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BLOOMBERG / MULTAS CONTRA LA CRÍTICA
miércoles 2 octubre, 2019

Un líder infalible: insultar a Vladimir Putin en Rusia cuesta US$462

Hace seis meses, Rusia adoptó una ley que tipifica como delito administrativo insultar al gobierno en internet. Ya se presentaron los primeros resultados de su aplicación, y en la mayoría de los casos en que un tribunal impuso una multa, los rusos fueron castigados por insultar al presidente.

Leonid Bershidski

Russia's President Vladimir Putin's Annual News Conference Foto: Bloomberg
miércoles 2 octubre, 2019

Hace seis meses, Rusia adoptó una ley que tipifica como delito administrativo insultar al gobierno en internet. Ya se presentaron los primeros resultados de su aplicación, y en la mayoría de los casos en que un tribunal impuso una multa, los rusos fueron castigados por insultar al presidente Vladimir Putin. Sin embargo, en lugar de proteger a Putin y otros altos funcionarios contra críticas severas y vulgares, el uso de la ley rusa de lesa majestad, la primera adoptada desde el colapso de la Unión Soviética, dio como resultado una extraña lista de precios de insultos. En promedio, cuesta 30.000 rublos (US$462) vilipendiar al presidente.

Después de que Putin firmó la ley en marzo, la policía local, los fiscales y los tribunales comenzaron a usarla para disuadir el discurso irrespetuoso sobre todo tipo de funcionarios: alcaldes, gobernadores, incluso gerentes de una empresa estatal. El Kremlin y el Parlamento ruso estaban consternados, y en julio, Putin le pidió a su fiscal general que supervisara los casos emergentes. Poco después, el Ministerio del Interior ordenó a la policía que usara la ley solo contra personas que utilizara lenguaje e imágenes particularmente insultantes con respecto a Putin, el gabinete, el Parlamento y los tribunales.

Según un informe de Agora, un grupo de abogados de derechos humanos rusos, de un total de 45 casos abiertos bajo la nueva ley, 26 involucraron a Putin, y 18 de ellos terminaron en un fallo legalmente vinculante que imponía una multa. De acuerdo a Agora, el primer caso procesado con éxito bajo la ley de lesa majestad involucró a Roman Vatanen de la ciudad de Kalevala en la región noroeste de Karelia. Publicó una serie de memes en la red social Vkontakte describiendo a Putin como un ladrón, y a algunos de sus amigos multimillonarios como "parásitos" y "demonios". Fue sentenciado a una multa de 30.000 rublos el 24 de abril.

La condena más conocida fue la de Yury Kartyzhev en Nizhnyaya Vishera en la región de Novgorod, también en el noroeste de Rusia, quien describió a Putin utilizando una referencia vulgar al acto sexual en una publicación de Vkontakte que se convirtió en un meme de internet. Kartyzhev recibió una multa de 30.000 rublos en abril, pero fue recompensado por un gran "flashmob" en su apoyo.

Según el Centro Sova, un grupo ruso sin fines de lucro de derechos humanos, al menos tres personas fueron castigadas por responder a esa publicación con sus propios insultos a Putin; probablemente asumieron que Kartyzhev tenía demasiados partidarios para que todos fueran procesados. Por ejemplo, en julio, Igor Gorlanov, de la ciudad minera siberiana de Novokuznetsk, recibió una multa de 30.000 rublos por citar a Kartyzhev y vincular a un video de Putin que explicaba que los rusos eran libres de decir cualquier cosa en internet.

Aunque 30.000 rublos es la multa más extendida, hay ciertas variaciones. Un tribunal en la región de Arkhangelsk, en el norte de Rusia, multó a Georgiy Minyayev con 15.000 rublos por llamar "retrasado" a Putin en Vkontakte, en referencia a un video del presidente ruso conduciendo un camión en el puente recién construido a Crimea, adherida a Rusia. No fue el destino de Putin lo que enfureció a Minyayev, sino por no usar el cinturón de seguridad y su probable falta de licencia de conducir.

A Yevgeny Zhukov de Kurgan, al este de los montes Urales, le costó 40.000 rublos publicar una canción que ridiculizaba a Putin, a menudo cantada por fanáticos del fútbol ucraniano. Y la semana pasada, Alexey Bychkov de Oryol en el sur de Rusia, fue sentenciado a la misma cantidad por llamar "condón" a Putin en una publicación sobre garrapatas; Bychkov afirmó que los arácnidos chupadores de sangre no se habían extendido en su parte del país antes, pero que su prevalencia hoy es un signo de una disminución de la calidad de vida bajo el mandato de Putin.

Al Kremlin le gusta asistir a protestas contra Putin cuando los estudiantes e intelectuales de Moscú y San Petersburgo se quejan y lamentan. No obstante, las personas condenadas por la ley eran gente común de las regiones más pobres de Rusia; una pareja tenía condenas penales previas, la mayoría son obreros. La geografía y la demografía de las condenas muestran que la ira contra Putin borbotea justo bajo la superficie en lugares que rutinariamente "votan" por el presidente en elecciones ampliamente vistas como manipuladas.

Cuando se le preguntó en junio por qué había firmado la ley, Putin se refirió a leyes similares en países europeos, específicamente en Alemania. En dicho país es ilegal difamar a su presidente (aunque no al canciller que es más poderoso), pero el delito solo puede ser procesado con la autorización del presidente, y eso sucesió pocas veces en la historia moderna. Por ejemplo, un hombre fue multado con 600 euros (US$654) en 2011 por arrojar dos huevos al presidente Christian Wulff.

En Francia también existe una ley similar: en 2013, un activista de izquierda, Hervé Eon, fue sentenciado a una multa de 30 euros por levantar una pancarta insultante contra el entonces presidente Nicolas Sarkozy. Pero luego el Tribunal Europeo de Derechos Humanos revocó la decisión de la corte francesa. Algunos de los rusos condenados en virtud de la ley de lesa majestad también apelarán sus multas ante el tribunal de derechos humanos.

Ningún país democrático trata de proteger la imagen de su líder persiguiendo a los escritores de publicaciones irreverentes en las redes sociales. Los autoritarios, como Rusia, también deberían abandonar la práctica. Los procesos no hacen nada para extinguir la ira popular. Incluso cuando las organizaciones de derechos humanos se ven obligadas a describir los "delitos" elípticamente, como es el caso en Rusia, los fallos judiciales solo ayudan a convertir al líder autoritario en un hazmerreír. Y cuanto más se ría la gente, más cerca está el día en que habrá demasiadas voces de protesta para ser silenciadas.


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