En una vernissage reciente fueron contabilizados dos bebés de andar incierto, un bebé de canasto y tres embarazadas enfáticas. En un país tan poco dado a la reproducción como la Argentina (a diferencia de Brasil, por ejemplo, donde los memoriosos saben que en el curso de una vida no demasiado longeva la población se cuatriplicó), la coincidencia llamaba poderosamente la atención.
Leo en las páginas de noticias que Nicole Neumann, Sofía Gala, Anita Martínez, Dolores Fonzi, Carola del Bianco, Gianinna Maradona, Wanda Nara y Agustina Cherri atraviesan también la dulce espera. Si se confirmara el rumor a propósito de la última, se estaría gestando el más joven retoño de la familia Pauls (el donante de ADN es Gastón, en este caso), ya muy parecida a los Buendía.
El País de Madrid acaba de anunciar que otra argentina célebre, la princesa Máxima de Holanda anda ya por su tercer encargo (en este caso la explicación es fácil, porque siendo niñas las dos anteriores, la casa de Orange debe de necesitar un heredero con urgencia).
Según el horóscopo chino, el año de la rata se caracteriza por la multiplicación de pariciones. El animalito, que rige en 2008, garantiza a quien nace valor, determinación, inteligencia y especial aptitud para los negocios, además de laboriosidad y facilidad para el pensamiento estratégico.
Ignoro si las consideraciones zodiacales integran el conjunto de supersticiones que últimamente han inclinado a tantas argentinas hacia la reproducción (¿habrá estadísticas confiables al respecto, o todo será sólo una impresión?), pero conviene tener esos datos en cuenta, por si acaso.
Hace unos años, me contaban que en Alemania había un baby boom, motivado por la constatación de que en veinte años no habría ya más “alemanes puros” para ocupar los más importantes cargos políticos. Un baby boom algo racista, en ese caso.
¿De qué signo será el nuestro, si es que efectivamente se verifica? En todo caso, una oleada de nacimientos y embarazos podría entenderse como una señal de optimismo sobre los tiempos que vendrán (así fue interpretado el baby boom posbélico entre 1946 y 1964) o como la reacción (el caso alemán) ante la inminencia de una catástrofe imaginaria.
Confieso que me gustan los bebés y la mapaternidad me conmueve. Aunque las sociedades dominadas por el hormigueo humano me desconciertan y me llenan de preocupación sobre el futuro del planeta, Argentina no ha alcanzado el punto de saturación. Miro con simpatía el supuesto fenómeno, para ver qué nos dice sobre el modo en que imaginamos el futuro.
Baby Boom
En una vernissage reciente fueron contabilizados dos bebés de andar incierto, un bebé de canasto y tres embarazadas enfáticas. En un país tan poco dado a la reproducción como la Argentina (a diferencia de Brasil, por ejemplo, donde los memoriosos saben que en el curso de una vida no demasiado longeva la población se cuatriplicó), la coincidencia llamaba poderosamente la atención.