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Acuerdo republicano 2015

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Luego de 12 años de gobierno kirchnerista, surge la posibilidad cierta, concreta y real de que un Acuerdo Republicano conformado por el PRO, la UCR, y la Coalición Cívica, pueda ser competitivo en las elecciones y encausar una enorme vocación de cambio que tiene la sociedad argentina.
Recordemos las marchas de 2012 y 2013; una espontánea y creciente serie de reclamos habían pasado de las solitarias expresiones de indignación en redes sociales y vida cotidiana a contundentes manifestaciones que buscaban expresar un límite al espacio oficialista nacional, que se ha ido radicalizando en su concepción populista.
Llegadas las elecciones de 2013, en distintas opciones políticas, el voto ratificó la demostración de que el conjunto de la ciudadanía no estaba dispuesto a tolerar para siempre la lógica amigo-enemigo que ha buscado imponer el kirchnerismo.
Pero con las distintas expresiones parlamentarias surgidas del 2013 no era suficiente: el reclamo en las calles era cotidiano: “únanse. Cambiemos”.
Bajo ese palpable mandato popular, distintos miembros de las fuerzas políticas de la constelación PRO, como de la Coalición Cívica y del radicalismo, comenzamos conversaciones exploratorias. A poco de transitar juntos esos caminos de diálogo hemos visto que existen semejanzas.
En nueve de cada diez votaciones en el Parlamento Nacional coincidíamos. Coincidimos también en la práctica política del diálogo en el distrito Ciudad que es el que toca gobernar al PRO. Las leyes salen por consenso, el sistema político funciona por encima de la lógica bélica.
El radicalismo ha dado un gran paso y una muestra de debate interno que las otras fuerzas políticas que integramos el acuerdo republicano en gestación para 2015 también tuvimos. ¿Qué hacer, seguir fragmentados y permitir que se perpetúe un modelo con evidentes síntomas de no interpretar las mayorías electorales? ¿O correr el riesgo de conocernos, llegar a acuerdos programáticos y buscar gobernar la Nación para ser el canal de los cambios que la población reclama?
La respuesta es clara, y a juzgar por los enojos oficialistas, es a la vez eficaz. Es el tiempo político de una alternativa, y esa opción no puede pensarse desde la mirada que concibe al otro como un extraño al que mirar con prejuicio, sino, por el contrario, como la expresión de una búsqueda fértil de verdades comunes a las partes, que se guían por la buena fe y el entusiasmo de cambiar la Patria.
Como demócrata progresista y como parte de la constelación a la que me refería anteriormente, estoy convencido del desafío que decisiones de esta magnitud conllevan y es en este sentido que, en la Ciudad de Buenos Aires, el próximo 16 de mayo el Congreso del PDP se reunirá para ratificar lo resuelto por la Junta Nacional Partidaria, lo que significa ni más ni menos que apostar por esa opción superadora de partidos políticos con valores y convicciones que hoy lidera Mauricio Macri. Se trata entonces de compartir la esencia de aquello que nos demanda un cambio.
En un sistema democrático, los procesos de selección de los candidatos constituyen uno de los momentos más significativos de la vida partidaria. Cada política y cada medida en pos del fortalecimiento de nuestra joven y tan manipulada democracia debe ser bienvenida.
PRO, PDP y UCR son algunos de los que hasta hoy han echado luz, y han demostrado que la democracia intrapartido existe, compartiendo ante todo un valor primordial, el cambio, es esta la dirección en la que hoy ha logrado avanzar la Argentina, sin que ello signifique perder la identidad.
Ahora quienes aspiramos a encontrar ese otro camino, debemos presentar nuestras propuestas a la sociedad, y someternos a su designio: si hemos interpretado bien su deseo, 2015 es el momento para poner en concreto la voluntad de un país republicano, próspero y pensado bajo la consigna de unir argentinos siempre conscientes de que mientras las cosas que nos unan sean más grandes que las que nos separan, todo marchará bien.
Lo mejor que tiene un sistema político es que la sociedad tenga alternativas, opciones, y que la clase dirigente tenga una alternancia, con identidades distintivas.

*Legislador de la Ciudad de Buenos Aires (PRO).

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