Detesto la crueldad de Milei con Lula aprovechando para emitir su posición sobre Venezuela con un video que bulinea al presidente de Brasil con una foto suya en un viejo abrazo (formal) con Maduro.
Las acciones de los mandatarios se juzgan por sus consecuencias y no por sus dichos. Lula gobernó Brasil durante tres períodos presidenciales mejorando las condiciones de vida de la mayoría de su población, acumulando reservas en su Banco Central por más de 300 mil millones de dólares, con una macroeconomía sólida y una inflación menor a un dígito anual. Ya hará la historia el balance de la presidencia de Milei y las consecuencias de sus políticas sobre la mayoría de los argentinos, pero que su primera reacción sobre la acción militar de Estados Unidos en Venezuela haya sido “gozar” a Lula demuestra el grado de patología emocional que afecta a quien tristemente conduce nuestro país.
Me complacerá el fin de la dictadura de Maduro. Perfil le otorgó a Corina Machado su Premio 2024, personalmente fui jurado del Premio Rey de España abogando para que lo obtuviera la periodista venezolana María Angélica Correa, quien denunció la corrupción del régimen venezolano plasmándolo en el libro Crimen de Estado: a ese muchacho lo van a matar.
Cubrí en 2009 en Venezuela el conflicto que amenazaba con derivar en una guerra entre ese país y Colombia, en el estado de Barinas, equivalente para Chávez a lo que era para el kirchnerismo la provincia de Santa Cruz, en su caso al oeste de Venezuela que en su extremo queda a pocos kilómetros de la frontera con Colombia. Barinas estuvo gobernada primero por el padre de Chávez, Hugo de los Reyes Chávez, por diez años: de 1998 a 2008, y luego por el hermano de Chávez, Adán Chávez Frías, desde 2008 y luego reelecto por sexta (sic) vez en 2025. Comenzarán a surgir pruebas de los negociados de Julio De Vido con los barcos de gas venezolano, las valijas de Antonini Wilson y la estatización de Sidor y otros casos de corrupción compartida.
Aquella Venezuela donde todavía Chávez aceptaba la derrota electoral en su referéndum de 2007 era aún una democracia autoritaria y defectuosa. El propio Estados Unidos había reconocido el triunfo democrático de Chávez en el referéndum presidencial de 2004. Esta de Nicolás Maduro ya desde 2013 progresivamente se transformó en una dictadura.
Paradójico contraste con la Venezuela del siglo XX, único país de Sudamérica que no tuvo dictaduras militares cuando Caracas era la capital de los exiliados en la década los 70 y los 80, lugar de refugio para tantos argentinos y destacadísimos periodistas, como Tomás Eloy Martínez y Rodolfo Terragno, director del principal noticiero de la televisión venezolana; el primero y junto al segundo, artífices del lanzamiento de El diario de Caracas.
Tuve la oportunidad de experimentarlo en 1983, cuando Venezuela me concedió el carácter de exiliado en el tramo final de nuestra última dictadura y tras una etapa recluido en su embajada en Buenos Aires pude respirar aquel aire de verdadera libertad por las calles de Caracas.
Parafraseando a Vargas Llosa sobre su Perú: ¿cuándo se jodió Venezuela? Como cualquier proceso, no de un día para el otro, y aquel país bendecido la segunda mitad del siglo pasado por la mayor reserva de petróleo pesado del mundo pasó a ser hechizado por esa misma riqueza: “La maldición de los recursos naturales” con su clásica paradoja de la abundancia y su enfermedad holandesa (es más fácil importar todo lo demás), y dependencia de la volatilidad de precios internacionales con abruptos stop and go.
Como toda discusión sobre la circularidad de causa y consecuencia se discute cuánto la política deterioró a la economía y viceversa, pero la emergencia de Chávez en 1998 tras los hechos desencadenados a partir de las protestas sociales de 1989 (el Caracazo) en algún sentido comparables a nuestro diciembre de 2001, fue un síntoma claro de la descomposición que aquel gran país venía sufriendo. La cercanía a una Cuba ya sin el apoyo de la extinta Unión Soviética y hambrienta de recursos agregó su particular ingrediente.
En el “reportaje” que Trump concedió a su amigo de la cadena Fox minutos antes de su conferencia de prensa, dijo que si él no hubiera sido electo, Estados Unidos con los demócratas se hubiera convertido en “una Venezuela con esteroides”, una gran Venezuela. El mismo eslogan de Bullrich y luego Milei para un futuro de la Argentina sin ellos. Venezuela pasó a ser un adjetivo, ejemplo del mayor fracaso económico con la mayor diáspora de emigrantes contemporánea: nueve millones de personas, el 27% de su población.
Ambivalencias, porque la derrota de Maduro sea el triunfo de Donald Trump, quien en el mismo reportaje a la Fox dijo ayer: “Algo tenemos que hacer con México” y bulineó a su presidenta, Claudia Sheinbaum, diciendo que México no estaba gobernado por ella, sino por los carteles del narcotráfico y que cuando él le propuso aniquilarlos, ella le respondió: “No, por favor, no”, transmitiendo una actitud pusilánime. Qué cierto el dicho: “¡Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos!”, atribuida a su presidente a fin del siglo XIX Porfirio Díaz y que el predecesor de Sheinbaum, Manuel López Obrador, remixó como: “¡Bendito México, tan cerca de Dios y no tan lejos de Estados Unidos!”, reelaborando como una oportunidad para el desarrollo esa vecindad a la mayor potencia del planeta.
En realidad, que en México haya dominado la política el PRI como partido único durante gran parte de siglo XX fue en gran medida porque la cercanía con Estados Unidos durante toda la Guerra Fría impidió que en su vecino se produjeran experimentos políticos desestabilizantes o desalineados con sus intereses.
Cuando Trump recién reasumido le dijo a Zelenski: “Usted no tiene ninguna carta en el juego, con nosotros de su lado todavía puede jugar algo”, vale para Sheinbaum o en su momento con el famoso muro antinmigrantes de la primera presidencia de Trump para López Obrador, quien disimulaba bien su nacionalismo sin maldisponer a Trump.
Como escribió ayer en PERFIL el politicólogo español Manuel Alcántara, director del Centro Internacional de Estudios Políticos y Sociales: “El 11-S, la crisis económico-financiera de 2008 y la pandemia del covid-19 establecieron un triángulo particular”. Probablemente con el derrumbe de las Torres Gemelas 11 de setiembre de 2001 rompiendo una década de pax romana tras la caída del Muro de Berlín, se marcó el inicio de la regresión de la globalización. Lo siguió la crisis de las hipotecas de 2008 mostrando los talones de Aquiles de la financiarización global. Y lo concluyó la pandemia reflejando la fragilidad de la cadena de suministros globales pasando al nearshoring y el reshoring.
Y cada uno de estos mojones marcan la historia reciente sudamericana: el 11-S indirectamente hizo caer la convertibilidad por falta de apoyo a Argentina del FMI y los Estados Unidos concentrados en su guerra contra el islam. La crisis de las hipotecas en 2008 marcó el comienzo del fin de la década ganada gracias al aumento de los precios de las materias primas de los movimientos progresistas como el kirchnerismo, Correa en Ecuador, el PT en Brasil y la propia Venezuela ya sin el mismo plus de dólares.
Falta agregar la invasión de Rusia a Ucrania en febrero de 2022 justamente una vez terminada la pandemia. Si Putin tiene derecho a tomar una parte de su patio trasero en Ucrania, cómo no lo tendrá Trump de hacer lo propio en Venezuela. ¿Seguirá ese nearshoring geopolítico con China invadiendo Taiwán? ¿Cada región con un patrón dominante y Europa como “jamón del sándwich” con Groenlandia anexada a Estados Unidos? Geográficamente el estado de Maine en Estados Unidos está tres veces más cerca de Nuul, la capital de Groenlandia, que de Copenhague, la capital de Dinamarca, que administra ese territorio.
Pero lo mismo vale para las Islas Malvinas con Argentina e Inglaterra, con el agravante en nuestro caso de que el 3 de enero de 1833 desalojaron a las autoridades argentinas que sí ejercían soberanía legítima sobre ellas.
Coincide otro 3 de enero Estados Unidos invadiendo parcialmente Venezuela para llevarse al jefe de su gobierno. En los grandes raptos mitológicos hubo de todo. El conocido rapto de Helena que desencadenó la costosa Guerra de Troya. Pasando por el rapto de Perséfone, la hija de Deméter la diosa de la agricultura que habría causado las cuatro estaciones, hasta el rapto de las sabinas que había dado origen a la fundación de Roma y la civilización europea. Lejos está el secuestro-detención de Maduro y su mujer Cecilia Adela Flores de tener algún simbolismo mitológico. Esperemos que represente el inicio de proceso de recuperación democrática para Venezuela y no el comienzo de injerencia militar norteamericana en Sudamérica.