El 26 de febrero de 1616, el cardenal Roberto Belarmino notificó formalmente a Galileo Galilei que debía abandonar cualquier defensa pública del heliocentrismo, la teoría que postulaba que la Tierra gira alrededor del Sol. La orden, respaldada por el papa Paulo V y el Santo Oficio, consideraba la doctrina de Nicolás Copérnico como “formalmente herética” si se sostenía como verdad física.
Si bien no fue arrestado en ese momento, quedó bajo prohibición de enseñar, publicar o defender la idea por cualquier medio.
Aquel se convirtió en la base legal que usaría la Inquisición para condenarlo por Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo.

Las observaciones que alteraron el orden cósmico
El conflicto tenía base empírica. En 1609, Galileo comenzó a usar un telescopio de fabricación propia con aumentos cercanos a 20x, notable para la época. En 1610 publicó Sidereus Nuncius, donde anunció el hallazgo de cuatro lunas orbitando Júpiter —Ío, Europa, Ganimedes y Calisto—, hoy conocidas como “satélites galileanos”.
Ese descubrimiento fue decisivo: demostraba que no todo giraba alrededor de la Tierra, como sostenía el modelo geocéntrico de Claudio Ptolomeo, vigente desde el siglo II. Galileo también observó las fases completas de Venus, fenómeno compatible con que el planeta orbitara el Sol, y describió montañas en la Luna, lo que desafiaba la idea aristotélica de cielos perfectos e inmutables.
Las pruebas no eran simples conjeturas matemáticas. Eran datos visibles. Ese fue el punto sensible: Galileo sostenía que el heliocentrismo no era solo una hipótesis útil para calcular órbitas, sino una descripción física real del cosmos.
El documento que anticipó la condena de 1633
La advertencia de 1616 quedó registrada por escrito. Galileo no fue encarcelado entonces, pero quedó bajo prohibición formal de defender el heliocentrismo. Ese resultó central cuando publicó, en 1632, Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo.
El libro obtuvo inicialmente autorización eclesiástica. Sin embargo, tras su circulación, fue denunciado ante la Inquisición. En 1633, el tribunal sostuvo que Galileo había desobedecido la orden previa. Fue juzgado por “vehemente sospecha de herejía”, obligado a abjurar públicamente y condenado a arresto domiciliario perpetuo.
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Tenía 69 años. Pasó sus últimos años en su casa de Arcetri, cerca de Florencia. Allí, pese a la vigilancia, escribió Discursos y demostraciones matemáticas en torno a dos nuevas ciencias (1638), obra para la física moderna, publicada en los Países Bajos.
MV