En diálogo con Canal E, Gervasio Muñoz, referente de Inquilinos Agrupados, analizó los resultados de la última encuesta nacional de inquilinos y describió un escenario crítico para quienes alquilan en la Argentina.
La eliminación de la ley de alquileres marcó un punto de inflexión en el mercado inmobiliario argentino. Según el relevamiento nacional de Inquilinos Agrupados, realizado en diciembre de 2025, las condiciones de acceso a la vivienda se deterioraron de manera acelerada.
Para Muñoz, el resultado era previsible: “Cuando se flexibilizan las condiciones, en realidad se está legislando para el que tiene la capacidad de imponer las reglas”, sostuvo.
Desde la derogación del marco legal, la organización registra contratos cada vez más breves y un impacto directo sobre la economía de los hogares. “Lo que se ve es una transferencia mucho mayor de ingresos de los inquilinos hacia los dueños de las viviendas”, explicó Muñoz, al detallar que el alquiler dejó de ser un gasto controlable para convertirse en el principal factor de empobrecimiento.
El alquiler se come el salario
Los números son contundentes. En diciembre, el 25% de los inquilinos destinó entre el 60% y el 100% de sus ingresos al pago del alquiler. Otro 22% utilizó el 40% de su salario y un 17% el 50%. Menos del 10% logró mantener el gasto por debajo del 20%. “No se ha visto nunca en la Argentina que un alquiler represente tanta porción de un salario”, afirmó Muñoz, recordando que los organismos internacionales recomiendan no superar el 30%.
Este desbalance deriva en desalojos económicos cada vez más frecuentes. Durante 2024, uno de cada cuatro inquilinos debió abandonar su vivienda por no poder pagar. Aunque el porcentaje bajó, el problema persiste: en los últimos tres meses de 2025, el 15% sufrió esta situación. “Uno de cada seis inquilinos tuvo que dejar la vivienda por no poder afrontar el pago del alquiler”, advirtió.
Multiempleo, deudas y contratos precarios
La crisis habitacional también impacta en el mundo laboral. En diciembre de 2025, el 15% de los inquilinos perdió algún empleo y casi el 20% debió sumar un trabajo extra. Entre los jefes de hogar, casi la mitad tiene más de un empleo. “No pagar el alquiler es quedarse en la calle para un inquilino”, resumió Muñoz, al vincular el multiempleo con el endeudamiento para comprar alimentos.
En paralelo, los contratos se acortan o directamente desaparecen. Proliferan acuerdos de uno o dos años y crece el alquiler sin contrato, especialmente en zonas turísticas. Las actualizaciones, lejos de espaciarse, se realizan cada tres o cuatro meses. “Si no hay inflación, ¿por qué aumentan cada tres meses?”, cuestionó el dirigente.