SALUD
Adiós a los ultraprocesados

Este país rediseñó la pirámide alimenticia para combatir su masiva obesidad: qué cambia y por qué

El gobierno de Donald Trump presentó las nuevas Guías Alimentarias 2025-2030, que priorizan proteínas, lácteos enteros y grasas saludables, reducen ultraprocesados y eliminan el modelo de distribución en un plato.

Estados Unidos rediseñó su pirámide alimenticia
Estados Unidos rediseñó su pirámide alimenticia | HHSGov

El gobierno de Estados Unidos publicó este miércoles las nuevas Guías Alimentarias 2025-2030, el documento oficial que define qué deben comer los estadounidenses y que impacta de manera directa en comedores escolares, programas sociales, fuerzas armadas y planes de asistencia. La actualización, impulsada por la administración de Donald Trump, marca un cambio fuerte en la forma de entender la nutrición y recupera una versión invertida de la pirámide alimenticia como herramienta central para luchar contra la obesidad.

Las directrices son elaboradas cada cinco años por los departamentos de Agricultura y de Salud y Servicios Humanos, y en esta edición se alinean con la iniciativa “Hagamos que Estados Unidos vuelva a estar sano”, promovida por el secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr. El eje del nuevo enfoque está puesto en consumir más proteínas, lácteos enteros y grasas saludables, y reducir al mínimo los alimentos ultraprocesados, los azúcares añadidos y los carbohidratos refinados.

Uno de los cambios más visibles es la eliminación de la guía visual “MiPlato”, que durante años recomendó dividir el plato en partes iguales entre verduras, frutas, cereales y proteínas, con una porción pequeña de lácteos. En su lugar, volvió una pirámide alimenticia rediseñada, invertida y menos rígida, donde predominan proteínas, lácteos, grasas saludables, frutas y verduras, y los cereales integrales pasan a un segundo plano.

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Desde la Casa Blanca señalaron que se trata del “reajuste más significativo de la política federal de nutrición en décadas” y que el objetivo es “restaurar el sentido común, la integridad científica y la rendición de cuentas” en un contexto de emergencia sanitaria nacional, con altos niveles de obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedades crónicas relacionadas con la alimentación.

Más proteínas, lácteos enteros y grasas saludables: qué cambia en la nueva pirámide

La nueva pirámide alimenticia prioriza el consumo de proteínas de alta calidad en cada comida, tanto de origen animal como vegetal. La guía recomienda carnes rojas, aves, mariscos, huevos, lácteos, legumbres, frutos secos, semillas y soja, y sugiere una ingesta de hasta el doble de la recomendación diaria tradicional de 0,8 gramos por kilo de peso corporal. El rango promovido ahora es de 1,2 a 1,6 gramos por kilo, un cambio que generó apoyo y críticas en partes iguales.

Otro giro importante es la promoción de los lácteos enteros. A diferencia de versiones anteriores, que impulsaban opciones descremadas o bajas en grasa para limitar las grasas saturadas, las nuevas guías avalan el consumo de leche entera, yogures y quesos completos. Kennedy había calificado las recomendaciones previas como “anticuadas” y sostuvo públicamente su preferencia por las grasas saturadas, incluso con gestos simbólicos como su visita a un local de Steak ‘n Shake en Florida tras el cambio de aceite vegetal por sebo de res.

Sin embargo, el límite de grasas saturadas no se modificó en el texto oficial y se mantiene en menos del 10% del total de calorías diarias. Aun así, la Asociación Americana del Corazón recordó que su recomendación es aún más estricta y apunta a menos del 6 %, con el argumento de que reducirlas baja el riesgo de infarto, ACV y colesterol LDL. El contraste entre el discurso político y la evidencia científica es uno de los puntos que más ruido generó entre especialistas.

Estados Unidos rediseñó su pirámide alimenticia
La nueva pirámide alimenticia prioriza el consumo de proteínas de alta calidad, tanto de origen animal como vegetal.

En cuanto a las grasas, la guía impulsa lo que denomina “poner fin a la guerra contra las grasas saludables” y recomienda obtenerlas de alimentos integrales como carnes, aves, huevos, mariscos ricos en omega 3, frutos secos, semillas, aceitunas, aguacates y lácteos enteros. Para cocinar, se aconseja usar opciones naturales ricas en nutrientes, como el aceite de oliva.

Los cereales integrales siguen presentes, pero pierden protagonismo frente a proteínas y grasas. La guía es contundente en la necesidad de “priorizar los cereales integrales ricos en fibra” y “reducir significativamente los carbohidratos refinados altamente procesados”, como pan blanco, tortillas de harina, galletas y productos de desayuno envasados. También abre la puerta a dietas más bajas en carbohidratos para personas con enfermedades crónicas, al señalar que “pueden experimentar mejores resultados de salud” con ese enfoque.

Ultraprocesados, azúcar, sodio y alcohol: los límites que impone la nueva guía

Uno de los puntos más celebrados por entidades médicas es el énfasis en evitar alimentos ultraprocesados. Por primera vez, las Guías Alimentarias advierten de forma explícita sobre los riesgos de los productos envasados, listos para comer, salados o dulces, así como de las bebidas azucaradas, refrescos, bebidas energéticas y jugos industrializados. La recomendación es priorizar comidas preparadas en casa y alimentos ricos en nutrientes.

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Además, los azúcares añadidos pasan a tener un límite de no más de 10 gramos por comida. Asimismo, la guía sostiene que “ninguna cantidad de azúcares añadidos o edulcorantes no nutritivos se recomienda ni se considera parte de una dieta saludable o nutritiva” y pide a los padres evitar por completo el azúcar añadido en niños de cuatro años o menos. Para identificarlos, se sugiere revisar las etiquetas y buscar términos como “azúcar”, “jarabe” o ingredientes que terminen en “osa”.

En cuanto a frutas y verduras, la recomendación es consumirlas “en su forma original”. Se aceptan opciones congeladas, deshidratadas o enlatadas, siempre que no tengan azúcares añadidos o contengan muy poco. El sodio, por su parte, mantiene los mismos límites: menos de 2.300 miligramos diarios para adultos y rangos menores para niños, que van de 1.200 a 1.800 mg según la edad.

Otro cambio relevante es la eliminación de los límites diarios específicos para el alcohol. Antes se establecía un máximo de una bebida por día para mujeres y dos para hombres. Ahora, la guía se limita a recomendar “consumir menos alcohol para una mejor salud general”, sin fijar un número concreto.

La Asociación Médica Estadounidense (AMA) valoró positivamente el enfoque sobre ultraprocesados, azúcar y sodio. “Las directrices afirman que los alimentos son medicina y ofrecen una orientación clara que pacientes y médicos pueden utilizar para mejorar la salud”, declaró su presidente, el Dr. Bobby Mukkamala. En la vereda opuesta, la nutricionista Marion Nestlé sostuvo que “limitar los alimentos altamente procesados representa una mejora importante”, pero advirtió que “todo lo demás es menos convincente o carece de justificación científica”.

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Impacto en escuelas, programas sociales y el debate que se abre

Las Guías Alimentarias no son solo un documento de orientación, si no que definen qué se sirve en comedores escolares, bases militares, hospitales públicos y programas de asistencia como SNAP. Según la Casa Blanca, la implementación será gradual y se extenderá durante los próximos dos años en escuelas y programas federales de alimentación.

El trasfondo de la reforma está ligado a datos alarmantes. Casi el 90% del gasto sanitario de Estados Unidos se destina a tratar enfermedades crónicas, muchas relacionadas con la dieta. Más del 70% de los adultos tienen sobrepeso u obesidad, uno de cada tres adolescentes padece prediabetes y el 20% de niños y adolescentes tiene obesidad. Además, el 77% de los jóvenes en edad militar no son elegibles para alistarse, principalmente por problemas de salud vinculados a la alimentación.

En esta línea, Robert F. Kennedy Jr. defendió el nuevo enfoque con una frase contundente: “Estas Directrices nos devuelven a lo básico. Los hogares estadounidenses deben priorizar los alimentos integrales y ricos en nutrientes y reducir drásticamente los alimentos altamente procesados. Así es como logramos que Estados Unidos vuelva a ser saludable”. Asimismo, la secretaria de Agricultura, Brooke Rollins, afirmó: “Por fin, estamos reajustando nuestro sistema alimentario para apoyar a los agricultores, ganaderos y empresas estadounidenses que cultivan y producen alimentos de verdad”.

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Las críticas, sin embargo, no tardaron en llegar. Mario Nestlé aseguró que “no tiene sentido, salvo como excusa para recomendar más carne y lácteos, con toda su grasa, lo que imposibilitará mantener las grasas saturadas al 10% de las calorías o menos”. La Asociación Americana del Corazón también marcó distancia y recordó que su recomendación es más estricta para prevenir enfermedades cardiovasculares.

Además, el documento generó polémica por su enfoque político. En uno de sus tramos, sostiene que “priorizar los resultados de salud, no la equidad en salud” es la meta, y rechaza que la equidad sea el “prisma central” de la política nutricional. “Un documento con sentido común y fundamento científico es esencial para iniciar un diálogo sobre cómo nuestra cultura y nuestros programas de adquisición de alimentos deben cambiar”, señala el texto oficial.

ds