26 nov 2020
COLUMNISTAS |EL MENSAJE DE LA VICE iii
sábado 31 octubre, 2020

Algo de Serendipia

Máximo Paz*

Estilo. Oscila entre la efeméride, el revisionismo histórico y la auto-justificación. Foto: cedoc

Era el año 1990 y el autor norteamericano Paul Auster, publicaba su magnífico libro La Música del Azar. El texto tenía la belleza de lo simple: después de heredar una suma de dinero considerable, Jim deja atrás la ciudad de Boston y emprende un viaje sin destino concreto. Luego de un tiempo en la soledad del camino conoce a Jack, un joven jugador profesional de póquer. Agobiados por la falta de dinero, Jack y Jim, pierden una importante partida y endeudados, son obligados a construir un muro de piedra. Lo peor: nadie les dice para qué sirve, ni cuándo van a terminar. Un desconocimiento que sumerge a los protagonistas en el vacío y la desesperanza.

La metáfora de Auster alude a los extraños caminos del alma y de las decisiones personales que afectan el porvenir. En su libro, el autor refería a dos individuos solitarios. En nuestro caso, más de 44 millones de argentinos navegamos las tumultuosas aguas de un juego político que se aleja del “gambito de dama” y está más cerca de un muro insólito de caprichos y necesidades personales.

Con premeditada paciencia, la vicepresidenta Cristina Fernández comenzó a diseccionar la heterodoxa composición del Frente de Todos y ladrillo a ladrillo, construyó el muro de una situación imposible. El público observa atónito, una suerte de sitcom con distintas escenas:  el proyecto de reforma judicial;  las tensiones internas de la coalición kirchnerista, la ocupación de más de 1800 terrenos privados en la Provincia de Buenos Aires. El mercado respondió en silencio, con una  brecha cambiaria mayor al 100% y el inevitable éxodo de las inversiones a otras tierras. Y cuando ella se sintió algo conforme con la incertidumbre instalada, hizo lo mismo que Martín Lutero el 31 de octubre de 1517 al colgar en ese muro que todos vemos, sus 95 tesis, la carta para el otro Fernández. 

A tres días de su publicación, queda poco por analizar de la –no tan- insólita misiva. Se trata de un laberinto entreverado que ofrece múltiples hipótesis con diferente nivel de comprobación. Un manifiesto que ha sido discutido por numerosos analistas en las últimas 72 horas. Hoy proponemos al lector un enfoque distinto. Una exploración de la estructura no evidente, la ausente: una mirada semiótica del texto.

El contenido está redactado con un estilo muy correcto, cuidado; y parece haber sido escrito por ella. Al menos en su primer versión. De hecho, la vicepresidenta es una persona con buenas habilidades oratorias. De corte dogmático, la declaración va oscilando entre la efeméride, el revisionismo histórico y la auto-justificación. Las motivaciones políticas son obvias. Su título anticipa la combinación: “sentimientos y certezas”. Sorprende al lector la ausencia de la palabra “razones”. 

La estructura del contenido está muy organizada.  Tres bloques compactos de ideas, que incluyen conjuntos de sustantivos propios y comunes muy relevantes: Macri, desastre, derrumbe, rencorosa, inaceptable, dólar, bimonetaria. Hacia el final de cada segmento cambia el formato de letra a bastardilla; hacia un tono más directo, intimista, tuteador. Como si quisiera remarcar algunas ideas al núcleo duro: “Que nadie te quiera convencer de lo contrario. Si alguien intentara hacerlo, preguntale que intereses lo o la mueven”, dice.

En términos retóricos, distintas falacias (ad hominem, ad populum, ad verecundian), atraviesan el escrito y lo dotan de una potencia que alcanza su clímax hacia la tercer idea: “Argentina es ese extraño lugar en donde mueren todas las teorías”.  Si Argentina tiene su propia dinámica “extraña”, entonces los acontecimientos tienen una existencia per ser cuyo efecto es inevitable. Nuevamente la anómala semejanza con Lutero, y la idea de la predestinación.

Frente a tal pieza narrativa, que de alguna forma nos describe como sociedad, solo queda pedir algo de serendipia. Tal vez es también la íntima apuesta del otro Fernández, que es Alberto. Dejo al lector el juego de buscar el significado del término y de asumirlo como la única salida frente al insólito muro que nos abarca, y que es cada vez más alto.

*Decano. Fac. de Ciencias de la Educación y de la Comunicación Social (USAL).


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