Ciudad de Buenos Aires. Detrás de la fachada de una casona italiana del siglo XIX se esconden más de cuatro siglos de historia. Todo comenzó en 1985, cuando el químico y vecino de San Telmo Jorge Eckstein adquirió la propiedad para restaurarla.

El recorrido por el Zanjón de Granados permite descubrir antiguos túneles, cisternas, aljibes y cimientos

Durante las obras apareció, de manera completamente fortuita, un antiguo túnel. Ese descubrimiento cambió el destino del edificio y dio inicio a un proyecto de investigación y restauración que demandó casi cuatro décadas.

Hoy el complejo permite recorrer los conductos que encauzaban el histórico Zanjón de Granados, uno de los antiguos arroyos que delimitaban la ciudad fundada por Juan de Garay en 1580, junto con cisternas, aljibes, cimientos construidos entre los siglos XVIII y XIX y una colección de objetos arqueológicos recuperados durante las excavaciones, que reconstruyen la vida cotidiana de los primeros habitantes de Buenos Aires.

 

-La Manzana de las Luces y el túnel de la Iglesia de San Ignacio

La Manzana de las Luces (Perú 222 / 272) y la cercana Iglesia de San Ignacio (Bolívar 225, esquina Alsina) concentran algunos de los vestigios subterráneos más fascinantes de la Buenos Aires colonial. Durante años se creyó que formaban parte de una misma red, pero los especialistas sostienen que se trata de construcciones diferentes, tanto por su técnica como por su posible función.

Como explica el arquitecto Sprovieri, recorrer ambos espacios permite comprender esa diferencia.

Cada uno de estos frascos sobrevivió enterrado durante más de un siglo. Forman parte del Paseo de la Cisterna

Los túneles coloniales conservan parte de la infraestructura construida por los jesuitas

En la Manzana de las Luces, sobre la calle Perú, se conservan galerías de ladrillo levantadas por los jesuitas, vinculadas con las tareas logísticas y el almacenamiento de mercaderías que llegaban desde las Misiones.

En cambio, en el túnel de la Iglesia de San Ignacio, ubicada sobre Bolívar, entre Alsina y Moreno, el visitante camina por un pasadizo excavado directamente en la tierra, donde todavía pueden observarse las marcas dejadas por las herramientas con las que fue construido hace casi tres siglos.

"Uno puede tocar la tierra a cada costado. Se ven las marcas de la pala con la que hicieron el túnel", describe Sprovieri, quien recomienda visitar ambos sitios para comprender cómo era la infraestructura subterránea de la ciudad colonial.

 

-Sitio La Cisterna (Moreno 550)

A pocas cuadras de Plaza de Mayo funciona el Paseo de la Cisterna, un museo de sitio que surgió de manera inesperada cuando, durante una obra inmobiliaria en 2017, apareció una gigantesca cisterna enterrada. El hallazgo obligó a reformular el proyecto original y hoy conviven la arqueología con la arquitectura contemporánea.

"Lo que encontramos ahí fue una gran cisterna, la mayor de la región, con una capacidad de casi 300.000 litros", explica Padula, subgerente de Gestión Patrimonial y Arqueología de la Dirección General de Patrimonio, Museos y Casco Histórico porteña.

Platos y fuentes de loza con inscripciones federales, utilizados durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas

Pero la estructura fue apenas el comienzo. La excavación permitió recuperar más de 15.000 piezas arqueológicas, muchas de ellas vinculadas con la época federal ya que a comienzos del siglo XIX, el predio perteneció a la familia Ezcurra y fue residencia de Juan Manuel de Rosas y Encarnación Ezcurra. Tras la batalla de Caseros, el lugar pasó a funcionar como sede del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires y luego como Oficina de Correos, antes de convertirse en un inquilinato y, décadas más tarde, en una playa de estacionamiento.

Entre los objetos expuestos se destacan platos y fuentes de loza inglesa con inscripciones en rojo como "Viva la Santa Federación" y "Federación o muerte", encargadas especialmente durante el gobierno de Rosas.

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El proyecto de revitalización del Microcentro propone recuperar viviendas, atraer nuevos comercios y volver a llenar de vida una zona que durante décadas estuvo asociada exclusivamente a oficinas. Pero, ¿cómo crecer sin borrar las huellas del pasado? Padula, explica que cada intervención en el Casco Histórico obliga a arqueólogos y especialistas a trabajar junto con arquitectos e ingenieros para garantizar que cualquier hallazgo pueda estudiarse antes de continuar la obra.

No siempre aparecen grandes descubrimientos. Muchas veces se trata de un plato roto, una botella, un botón, un trozo de cerámica o un hueso de animal. Objetos que hablan de qué se comía, qué se compraba, cómo se construía una casa, qué enfermedades existían o qué costumbres formaban parte de la vida cotidiana de los primeros porteños.

 

GD/fl