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BLOOMBERG / OPINIÓN
viernes 9 noviembre, 2018

El increíble teléfono plegable de Samsung podría revivir a la industria tecnológica

El miércoles, después de años de rumores y especulaciones, Samsung finalmente presentó un teléfono inteligente con una pantalla plegable que planea comenzar a vender el próximo año. A riesgo de sonar como un adolescente muy entusiasmado, considero que esta es una innovación potencialmente disruptiva al nivel del iPhone, si los fabricantes logran manejarla correctamente.

Leonid Bershidski

Key Speakers At Samsung Developers Conference Foto: Bloomberg

El miércoles, después de años de rumores y especulaciones, Samsung finalmente presentó un teléfono inteligente con una pantalla plegable que planea comenzar a vender el próximo año. A riesgo de sonar como un adolescente muy entusiasmado, considero que esta es una innovación potencialmente disruptiva al nivel del iPhone, si los fabricantes logran manejarla correctamente.

La tecnología está más o menos lista desde hace un tiempo: los compuestos orgánicos emisores de luz y los circuitos que les suministran cargas eléctricas a éstos, pueden proyectarse en una película protectora, así como también pueden hacerlo en un vidrio inflexible. Pero los desafíos de producir un dispositivo con una pantalla flexible han sido formidables.

¿Cómo se puede hacer que el dispositivo doblado sea lo suficientemente delgado como para caber en el bolsillo de un pantalón y aun así incluir una batería que pueda alimentar una pantalla grande el tiempo suficiente para un uso intensivo? ¿Qué tipo de bisagra se necesitaría para asegurarse de que el teléfono se pliegue de forma correcta y segura? ¿Cuántas veces se puede plegar una pantalla antes de que se dañe?

¿Cómo cambiarían de tamaño las aplicaciones automáticamente cuando un usuario pasa de una pantalla pequeña a una más grande y a la inversa? Algunos de los problemas técnicos aún no se han resuelto, por ejemplo, pareciera que Samsung no ha encontrado la manera de insertar un lector de huellas digitales en la pantalla plegable como lo ha podido hacer con los teléfonos de cristal de próxima generación.

Además, se ha argumentado que la lógica de negocios es cuestionable: ¿Por qué alguien querría un teléfono plegable y de qué forma cambia radicalmente la tecnología existente? Las pantallas de los teléfonos tradicionales han sido lo suficientemente grandes como para hacer que las tabletas sean redundantes para la mayoría de las personas, y el mercado de las tabletas, incluso con dispositivos de teclado desmontables como el Microsoft Surface y sus clones, se redujo (las ventas de unidades disminuyeron un 5,4 por ciento en el trimestre hasta septiembre en la comparación interanual, según la firma de investigación IDC). Y cuando una startup llamada Royole presentó un teléfono con pantalla plegable para adelantarse a Samsung, un crítico que tuvo acceso a él escribió que parecía más un artilugio que un dispositivo revolucionario.

Incluso Samsung es aparentemente cauto y considera a los teléfonos plegables simplemente como un nicho de mercado con potencial de crecimiento.

Yo diría que las dudas son similares a las expresadas cuando Apple presentó el iPhone original. ¿Quién quería un teléfono con pantalla táctil y cómo competiría con la enorme variedad de dispositivos que existían? Por supuesto, eso por sí solo no invalida las dudas; muchas innovaciones tecnológicas no han tenido éxito. ¿Recuerda el Fire Phone de Amazon, que prometía algo parecido a los hologramas de Star Wars que emergían de su pantalla? Resultó ser un fracaso.

En ese momento, argumenté que Amazon era la compañía equivocada para impulsar una intrépida innovación como esa: No tenía el tipo de atracción necesaria con los desarrolladores para hacer que la nueva funcionalidad 3D fuera importante para los usuarios. Samsung y Google –que está ayudando al gigante coreano y a otros fabricantes de teléfonos a instalar Android en dispositivos plegables– sí lo tienen. Y hay razones de peso para que tanto los usuarios como los fabricantes opten por la nueva tecnología.

Es cierto que los teléfonos inteligentes con pantallas de seis pulgadas están matando a las tabletas; eso ha estado sucediendo desde que Samsung lanzó el Galaxy Note en 2011 en medio de comentarios como "¿quién querría un teléfono tan grande como éste?" Sin embargo, las personas optan por estos teléfonos de pantalla grande como una solución intermedia, simplemente porque una tableta no cabe en un bolsillo y es poco manejable para llamadas y mensajes básicos.

Leer, ver videos y jugar en un teléfono de pantalla grande no es particularmente agradable a la vista; escribir mensajes largos en los pequeños teclados es una habilidad que algunos no pueden dominar, al menos si no obtienen lo que ahora se llama "pulgar del teléfono inteligente". Todo es tolerable pero agotador. Y mostrarle algo a un amigo en una pantalla de seis pulgadas mientras trata de verlo usted mismo es un ejercicio adecuado para un contorsionista.

Para los fabricantes, el beneficio de potenciar los teléfonos plegables también podría ser significativo. No importa cuán duradero sea el polímero de las pantallas flexibles, se desgastará debido a la gran cantidad de veces que se dobla, creando un ciclo de reemplazo natural (aunque es de esperar que sea razonable) que podría facilitar la planificación de las ventas y la producción.

Ahora, el ciclo de actualización promedio de un teléfono inteligente en Estados Unidos es de 32 meses; en 2013 y 2014 fue de 24 a 25 meses. Acortar el ciclo, aunque sea un poco, daría lugar a un mercado de teléfonos inteligentes más activo y tal vez terminaría con la actual lentitud en las ventas de unidades (cayeron un 2,1 por ciento en los tres meses hasta junio).

Samsung y Google solo necesitan jugar sus cartas correctamente. Para el primero es importante obtener críticas favorables con el primer producto nuevo que lanza y asegurarse de que los primeros usuarios no se quejen demasiado pronto de su calidad. Para el segundo es necesario modificar Android para que no sea demasiado trabajo para los desarrolladores ajustar las aplicaciones a las pantallas plegables.

Ese es un gran obstáculo que debe superarse antes de que Samsung comercialice cualquier cosa: lanzar el dispositivo sin que al menos las aplicaciones más utilizadas sean totalmente compatibles con su forma cambiante podría matar la potencial revolución.

No todo tiene que ser perfecto, el primer iPhone no lo fue y solo vendió uno o dos millones de unidades por trimestre en su primer año. Solo tiene que ser lo suficientemente bueno para que los primeros usuarios puedan aprovechar las ventajas. Solo pasarán unos años desde ese punto hasta una adopción masiva, a menos que se presenten problemas importantes de calidad y compatibilidad.

La tecnología finalmente llegará si Apple, que compra pantallas de iPhone a Samsung y LG (otra compañía que ha estado trabajando en pantallas flexibles), da el salto, como lo ha hecho varias veces después de ver los experimentos de otros fabricantes: pantallas más grandes, cámaras con múltiples lentes, vidrios redondeados y otras innovaciones progresivas.

Nada de esto es un hecho. Estoy apostando a que Samsung y Google no arruinen la oportunidad.


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