El sábado 3 de enero por la madrugada, el mundo se despertó con la noticia de que Estados Unidos había atacado a Venezuela y capturado al mandatario bolivariano Nicolás Maduro. Esta acción que probablemente haya sido realizada con el conocimiento previo de otros actores y la complicidad de algunos militares venezolanos, nonecesariamente culminará con Corina Machado en la presidencia porque, como dijo alguna vez Henry Kissinger: “Ser enemigo de EE.UU. es peligroso, pero ser amigo es fatal”.
Casualmente, este ataque ha coincidido con dos aniversarios trágicos para la historia Argentina: el ataque estadounidense a las Islas Malvinas en 1831 y la agresión militar y ocupación de Gran Bretaña a las mismas en 1833.Como demuestran estos hechos históricos, la violación del derecho internacional que ocurrió en Caracas no fue la primera ni será la última. Más allá de las narrativas justificadoras a las que haya recurrido la potencia norteamericana,la acción militar estadounidense se trató de una reiteración de lo que el pensador griego Tucídedes ya lo alertaba en el Siglo V A.e.C.: “los más fuertes hacen todo lo que está en su poder y los débiles ceden”.
La mirada argentina. Nuestra derecha ilustrada tenía muy en claro cuáles eran los peligros para América Latina. Por un lado, Juan Bautista Alberdi alertaba que “la Doctrina Monroe es la expresión natural del egoísmo de los Estados Unidos”. Este choque de intereses quedó en evidencia durante la Conferencia Interamericana de 1889, como reseña José Paradiso, cuando el representante argentino afirmó que “la América para los americanos, quiere decir en romance: la América para los yanquís, que suponen estar destinados manifiestamente a dominar el todo el continente”. Asimismo, el intelectual argentino recuerda que el futuro presidente Roque Saénz Peña consideró que “EE.UU. no son muy dados a creer en la igualdad política de las naciones; consideran el principio de no intervención como una ficción decorativa del derecho internacional (…) [Éste] es sostenido en su posteridad contra Europa, pero el principio contrario se ejerce como derecho propio e indiscutido con relación a las repúblicas hispanoamericanas”.
Estas apreciaciones no eran ingenuas, respondían a un proyecto de país y a los intereses estratégicos que del mismo se derivaban: consolidar las fronteras y los mercados. Es por ello que la recurrencia al derecho internacional no fuera un signo de debilidad, sino de realismo político.
En este sentido Argentina no puede convalidar este ataque porque implica una clara violación del principio de no intervención; como, así, tampoco puede respaldar la disgregación de Ucrania y Somalia porque suponen una violación de otro principio clave para los intereses argentinos como es el de integridad territorial.
El libertarismo y el más allá. En el marco de una transición hegemónica entre China y Estados Unidos, este último país ha definido en su reciente National Security Strategy que tanto la potencia oriental ascendente como Rusia ya no son amenazas, sino competidores. En este contexto, Estados Unidos decidió una maniobra retrógrada sobre el continente americano para asegurar su zona de influencia, frente a la penetración económica que venían realizando sus adversarios, y para recuperar fuerzas, limitando su rol de gendarme en el mundo. Esta misma maniobra la han hecho Rusia en Ucrania y China, por ejemplo, en el caso del conflicto entre Camboya y Tailandia.
Por todo lo expuesto, las palabras que el presidente argentino Javier Milei pronunció en la LN+, calificando de narcotraficante al derrocado presidente y asociándolo con el gobierno español, son más que imprudentes. En efecto, esta postura ratifica lo que hemos expresado el año pasado, siguiendo a Gisela Pereyra Doval, que considera que—con algunas excepciones— lasafinidades ideológicas y no los intereses vitales y estratégicos definen las relacionesinterestatales de las Alt-Right.
En síntesis, el Corolario Trump, anunciado hace días, ya se había manifestado en nuestro continente con zanahorias —préstamos e injerencia—en estos últimos meses, llegandoayer la hora de los palos. EE.UU. siempre avisa en sus documentos y declaraciones, por tal motivo hay que leerlo con cuidado. Por ejemplo, hace tres años, la ex Jefa del Comando Sur, Laura Richardson sostuvo en un encuentro del Atlantic Council que América Latina es importante para EE.UU. por el Triángulo del Litio y por las “las reservas de petróleo” de Venezuela. Asimismo, agregó que “tenemosel 31 % del agua dulce del mundo” y a los pulmones del planeta. Por ello, la funcionaria —decía— debemos “empezar nuestro juego”.
Tal vez habría que leer en serio a Alberdiy a los autores realistas de las relaciones internacionales, y pensar en el desarrollo del país, en el territorio que está ocupado en el Sur y en la futura disputa por la Antártida, antes que realizarmanifestaciones vacuas de “amistad”, que como dijo Kissinger, pueden ser peligrosas.
*Profesor de “Defensa y Seguridad Internacional” (UBA)