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miércoles 21 noviembre, 2018

Corbyn es el gran enemigo de empresas británicas

Para los analistas, un gobierno laborista liderado por Jeremy Corbyn sería una categoría totalmente diferente de sufrimiento.

Therese Raphael

Jeremy Corbyn Foto: Bloomberg
miércoles 21 noviembre, 2018

¿Quién dice que no hay consenso sobre el brexit? Tal vez no en Westminster, donde se encuentra el Parlamento del Reino Unido; pero reúna a un grupo de líderes empresariales en una sala, y de repente todo parece mucho más claro: el acuerdo de la primera ministra británica, Theresa May, para abandonar la Unión Europea es factible, pero un gobierno laborista liderado por Jeremy Corbyn sería una categoría totalmente diferente de sufrimiento.

Desde el referéndum del brexit, los empresarios rara vez se han hecho escuchar. Muchos líderes de compañías asumieron de manera pragmática que se llegaría a un acuerdo y que el Reino Unido haría una salida ordenada. Hicieron planes de contingencia, pero la mayoría no los activó, como señala una encuesta realizada entre sus miembros por la Confederación de la Industria Británica, o CBI por sus siglas en inglés.

Había desventajas de hablar tan abiertamente. Muchas empresas estaban cautelosas de alejar a sus clientes, ya sea que fueran partidarios de permanecer en el bloque o salir de él, al expresar un punto de vista fuerte. Las grandes empresas públicas tenían la preocupación adicional de asustar a los inversores al llamar la atención sobre los costos de la continua incertidumbre o la interrupción de las cadenas de suministro.

Los líderes empresariales que obtuvieron la mayor parte de la atención fueron, por defecto, aquellos como James Dyson, inventor de la aspiradora de ciclón dual sin bolsa, Tim Martin, fundador de JD Wetherspoon Plc, o Arron Banks, activista por dejar el bloque y empresario de seguros, todos partidarios del brexit. Ellos tendieron a clasificarse en dos categorías: aquellos que resienten el enfoque de la UE en materia de regulación y querían que el Reino Unido estableciera acuerdos comerciales más ambiciosos; y los que tenían argumentos más nacionalistas o centrados en la soberanía.

Muchos partidarios del brexit se dieron cuenta con júbilo que los lobbies de negocios como la CBI a menudo habían estado en el lado equivocado de la historia en el pasado. Y otros grupos, como la Cámara de Comercio Británica, han sido más circunspectos sobre los méritos del acuerdo.

Pero ahora que hay un acuerdo de salida sobre la mesa, que el tiempo se está acabando y que la posibilidad de no llegar a un acuerdo es muy real, los líderes corporativos están empezando a hacer ruido. El verdadero catalizador no es el brexit, sino que el riesgo de un gobierno laborista.

La opinión de consenso fue resumida sucintamente por el director de CBI de Gales, Ian Price. "La gente está bastante cansada del brexit", dijo, al referirse a una reunión reciente de unos 30 líderes empresariales galeses. "La sensación en la sala fue de sigamos adelante con esto y, si esa es la mejor oferta en la mesa, hagámoslo así".

Esta semana, tanto May como Corbyn se dirigieron a los asistentes en la reunión anual del CBI. La primera ministra presentó su trato como el mejor disponible. Si bien recibió un aplauso que fue cálido y comprensivo, difícilmente podría describirse como entusiasta. Los ejecutivos con quienes hablé posteriormente en el pasillo emitieron veredictos similares: el acuerdo es defectuoso y el gobierno ha hecho un revoltijo de cosas, pero es aceptable. Nunca iba a ser una negociación equilibrada, razonaron. Su preocupación era Corbyn.

El discurso del líder laborista se llevó a cabo al final de la conferencia y no hubo mucho que hacer para calmar a la multitud. Su partido rechazaría el acuerdo, buscaría nuevas elecciones y establecería una dramática reorganización de la economía. Esto último incluiría nacionalizar industrias clave, aumentar los impuestos corporativos y dar a los trabajadores un tercio de los escaños en los directorios de la empresa.

Su visión no es la socialdemocracia de Suecia, sino un socialismo populista cuyo lema "para la mayoría, no para unos pocos" fue interpretado por muchos como un eufemismo para el tipo de políticas redistributivas que Gran Bretaña no ha visto en décadas. Recibió un educado aplauso, pero parecía que los delegados habían recién visitado al dentista, pensé. Corbyn tampoco se veía más cómodo en su compañía.

El manifiesto laborista de 2017 prometió respetar el resultado de la votación del brexit y descartó continuar con la libre circulación de personas. Así es que él también sacaría al Reino Unido de la UE y del mercado único. Cómo Corbyn y su grupo intentan salvaguardar un buen brexit siguió siendo un misterio después de su discurso; sus planes para rehacer la economía británica quedaron muy claros.

Un gobierno laborista es donde se encuentra el riesgo real, dice Price, del CBI. "Hay una gran implicación de costos en lo que el laborismo quiere hacer".

Steve Eisman, el administrador de dinero que predijo el colapso de las hipotecas de alto riesgo antes de la crisis financiera, lo expresó de manera más directa que cualquiera de los ejecutivos que he conocido. "Corbyn es un trotskista", le dijo a Bloomberg a principios de este mes. "Ahora que conozco bien a mis trotskistas, sé que no querrías invertir en el Reino Unido si un trotskista es primer ministro".

La reacción del CBI ante el discurso de Corbyn fue inequívoca. “Desde las rígidas reglas de empleo hasta la una propiedad pública contundente, el enfoque laborista suena más como mandato y control, que como asociación. Este no es el cambio que se necesita".

Las empresas no están completamente de acuerdo sobre cómo proceder. Algunos ejecutivos piensan que un segundo referéndum es la única manera de resolver el problema. Entre ellos se encuentran Guy Hands, fundador de la compañía de capital privado Terra Firma, y el exjefe europeo de Bank of America Merrill Lynch, Alex Wilmot-Sitwell, quien dijo al Financial Times que el acuerdo de May es la mejor opción, pero "hay razones sólidas para otra votación pública" si ella no consigue la aprobación del Parlamento.

El aparente apoyo al acuerdo de May entre la comunidad corporativa no es algo que el grupo de empresas británicas tradicionales pueda desestimar a medida que el parlamento avanza hacia una votación. Si los legisladores conservadores rechazan el acuerdo y sumergen al país en una incertidumbre mayor, muchos votantes tradicionalmente conservadores lo verán como la máxima autoindulgencia. Debería ser poco cómodo para ellos que sus partidarios no tengan a quién recurrir por el momento.

Esta columna no necesariamente refleja la opinión de la junta editorial o de Bloomberg LP y sus dueños.


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