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BLOOMBERG / OPINIÓN
martes 29 enero, 2019

Obama y la lógica secreta en ataque a bin Laden

Tal parece que los documentos secretos de Osama bin Laden van a permanecer secretos un tiempo más. Estas son las opiniones escritas de abogados de múltiples agencias de inteligencia de EE.UU., redactadas en 2011 bajo solicitud del gobierno del presidente Barack Obama, sobre si EE.UU. tenía el derecho legal de capturar o matar a bin Laden en su escondite en Pakistán. La existencia (más no el texto) de estas opiniones salió a la luz en 2015 y varios grupos las han estado buscando desde entonces. L

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Stephen Carter


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U.S. Reacts To Death Of Osama Bin Laden Foto: Photographer: Mario Tama/Getty Images North America

Tal parece que los documentos secretos de Osama bin Laden van a permanecer secretos un tiempo más. Estas son las opiniones escritas de abogados de múltiples agencias de inteligencia de EE.UU., redactadas en 2011 bajo solicitud del gobierno del presidente Barack Obama, sobre si EE.UU. tenía el derecho legal de capturar o matar a bin Laden en su escondite en Pakistán. La existencia (más no el texto) de estas opiniones salió a la luz en 2015 y varios grupos las han estado buscando desde entonces. La semana pasada, el Tribunal de Apelaciones del Distrito del Circuito de Columbia dictaminó que no estaba en la obligación de publicarlas.

Contextualicemos. A mediados de 2010, EE.UU. recibió información que aseguraba que bin Laden estaba viviendo en un complejo ubicado en Abbottabad, al norte de Pakistán. A la primavera siguiente, la administración de Obama sentía plena confianza en la inteligencia y ordenó un ataque al complejo. Obama recibió muchos elogios de todo el espectro político por el éxito de la misión y marcó el hito para su campaña de reelección.

No obstante, entre el momento en que se recibió la información y el momento de la operación, surgió la necesidad de realizar consultas legales. Cuatro altos abogados del gobierno prepararon cinco memorandos escritos sobre la legalidad de varios aspectos de la captura o el asesinato de bin Laden -los consejeros generales del Pentágono y la CIA, los asesores legales del Consejo Nacional de Seguridad y el estado Mayor Conjunto.

En un recuento de 2015 publicado en el New York Times, la creación de estos documentos fue engañosa. Por una parte, la administración se mostró reacia a revelar a los abogados el secreto sobre la existencia del complejo. De hecho, hubo muchas precauciones de seguridad alrededor de la investigación y redacción de las opiniones. Se prohibió a los abogados consultar con su personal y tuvieron que realizar toda la redacción ellos mismos, en portátiles especiales con todas las medidas de seguridad del caso.

Tan pronto como se supo de la existencia de estos documentos, el grupo de activistas Judicial Watch solicitó -en virtud de la Ley de Libertad- que los mismos fueran divulgados. Todas las agencias involucradas se negaron ante la solicitud. Judicial Watch demandó pero el tribunal dictaminó a favor del gobierno, con base en las exenciones de seguridad nacional y las comunicaciones con el presidente. La semana pasada, el circuito de Washington estuvo de acuerdo. En la opinión emitida por la juez Judith W. Rogers, el tribunal explicó las razones convincentemente.

"La extraordinaria decisión que enfrentaba el presidente al considerar si debía ordenar un ataque militar al complejo de Osama bin Laden en Pakistán requería confidencialidad", escribió Rogers. Esa confidencialidad, continuó, se extiende necesariamente a la asesoría legal que recibió Obama para determinar si se debía ordenar un ataque. Las opiniones de los abogados, señaló Rogers, eran en efecto una parte de las deliberaciones, "compartidas solo con el presidente y sus asesores más cercanos". Por lo tanto, forzar la divulgación de las notas inhibiría las comunicaciones internas y el debate en el futuro.

Todo esto tiene sentido y parece respetar el estatuto. Sin embargo, uno se pregunta acerca de muchas cosas que aún no se han dicho con autoridad. Por ejemplo, nosotros el público, todavía no sabemos si las órdenes de la misión fueron capturar o matar. Libros e informes de prensa han presentado muchas teorías, pero lo que nos falta es el conocimiento seguro que provendría de personas con información privilegiada. ¿Envió EE.UU. sus fuerzas en una misión de asesinato? Es el tipo de cosas que uno pensaría que el público tiene derecho a saber.

Por otra parte, si las órdenes de la misión eran de hecho matar, ¿estaban las órdenes legalmente justificadas? Los académicos han debatido durante mucho tiempo sobre este tema (yo mismo estuve en dificultades después de haber usado la palabra "asesinato" en una entrevista televisiva días después de la muerte de bin Laden).

De particular interés al responder ambas preguntas, seguramente, será la opinión escrita de Mary B. DeRosa, asesora legal del NSC que, según el Circuito de Washington, abordó la legalidad de "un equipo de los Navy SEAL en una redada con la intención de matar como opción predeterminada durante la búsqueda, redada, captura y/o asesinato de Osama bin Laden en 2011."

Los documentos también podrían aclarar otro aspecto muy disputado de la historia. El gobierno de EE.UU. ha adoptado sistemáticamente la posición de que la información sobre el escondite de bin Laden provino del rastreo de sus correos (Hollywood está de acuerdo). Por otra parte, una gran cantidad de periodistas, Seymour Hersh quizás sea el más prominente entre ellos, han insistido durante mucho tiempo en que la información provino de un pakistaní que buscaba la recompensa de US$25 millones.

¿Por qué los memorandos podrían contener la respuesta? Porque es fácil imaginar que los argumentos legales podrían depender en parte de la procedencia de la información.

Para estar seguros, la pregunta de dónde provino la información es, a primera vista, menos importante que si la misión desde el principio era matar. Pero hay una buena razón para prestar atención a este asunto. Las historias que insisten en que el secreto provenía de una persona cualquiera difieren en los detalles, pero coinciden en un punto clave: que los aliados putativos de EE.UU. en la inteligencia de Pakistán supieron todo el tiempo en donde se escondía bin Laden. Ese es el tipo de cosas que los votantes quisieran saber.

No estoy sugiriendo que el circuito de Washington estaba equivocado al negar la divulgación de los documentos bajo la Ley de Libertad. En términos legales, el tribunal tenía toda la razón. Sin embargo, es frustrante que casi ocho años después sepamos tan poco sobre un evento de tan enorme importancia histórica. La exitosa misión contra bin Laden tiene un lugar de honor en la iconografía de la nación. Más temprano que tarde, el público debería saber con seguridad cuál era la misión real.


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