Pensar el futuro

China o la fuerza tecnológica del dragón

De cuna histórica de grandes invenciones a epicentro de la inteligencia artificial, la robótica y la innovación a escala masiva, el gigante asiático redefine el equilibrio mundial mientras combina ambición geopolítica, desarrollo científico y tensiones culturales en su vertiginoso salto hacia el siglo XXI.

En su ambición por conquistar los mercados globales, China se perfila para convertirse en la máxima potencia mundial en Inteligencia Artificial (IA) para 2030. Foto: Xinhua

Hace tiempo, China es el gigante despierto. Sobre sus megaciudades, ríos y montañas, sus dragones ya no arrojan fuego, sino tecnología de vanguardia. Hoy, el país del dragón corre más rápido que el resto, en muchos campos. China ya no es solo la gran fábrica del mundo, sino también su gran laboratorio de anticipación del mañana.

China vuelve a ser quien fue: una potencia económica y de la invención. Antes que nadie, la nación con capital en Beijing inventó la pólvora, la imprenta, la brújula. Esta dirección de proa China la perdió durante su esplendor imperial, entre el siglo XVI y el siglo XVIII, tiempo de las dinastías Ming y Qing. Su distanciamiento respecto a su pasada fuerza tecno-científica ocurrió por distintas causas: una población masiva que proveía mano de obra barata (desincentivando la invención de máquinas para la producción), un sistema de exámenes que absorbía a las mentes más brillantes hacia la burocracia estatal y un neoconfucianismo (un retorno a Confucio) que relegaba las matemáticas y la tecnología a un plano menor. Mientras Europa, fragmentada y competitiva, fomentaba una "ilustración industrial" y la cultura del "conocimiento útil", como propone el historiador económico Joel Mokyr, China eligió como sus prioridades su estabilidad interna y la agricultura.

Kenneth Pomeranz, historiador de la Universidad de Chicago, en La gran divergencia. China, Europa y el nacimiento de la economía mundial moderna (2017), propone el concepto de Gran Divergencia para entender el proceso por el que Europa eclipsó a la China imperial en el desarrollo vigoroso de la ciencia.

Su análisis contesta a la pregunta famosa de Joseph Needham (1900-1995), bioquímico británico y un eminente historiador de la ciencia que consagró alrededor de 50 años de su vida a investigar el desarrollo científico y tecnológico chino en Ciencia y Civilización en China (1954, hasta el presente). Dicha pregunta dice: “¿Por qué China, siendo líder tecnológico durante siglos, no originó la Revolución Científica?”

 

Progreso tecnocientífico acelerado 

 

La respuesta a esta pregunta del propio Needhman se complementa con la de Pomeranz. Según la hipótesis de Needham, el sistema social chino (un “feudalismo burocrático”) era eficaz como instrumento para la estabilidad, pero no catalizaba la innovación como sí lo hacía Europa en los primeros siglos de la modernidad. Esto se asociaba, a su vez, con el desinterés por las matemáticas.

Hoy, como en una gran transformación alquimista, la anterior retracción muta en un progreso chino tecnocientífico acelerado. Esto obedece a su propia red de causas: la apertura de la China de Deng Xiaoping, a partir de 1978, hacia el libre comercio, dentro de las “Cuatro Modernizaciones” en la agricultura, la industria, la defensa nacional y la ciencia y tecnología.

La política china, expresada actualmente por su líder Xi Jinping, aspira a restablecer la gloria perdida tras el "siglo de la humillación" (1839-1949), periodo en el que el antiguo Imperio chino padeció los intereses extranjeros impuestos mediante una capacidad militar superior. China se autopercibe hoy desde la concepción milenaria de Zhōngguó (el 'Reino del Centro'); desde la conciencia de civilización central, exige influencia y respeto global. En este marco, convertirse en la potencia de vanguardia tecnológica favorece su evolución y el reconocimiento internacional.

Hoy, el gran dragón chino alienta la expansión tecnológica mediante masivas inversiones como política de Estado; libertad para las investigaciones científicas y una interacción fluida entre el laboratorio y la rápida traslación de lo investigado a la producción. Todo esto se apoya en un sistema educativo de excelencia orientado a las matemáticas, la ingeniería, lo tecnológico y lo científico. Actualmente, China genera más ingenieros y graduados en carreras de ciencia y técnica que Estados Unidos y Japón combinados.

El gigante asiático sorprende también con su vigoroso crecimiento urbano. El arquetipo de esta transformación es Shenzhen, el llamado “Silicon Valley chino” y meca de su vanguardia tecnológica. Es el ejemplo máximo de "ciudad instantánea": en 1979 era apenas un conjunto de aldeas de pescadores; hoy es una megaciudad de más de 17 millones de habitantes que cobija a empresas como Huawei y DJI, el líder indiscutible en el mercado global de drones.

Antes, en el avance de la industrialización, en el siglo XX, Detroit fue la capital de la producción automovilística mundial; luego el software se concentró en California. Y así como al final de la Segunda Guerra Mundial la meca del arte de vanguardia pasó de París a Nueva York, hoy el centro del poder tecnológico se desplaza de Silicon Valley a Shenzen, el centro global de la robótica de vanguardia, de la producción de robots humanoides con IA incorporada (embodied AI). 

 

Shenzen, centro de vanguardia mundial 

 

En Occidente muchas empresas todavía experimentan con prototipos. A diferencia de esto, las firmas chinas ya venden sus modelos y aspiran a convertir al robot doméstico en un bien de consumo tan común como un smartphone. El año 2025 fue declarado el «año uno» de la producción masiva, con más de 140 fabricantes lanzando unos 330 modelos diferentes. En 2026, la empresa Unitree exhibió robots capaces de realizar saltos mortales, artes marciales y tareas de alta precisión.  Actualmente, China opera más de 2 millones de robots industriales, lo que representa casi el 50% de la flota mundial. Además, controla toda la cadena de valor: desde las tierras raras para imanes de alto rendimiento hasta los sensores y las baterías. Los modelos de la DeepSeek-R1 impulsan la evolución de los robots de tareas repetitivas mediante la «IA incorporada», de modo que las máquinas se mueven en su entorno físico de forma autónoma con más eficacia. A su vez, sus movimientos imitan cada vez mejor la movilidad del cuerpo humano.

Y en Shenzen, discurre la actividad de producción y mejoramiento robótico en Liuxian Avenue, también conocida como Liuxian Boulevard, Robot Valley y o Valles de los robots, una arteria vial estratégica de aproximadamente 12 kilómetros de largo situada en el norte del distrito de Nanshan.

En Shenzhen, los robots ya están presentes en hoteles, parques y restaurantes, mezclados con la vida cotidiana, e incluso se ha inaugurado una tienda especializada en su venta.

La nueva generación de robótica humanoide que, mediante IA, imita expresiones humanas con precisión y puede operar en condiciones de frío extremo.

En Shenzhen por una “lógica de densidad” las fábricas no están separadas por kilómetros sino, literalmente, una encima de la otra. En estas fábricas verticales, en el piso 1, por ejemplo, se elaboran los sensores robóticos, en el tercer piso los motores, y en el siete la tecnología de ensamblaje. Así se crea una cadena de suministro de circuito cerrado, por el que todas las etapas se cristalizan en un solo lugar, de modo que el 90 % de los componentes de un robot se fabrican en la misma ciudad de Shanzen.

 

Primer robot humanoide en correr maratones

 

Aquí se creó el Tiangon ultra, el primer robot humanoide en correr media maratón, y UBTECH (otro ejemplo de robot antropomorfo avanzado) que ya comercializa más de 1000 robots al año, y muchos se venden en la primera tienda robot en el mundo en Shanzen. La universidad de Tsinghua o el Harbin institute aportan mano de obra cualificada para mejorar los robots para los que Asimov pensó sus leyes.

Los robots imitan la forman humana, pero también, y en su realidad más extendida todavía, fungen como brazos robóticos, las piezas centrales de la producción manufacturera de avanzada en China: las difundidas “fábricas en penumbra” (o dark factories): plantas fabriles con producción absolutamente automatizada, sin intervención humana directa en la línea de montaje. La proyección de China como potencia manufacturera inteligente cobra vida en las fábricas automatizadas. Allí, la presencia humana se limita a la verificación remota de los sistemas. El nuevo concepto de fábrica funciona mediante brazos robóticos, sensores de alta precisión y supervisión por algoritmos de IA. La ausencia de trabajadores humanos hace innecesaria la iluminación, el aire acondicionado o la calefacción, por lo que las máquinas operan en la oscuridad. El viejo sueño capitalista de máximas ganancias con mínimos costos de personal se hace realidad: se acallan los reclamos salariales, los descansos, las vacaciones y los cambios de turno.

Bajo este sistema, la compañía Xiaomi produce un smartphone cada segundo, las 24 horas del día, hasta alcanzar los 10 millones de teléfonos al año. En su apabullante avance en robótica, ya en 2022, China consuma la instalación de más de 50% de los robots industriales del mundo. El proceso de producción es casi totalmente autónomo, pero a los humanos aún les cabe la supervisión remota desde salas de control externas.

Ahora, el exponencial e imparable crecimiento de la tecnociencia en China bebe de tecnologías que, en algunos casos, bordean la impresión de un salto desde el presente hacia un futuro acelerado, como las interfaces cerebro-computadora, con el desarrollo de chips que conectan el cerebro humano con máquinas, en abierta competencia con Neuralink, la empresa de neurotecnologia fundada por Elon Musk. En 2025, pacientes con parálisis en China lograron controlar robots y videojuegos mediante implantes cerebrales, un hito revolucionario en este campo. Asimismo, otra evolución futurista es la computación cuántica mediante la Zuchongzhi 3.0, computadora cuántica que posee una capacidad de resolución de cálculos a una velocidad que supera enormemente aun a las más grandes supercomputadoras no cuánticas.

Y China hoy encabeza los desarrollos en fusión nuclear y experimenta con la creación de un “sol artificial” mediante plasma que alcanza temperaturas muy superiores a las del núcleo del Sol para, desde una cámara de vacío, generar energía limpia y potencialmente ilimitada; lo cual es también parte de la meta de “crecimiento verde” de la economía.

 

Megaproyectos y la fortaleza de la montaña

 

La megaevolución tecnológica china impele megaproyectos que seguramente se consumarán: túneles submarinos de alta velocidad, puentes sobre abruptos acantilados construidos en meses, tuneladoras inteligentes que trituran roca mediante IA; o la construcción de la primera estación científica submarina, o la exploración extraplanetaria mediante la estación espacial Tiangong (“Palacio Celestial”), sus misiones lunares y un proyectado viaje a Marte para el año 2050.

Y todo esto junto a investigaciones para producir de forma masiva chips con nuevos materiales que superarán al silicio; y una geopolítica de los minerales estratégicos y las tierras raras, esenciales para la fabricación de smartphones, pantallas LED y baterías (en 2025, China fabricó más del 80% de las baterías del mundo).

La gran evolución tecnológica china no es consecuencia solo de una política educativa centralizada. El gran impulso proviene también de un proceso desconocido en Occidente: el Shanzhai (山寨), o «fortaleza de montaña», expresión para referirse a los bandidos que perpetraban sus fechorías fuera del alcance de la mano punitiva del Emperador. Su sentido en el ámbito tecnológico es un pululante tejido de talleres y pequeñas fábricas, en particular en Shenzhen, que colaboran en una red de innovación mutante e hiperacelerada; una estructura que acopla circuitos y software compartido, reinventando la «copia barata» en un mundo Shanzhai de código abierto. Las innovaciones así surgidas pasan de su nuevo diseño a las tiendas en tan solo dos semanas.

En el ecosistema innovador Shanzhai, la pulsión tecnológica adquiere la libre movilidad de un pulpo que todos los días emana nuevos brazos, compuestos por extrañas variaciones de los productos ya conocidos. Esto es muy diferente a las empresas occidentales como Apple, que lanzan un nuevo producto superador una vez por año. Grandes empresas actuales como Xiaomi, DJI (drones) y Transsion (fabricante de teléfonos móviles, de fuerte presencia en el mercado africano) se beneficiaron de la experimentación Shanzhai rápida y de bajo costo. Gracias a esta suerte de democratización tecnológica low cost, los usuarios de los países en desarrollo accedieron a smartphones en tiempos en los que las marcas globales tenían precios prohibitivos.

En su ambición por conquistar los mercados globales, China se perfila para convertirse en la máxima potencia mundial en Inteligencia Artificial (IA) para 2030. En esta dirección, el apoyo estatal masivo y las inversiones del sector privado aspiran a expandir su capacidad informática a más de 300 exaflops para potenciar su IA. El exaflop, dentro de la llamada computación a exaescala, es una medida de rendimiento supercomputacional mil veces más rápida que el petaflop, el estándar anterior.

Hoy por hoy, las empresas chinas ya registran más patentes de IA que cualquier otro país y lideran la producción de publicaciones de investigación científica en la materia.

 

Autosuficiencia tecnológica: objetivo de China

 

El salto hipertecnológico aspira a la Autosuficiencia Tecnológica (Self-Reliance). La producción ya no depende solo de "ensamblar" productos de baja calidad, sino de "inventar" todo el proceso. El objetivo es superar la dependencia de componentes extranjeros, en especial en software básico, semiconductores (chips) e Inteligencia Artificial.

China aspira también al dominio del mercado de los Vehículos de Nuevas Energías (NEVs), que incluyen tanto autos eléctricos como autónomos, y los taxis aéreos. La estrategia se completa con la primacía en la cadena de suministro de paneles solares y baterías.

A su vez, el despliegue tecnológico chino está intrínsecamente ligado a los lineamientos de su política exterior. El tendido de nuevos cables submarinos de fibra óptica para multiplicar su influencia en el internet global como parte de la "Ruta de la Seda Digital", que extiende la "Nueva Ruta de la Seda" (la Iniciativa de la Franja y la Ruta: puertos, trenes y cables en aras de la conectividad global, o la geopolítica total), que provee a muchos países de redes 5G, cables de fibra óptica, centros de datos e incluso el sistema de satélites chino BeiDou, el equivalente al GPS estadounidense con cobertura global.

Y bajo la concepción del centralismo político del Estado chino, resulta esencial su concepto de Soberanía Cibernética (Cyber Sovereignty), el cual se contrapone a la idea de un internet global y abierto promovida por el llamado ‘mundo libre’. La soberanía cibernética defiende que cada Estado debe tener control total del ciberespacio dentro de su territorio. Esta es la premisa que justifica el Gran Cortafuegos (Great Firewall) y su filtrado de contenidos, lo cual favorece una sociedad de vigilancia digital y protege a los gigantes tecnológicos locales de la competencia de empresas como Google o Meta. También aquí, en el orden de lo digital, China se destaca con la multifuncionalidad de su Super App Wechat, plataforma que permite al acceso a muchos servicios, a diferencia del WhatsApp occidental que se reduce al envío de mensajería.

Sobre el avance chino, con velocidad de gacela, en IA, son significativas las reflexiones de Kai-Fu Lee, exejecutivo de Google China y Apple, en su obra Superpotencias de la Inteligencia Artificial. La aparición a principios de 2025 de DeepSeek, el startup chino de IA con sede en Hangzhou, es el “momento Sputnik” de la “implementación” de la inteligencia artificial en China. Y dado que la etapa inicial del deep learning (aprendizaje profundo) ya se ha asentado, el factor determinante no es quién inventa el algoritmo, sino quién lo aplica a gran escala. En este terreno, China marca la diferencia gracias al apoyo gubernamental, la menor restricción en la privacidad respecto a Occidente y la competitividad de sus emprendedores.

No obstante, Lee no desvía la mirada del gran problema: la automatización como fuente de desempleo masivo. Ante esta amenaza, propone una reestructuración que dignifique las actividades que solo los humanos pueden realizar desde la empatía y el cuidado: las «profesiones del corazón», las cuales deberían ser subsidiadas por el Estado.

Dudas e inquietudes respecto al camino tecnológico de la China contemporánea, son las que reflejan también la filosofía de la tecnología del pensador hongkonés Yuk Hui, quien, en La pregunta por la técnica en China, insiste en los conceptos de cosmotécnica y tecnodiversidad.

 

Órden cósmico y orden moral

 

Cosmotécnica es la unificación entre el orden cósmico y el orden moral a través de la acción tecnológica. Cada cultura tiene su propia cosmotécnica (el momento de lo tecnodiverso). La técnica china antigua no ansiaba el dominio de la naturaleza, sino un equilibrio entre el Dao o Tao (concepto medular del taoísmo en la filosofía china, el camino hacia la vida de amplitud cósmica, universal), y el Qi (el utensilio, lo físico).

La tecnología moderna occidental, que China ahora hace propia, no supone la única forma de técnica posible. El modelo occidental hoy universalizado remite al Gestell heideggeriano: una técnica sustentada en la extracción de recursos desde una visión de mundo materialista, sin lugar para el enigma o la trascendencia espiritual.

De ahí surge la crítica de Hui sobre la desconexión de las raíces ancestrales chinas respecto a su tecno-aceleración actual; un camino por el cual "China deja de ser China". La propuesta de Hui busca recuperar la cosmovisión antigua china basada en la unificación del Dao (el orden metafísico y moral) y el Qi (el utensilio u objeto técnico), como una alternativa a la imitación del modelo técnico occidental, en el cual la tecnología se desvincula del cosmos. Esta recuperación no supone renunciar a los avances actuales, sino impregnarlos de una dimensión de trascendencia filosófica, ahora ausente en el gigantismo tecnológico chino.

Las tecnologías traen progreso. Pero también alejan de la espiritualidad que dimana de la contemplación de un paisaje fuera del mundo de las máquinas.

Hoy, el plan estratégico chino Made in China, anunciado en 2015, pregona una meta nítida: la superación del modelo de la "fábrica del mundo" de productos baratos para devenir superpotencia tecnológica global con alto valor añadido, mediante el liderazgo de las industrias propias del siglo XXI, el dominio de la cadena de suministro global, y la autosuficiencia tecnológica. En esta senda China sigue el concepto alemán de «Industria 4.0», la cuarta revolución industrial que demanda digitalización e interconexión inteligente de los procesos productivos.  

Mientra tanto, la tecnología china se mueve en las danzas de los robots, los drones, los autos aéreos, la investigación de nuevas energías, y del fondo de los mares y del espacio inmenso hacia la Luna y Marte. Sin temor, el dragón vuela hacia el mañana.

 

Página cultural de Esteban Ierardo: La mirada de Linceo / www.estebanierardo.com