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BLOOMBERG / COOPERATIVA
jueves 15 noviembre, 2018

Banca de marihuana dirigida por mujeres levanta vuelo en EE.UU.

Una prohibición federal de la marihuana mantiene a los bancos estadounidenses alejados de una industria que avanza velozmente hacia los US$75.000 millones en ventas. ¿Quién está captando ese dinero? Un puñado de cooperativas de crédito locales y las mujeres que dirigen sus operaciones.

Hannah Levitt

La cooperativa de crédito de Sundie Seefried cerca de Denver solo tiene seis sucursales, pero el mes pasado acumuló US$160 millones de emprendimientos relacionados al cannabis que estaban desesperados por encontrar un lugar donde guardar su dinero. Foto: Bloomberg

Una prohibición federal de la marihuana mantiene a los bancos estadounidenses alejados de una industria que avanza velozmente hacia los US$75.000 millones en ventas. ¿Quién está captando ese dinero? Un puñado de cooperativas de crédito locales y las mujeres que dirigen sus operaciones.

La cooperativa de crédito de Sundie Seefried cerca de Denver solo tiene seis sucursales, pero el mes pasado acumuló US$160 millones de emprendimientos relacionados al cannabis que estaban desesperados por encontrar un lugar donde guardar su dinero. Como máxima ejecutiva de la Partner Colorado Credit Union, Seefried armó un equipo de 13 personas que inspecciona esas empresas y aceptó unas 200. Los depositantes no cobran intereses y pagan comisiones por la diligencia debida.

“A mis clientes les digo que, si voy a la cárcel, más vale que tenga suficiente dinero en mi cuenta como para comprar cigarrillos”, bromeó Seefried en una entrevista. Pero hablando en serio: “¿Ya me vi alguna vez tratando de resolver este problema nacional? Nunca, pero ¿acaso puedo dejarlo como está e irme? No”.

Los grandes bancos no pueden tocar el dinero de la marihuana sin exponerse a castigos severos del Gobierno federal, entre los cuales podría figurar la pérdida de sus fueros nacionales. Por otro lado, muchas cooperativas de crédito están reguladas por los estados. A medida que más jurisdicciones de ese nivel avanzan para legalizar la marihuana, muchas entidades de préstamo están construyendo unidades para absorber los miles de millones de dólares que generan agricultores, dispensarios y empresas relacionadas.

Las mujeres forman la espina dorsal de las cooperativas de crédito. Ellas dirigen más de la mitad de las instituciones de Estados Unidos y representan un 70 por ciento de la fuerza de trabajo, según un estudio publicado el año pasado por el Fliene Research Institute. Y resulta que ahora varias de ellas están adquiriendo prominencia nacional dentro de su industria como pioneras de la banca de marihuana; pronuncian discursos en conferencias y conocen a miles de emprendedores.

La divergencia entre las cooperativas y los bancos con el cannabis no hizo más que acentuarse en los últimos meses. Antes de las elecciones legislativas, Wells Fargo & Co. dejó de brindar servicios a una política a favor de la marihuana medicinal debido a las contribuciones que recibió de lobistas. El banco afirmó que no puede tener nada que ver con dinero vinculado con la marihuana. Por su parte, las cooperativas de crédito salieron beneficiadas por la creación de tres potenciales mercados de parte de los votantes, que la semana pasada apoyaron medidas para legalizar el uso recreativo del cannabis en Michigan y el medicinal en Misuri y Utah.

“No nos metimos en esto por las ganancias”, dijo Lynn Ciani, de Numerica, una cooperativa de crédito con sede en Spokane Valley, Washington. Ella trabajaba de abogada con un consultorio privado antes de entrar a la entidad de préstamo, donde supervisa los riesgos legales. A la empresa le preocupaba que, si los emprendimientos locales de marihuana no lograban encontrar bancos, las pilas de dinero desprotegido atraerían a ladrones, dijo. Hoy cuenta casi 300 empresas de marihuana entre sus clientes.

“Antes que se legalizara la marihuana recreativa, se descriminalizó la medicinal en el estado de Washington y una leía historias sobre robos a casas y gente que sufría delitos violentos por tener un dispensario”, dijo Ciani. “No queríamos ese tipo de delincuencia en nuestras comunidades”.


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