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CIENCIA / cambio climatico
domingo 17 noviembre, 2019

Investigadores buscan reducir el metano que emiten las vacas

Científicos del INTA estudian cómo mitigar el impacto de la ganadería en el ambiente. Las ideas van desde cambios en la alimentación de los bovinos hasta la selección genética.

por Cecilia Farré

Camaras. En el INTA Balcarce se realizan mediciones del gas metano que liberan las vacas. Se hacen en cámaras de respiración. Foto: gza. inta

La agricultura, la ganadería, la explotación de bosques y otros usos de la tierra contribuyen al cambio climático generando, en la Argentina, el 39,2% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). De ese sector, la producción bovina es la responsable del 19%, según el último Inventario Nacional de GEI. Es por eso que científicos estudian la manera de reducir el metano que emiten las vacas a través de los eructos.

“La primera opción es mejorar los índices de la ganadería a nivel país porque los rumiantes emiten metano por su mecanismo de alimentación. Si uno tiene animales poco productivos están emitiendo sin producir nada”, indica Miguel Taboada, investigador del Conicet y uno de los autores del informe El cambio climático y la tierra del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) que se dio a conocer hace unos meses. Aunque advierte que esta perspectiva es eficientista, agrega que “estamos en un promedio del 60% del índice de preñez y destete, que es muy bajo”.

Para Taboada, el otro factor que hay que mejorar es la nutrición de las vacas, “porque cuanto menos proteína o menor digestibilidad tenga el alimento, más metano se emite. Una alimentación de pastos duros muy cargada de celulosa y lignina y con poca proteína tiende a emitir mucho metano”.

En este sentido, María Isabel Nieto, investigadora de la Estación Experimental Agropecuaria Catamarca del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), realizó un estudio en treinta explotaciones en San Luis para analizar la relación entre las emisiones y las prácticas de manejo de la región semiárida del país.

“La simulación arrojó resultados muy significativos sobre cómo disminuyen las emisiones con cambios muy sencillos, como armar potreros y hacer pastoreos rotativos para tener mejores pasturas, mejorar la nutrición del animal, reordenar el rodeo y aplicar las vacunas para que el animal esté sano”, afirma la ingeniera.

Los resultados de la investigación a cargo de Nieto, en base a las emisiones de kilo de dióxido de carbono por peso vivo, indicaron que el cambio de la productividad animal de baja a moderada puede reducir la intensidad de la emisión en un 37%. Además, otros modelos indicaron que con un buen control del manejo del ganado se emite un 30% menos que en aquellos que carecen de él; que el sistema rotativo de pastoreo disminuye un 28% las emisiones y que la asistencia técnica aporta un 24% menos en comparación con las explotaciones que no la tienen. “Estas prácticas –agrega Nieto– no solo disminuyen las emisiones sino que aumentan las ganancias en carne”.

Desde la Estación Experimental Agropecuaria de INTA Manfredi, en Córdoba, el ingeniero agrónomo e investigador del área de producción animal Jorge Martínez Ferrer trabaja en el desarrollo de suplementos con aceites esenciales de las especies nativas poleo y suico para intentar disminuir el metano. Como en el país no estaba el equipamiento necesario, el año pasado en Australia observaron in vitro, bajo un método de alimentación continua durante 21 días en una especie de “rumen de vidrio”, que con estos aditivos se pudo reducir el metano en un 80% sin bajar la digestión del animal.

“No es un trabajo hecho con animales y es un paso que nos falta dar”, advierte el investigador, que espera poder concretarlo en el otoño de 2020 en las cámaras de respiración con que cuenta el INTA en Balcarce. Estas cámaras son cuartos vidriados donde el animal está encerrado entre dos o tres días y es alimentado para poder medir los gases que se concentran en forma diaria. “Es el método más robusto para tener estimaciones de las emisiones por parte del animal. La limitante es que se puede trabajar con pocos animales y no es un ambiente natural”, explica. “La hipótesis es que con estos suplementos va a bajar el metano, aunque no creo que en esa magnitud del 80%”, aclara Martínez Ferrer.

Investigadores del INTA de Balcarce y de Santiago del Estero también trabajan con el mismo objetivo pero con suplementos en base a propóleos y con compuestos secundarios de plantas como hojas, frutos y semillas, respectivamente. Años atrás un proyecto intentó capturar gases del aparato digestivo de las vacas a través de unas mochilas para generar energía, pero no prosperó.

En el mundo también se está avanzando con la selección genética de animales que emiten menos y discriminar los que tienen mayor consumo residual. “Con la misma dieta y raza o genética similar, hay animales que necesitan más alimento para igual cantidad de producto porque son más ineficientes”. Para la selección es necesario contar con comederos individuales que midan el consumo de cada animal durante setenta u ochenta días. Martínez Ferrer adelanta: “es posible que dentro de un par de años tengamos en el país datos de animales discriminados por consumo residual”.

 

Producción sostenible

“Argentina tiene una posibilidad enorme de mitigar el cambio climático a través de una ganadería de pastoreo manejada en forma sostenible”, asegura Miguel Taboada, director del Instituto de Suelos del INTA. “Una ganadería de pastoreo –explica– que complemente pastos con leguminosas como alfalfa y tréboles con proteínas no es una alimentación que emita mucho y aumenta la captura de carbono en los suelos a través de la absorción de gases de la atmósfera”.

En la misma dirección, el investigador del INTA Manfredi Jorge Martínez Ferrer apunta: “Lo que es un déficit importante en Argentina es la captura de carbono. que es la que hace el balance de los gases. Los animales emiten porque se alimentan y eructan, pero los forrajes captan dióxido de carbono. En general estamos muy preocupados por las emisiones de metano, dióxido de carbono y nitroso a través de la orina de animales en sistemas pastoriles, pero está faltando recurso humano y equipamiento para generar datos de captura de carbono en distintos sistemas”.


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