Durante más de una década, miles de personas en toda Latinoamérica esperaron cada domingo para acompañarlo desde una pantalla. Lo vieron cruzar desiertos, cordilleras, selvas y fronteras imposibles. Lo siguieron mientras cocinaba al costado de una ruta, reparaba su moto con soluciones improvisadas o armaba una carpa en medio de la nada. Para millones de seguidores, Pablo Imhoff no fue solamente un creador de contenidos: fue la prueba de que vivir una aventura era posible.
"Pablito Viajero" decidió poner un punto final, o tal vez un punto y aparte, a una de las bitácoras de viaje más fascinantes de la comunidad hispanohablante. A través de un video, el oriundo de Santo Tomé anunció que deja las redes sociales y los viajes.
"No sé si será para siempre o es un hasta luego", publicó en sus diferentes plataformas, donde explicó que ya no tiene la energía ni la motivación para embarcarse en un nuevo proyecto de la magnitud de los que marcaron su carrera.
La noticia sorprendió a una comunidad que lo acompañó durante años de vida nómada. Su presente hoy se encuentra lejos del ripio y las fronteras: está instalado en un departamento en Buenos Aires, ciudad donde reside desde que completó su travesía continental.
"Después de 12 años puedo decir que tengo un hogar, un lugar donde vivir y eso era lo que estaba queriendo experimentar, tener mi espacio, mi colchón, mi cocina, lavarropas, cosas básicas", confesó.

La hazaña de la "Econo"
¿Era posible unir Ushuaia con Alaska en una pequeña moto urbana de apenas 90 centímetros cúbicos? Mientras la mayoría de los viajeros elegía motocicletas de gran cilindrada preparadas para recorrer largas distancias, el santafesino apostó por una Honda C90 Econo Power modelo 1992. Una moto sencilla, económica y diseñada para el uso cotidiano.
El corazón de su aventura fue el "Proyecto Alaska" y su objetivo fue unir el extremo sur del continente con el norte más remoto sobre su "Econo", cargada con lo mínimo indispensable. Tras un parate forzado de un año en Tierra del Fuego debido a las restricciones de la pandemia, Pablo inició oficialmente la marcha desde Ushuaia en marzo de 2021, que lo llevaría a atravesar 15 países y recorrer más de 50 mil kilómetros.

Pablo sorteó los vientos de la Ruta 40, la inmensidad del Salar de Uyuni en Bolivia, y los accidentados caminos de Colombia. También enfrentó tramos peligrosos como el Camino de la Muerte (Ruta de los Yungas) o la "Siberia" boliviana, una zona de bosque nublado donde la ruta literalmente se desmoronaba en la montaña.
Cuando los repuestos escaseaban, el ingenio casero salía al rescate, llegando a fabricar un filtro de motor improvisado con una media. Incluso hubo obstáculos burocráticos, como cuando Nicaragua le denegó el ingreso y el santafesino se vio obligado a enviar la moto por transporte terrestre mientras él la sobrevolaba en avión para continuar el viaje.
El día que llegó a Alaska
Finalmente, después de más de cinco años y 50 mil kilómetros, Pablo alcanzó Prudhoe Bay, el punto más al norte al que se puede llegar por carretera en América. Allí cumplió uno de los rituales más importantes entre motoviajeros y ciclistas que completan la travesía continental: tocar la campana que simboliza la llegada al destino final.
En el video que registró ese momento, se acercó a su inseparable Honda y le habló: "Gracias por traerme hasta acá", le dijo.
"La sensación de vacío que experimenté en este momento fue inexplicable. Feliz de haber sido parte, Pablito", fue uno de los comentarios que recibió ese video.
No hay nada mejor que casa
Detrás de cada video también había una realidad menos visible. Pablo contó varias veces que lo más difícil del viaje eran la soledad, la incertidumbre de no saber dónde iba a dormir al día siguiente y el desgaste que implica vivir durante años sin un lugar fijo.
Aunque solía decir que dejarlo todo para viajar fue la mejor decisión de su vida, después de más de una década en la ruta sintió que era momento de parar. Además, reconoció que los años de viaje dejaron secuelas.
Contó que sufre problemas físicos derivados de la vida en la ruta, entre ellos un disco de la columna comprometido que le provoca dolores constantes desde la espalda hasta la nuca. También reveló que comenzó terapia psicológica. "Los viajes de este estilo tan largos son más difíciles de lo que se ve", admitió.

Aunque solía viajar solo, la ruta también le regaló hermandades temporales. Durante su paso por Estados Unidos, Canadá y Alaska, compartió tramo con Marina y Abraham, de Nomad Expedition, a quienes definió como la mejor compañía que pudo tener antes de que cada proyecto tomara rumbos diferentes. Pero, fundamentalmente, el combustible espiritual de Pablo fue la hospitalidad de la gente: los camioneros, las familias de los parajes recónditos y los motoqueros que le tendieron la mano.
En su despedida escribió: "No hay mucho más para agregar a lo que dije en el último video que subí a YouTube. Solamente que los voy a extrañar y voy a extrañar esta vida de viaje", y acompañó el mensaje con una selección de fotos de los últimos 12 años.
"Les deseo lo mejor, gracias por acompañarme todo este tiempo y como dije en el video, ojalá nos volvamos a encontrar. Hasta siempre, gente querida", agregó.
"Ahora los pibes quieren ser Pablito Viajero. Algo hiciste bien", le respondió un seguidor.