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COLUMNISTAS / ResultadoS desoladores
sábado 8 diciembre, 2018

Aversión al último lugar

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por Artemio López

. Foto: Cedoc Perfil

Una de las cuestiones que desvelan a los opositores es, ante el desastre en materia socioeconómica, por qué no se observa mayor “reacción social”. La pregunta es pertinente. Los resultados del macriato son desoladores. Como enumera el economista Esteban Guarino, solo este año 2018
1-Salarios cierran 13% abajo de la inflación
2-Estatales y comercio caen 13-16%
3-Jubilados pierden $ 8.000 (fórmula)
4-Si pagan con harina, salario cae 60%
5-Si pagan con fideos, 45% abajo
6-Aceite, pan y arroz, 30% abajo
7-Canasta Básica, 20% abajo
8-Pobreza: 48% de los niños
El análisis de la ausencia de respuesta popular cobró inesperada fuerza con los recientes acontecimientos observados en Francia, donde la resistencia a Macron ha tomado un impulso notable. Parte de la dirigencia utiliza la reacción en Francia para contrastar con la supuesta “pasividad” del pueblo argentino.
Además de extemporánea esta comparación, de ser posible (no lo es), habla pésimo de ellos mismos, ¿o se suponen iluminados y sin implicación alguna con la supuesta parálisis popular?
Dejando de lado la torpe descalificación, intentemos aproximar una mirada sobre los déficits del discurso opositor para lograr efectos de escucha frente al desastre de Cambiemos.
La oposición normalmente despliega un discurso de fuerte corte economicista donde explica lo mal que estamos y lo horrible que vamos a estar Es evidente que con este discurso se suman aciertos diagnósticos, pero no tantas escuchas. Desconoce este catastrofismo economicista la denominada “aversión al último lugar” que habitualmente no condujo a los sectores populares ni a un mayor apoyo para la redistribución y tampoco a criticar las políticas excluyentes.
Peor aún, hay muchas investigaciones que sugieren que el efecto podría ser en la dirección opuesta por varias razones. Christopher Hoy estudiante de doctorado en sociología en la Universidad Nacional de Australia advierte: “Los estudios controlados han demostrado que la “aversión al último lugar” puede existir, porque las personas relativamente pobres lo refieren cuando hay personas que son más pobres que ellos”.
 “Existe un ‘sesgo medio’: las personas piensan de manera desproporcionada que pertenecen a la mitad de la distribución del ingreso”.
El gráfico que acompaña la columna muestra en distintos países en qué lugar de la escala de distribución del ingreso nacional colocaron los encuestados a su hogar. Las personas tienden a pensar que están en medio de la distribución del ingreso, independientemente de si son ricos o pobres. Solo entre el 15-22% de los encuestados estimaron correctamente el quintil de su hogar en la distribución del ingreso nacional y la correlación entre la posición real y la percibida varía de 0,16 a 0,26.
Sorprendentemente, decirles a las personas pobres que son más pobres de lo que pensaban solo logra que les preocupe menos la brecha entre los ricos y los pobres en su país.
No parece ser entonces este el mejor camino la sobreabundancia de diagnósticos catastróficos para captar audiencias opositoras en especial de sectores populares.
Nadie admite ser tan pobre como los diagnósticos lo estratifican y cuando efectivamente se sufren carencias la “aversión al último lugar” parece dominar las percepciones y las aspiraciones individuales y familiares, instalando gran opacidad sobre el lugar correcto que se ocupa en la pirámide social, siempre clara para el discurso economicista.
Obviamente se necesita más evidencia para comprender cómo las percepciones de las personas en general y las más pobres en particular sobre su posición relativa en la escala de distribución del ingreso nacional afectan su apoyo a la redistribución y su crítica a las políticas excluyentes y luego su práctica electoral.
A la luz de estos análisis con base empírica, la denominada “pasividad social” que surge del relato economicista resulta más un efecto estructural de la apelación catastrófica misma del discurso opositor que de un déficit en la respuesta de los sectores populares.
Como señala Baruch Espinoza, no es hora de reír ni de llorar; es tiempo de comprender. Aunque moleste.

*Director de Consultora Equis.


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