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miércoles 31 octubre, 2018

Combata el cambio climático comiendo vegetales

Preservar el planeta exige acotar los gases del efecto invernadero que provocan el cultivo, procesamiento y transporte de alimentos.

Jessica Fanzo y Shreya Das*

La ANMAT prohibió la venta de una serie de productos congelados. La medida afecta a varias marcas que tienen como ingredientes vegetales involucrados en un brote del microorganismo en Europa. Foto: Cedoc

La forma en que comemos tendrá que cambiar si queremos preservar un clima habitable en la Tierra. Un nuevo estudio internacional lo deja claro: durante las próximas tres décadas, el impacto del sistema alimentario en el medio ambiente al menos se duplicará si la humanidad continúa comiendo como lo hace ahora. Los efectos negativos incluyen la contaminación y la pérdida de especies, pero la mayor amenaza por lejos son las emisiones de gases de efecto invernadero derivadas del cultivo, el procesamiento, el envasado y el transporte de alimentos.

Más de dos tercios de esas emisiones relacionadas con los alimentos provienen de la producción de carne, de acuerdo con los 23 investigadores que participaron en el estudio, encabezado por Marco Springmann, de la Universidad de Oxford, (y que incluye a Jessica Fanzo).

Por lo tanto, su recomendación fundamental: los consumidores, especialmente aquellos que viven en ciertos países de altos ingresos donde la carne es una parte importante de la dieta diaria, deberán reducir su consumo y adoptar una dieta "flexitariana" más basada en vegetales.

Esta estrategia no será nada de fácil. Mientras que las personas de países ricos a menudo comen más carne de la que necesitan, las personas de países pobres, especialmente los niños, no reciben suficiente de este alimento. Algunos tienen tan poco acceso a alimentos de origen animal, como la carne y los productos lácteos, que padecen de desnutrición crónica. Sin embargo, debería ser posible dirigir al mundo hacia lo que los científicos consideran una dieta sostenible trabajando en el contexto de las economías individuales.

La investigación muestra que reducir los alimentos de origen animal es más eficaz para mejorar la salud y el medio ambiente en los países de altos ingresos que en los más pobres.

En lugares donde las personas consumen relativamente poca carne y productos lácteos, es recomendable una estrategia menos agresiva para el cambio en la dieta. Pero incluso en esos países, las mejoras en el uso de la tierra y el agua pueden disminuir la carga ambiental y se pueden tomar medidas para reducir el desperdicio de alimentos.

Los gobiernos, por supuesto, tendrán que ayudar a impulsar el cambio en la dieta y alentar la producción sostenible de alimentos, incluso mientras continúan apoyando el crecimiento económico y la salud pública. Como mínimo, deberán dar incentivos a los agricultores para que adopten prácticas sostenibles y regular el uso de los terrenos y el agua dulce que se requiere para la agricultura.

Para que ocurra un cambio significativo en cualquier país, se deberá persuadir a la industria de alimentos y bebidas para que revise sus productos y ofrezca opciones saludables dentro de los límites ambientales. Al diversificar los alimentos que produce, podría ayudar a conducir a los consumidores de países ricos a una dieta más basada en vegetales, y ayudar a las personas de países de bajos ingresos a lograr dietas balanceadas de acuerdo con sus pautas dietéticas nacionales, es decir, una combinación saludable de frutas y verduras con carne y productos lácteos suficientes para una adecuada ingesta de proteínas.

Las empresas también deberán dejar de desperdiciar gran parte de los alimentos que producen. Aproximadamente un tercio de todos los alimentos se pierden antes de llegar a los mercados o son desechados en los hogares. Algunas organizaciones están trabajando en herramientas para ayudar a las empresas a hacer un seguimiento de la pérdida de alimentos y reducirla operando de manera más eficiente.

Sería útil que los consumidores, así como los gobiernos que buscan minimizar las emisiones de gases de efecto invernadero, conozcan los verdaderos costos de todos los alimentos, incluidos los costos ocultos para el medio ambiente. La industria alimentaria y científicos externos deben desarrollar formas precisas de medir esos costos.

En última instancia, si las personas en todo el mundo que consumen en gran medida carne optaran por una dieta con un mayor consumo de vegetales, podrían llegar a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero relacionadas con los alimentos en casi la mitad para 2050.

Para las personas que se resisten a reducir ese consumo puede ser convincente saber que comer menos carne, especialmente menos carne roja, podría ayudarles a vivir más tiempo. Las dietas con un gran consumo de carnes rojas y carnes procesadas están asociadas a ciertos tipos de cáncer y problemas de salud como la obesidad, la diabetes y la presión arterial alta. Considere los resultados de uno de los estudios anteriores de Springmann: si todos en el mundo se volvieran vegetarianos, las muertes al año se reducirían en 7,3 millones de personas.

Pero el solo problema climático debería ser lo suficientemente urgente para atraer la atención y la cooperación de la gente. Simplemente ponga atención a la reciente advertencia del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU que señala que el mundo se encuentra encaminado hacia un peligroso calentamiento en los próximos 22 años. Esta llamada de emergencia a tomar medidas debe incluir una reconsideración seria de los alimentos que ponemos en nuestros platos. Proteger el clima significa hacer que todos se cercioren de que la carne pase a ser solo una pequeña porción de lo que consumimos.

 

* Esta columna no necesariamente refleja la opinión de la junta editorial o de Bloomberg LP y sus dueños.


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