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El ultraderechista Jair Bolsonaro ganó con un 55,21% de los votos frente al 44,79% de Fernando Haddad. Fueron los comicios con mayor porcentaje de votos en blanco y nulos desde 1989. Sumados a las abstenciones, casi un tercio de la población no participó de una de las elecciones más polarizadas de la historia brasileña.

La circulación de fake news a través de WhatsApp durante la campaña alcanzó proporciones inusitadas. Jair Bolsonaro fue acusado de beneficiarse de una campaña financiada por empresarios brasileños para bombardear a usuarios de WhatsApp con noticias falsas y mentiras sobre Haddad, en una maniobra claramente ilegal, dado que constituye una donación no declarada para la campaña e involucra la manipulación de miles de votantes.

Durante las elecciones, un elector digitó su voto y confirmó el número de su candidato: 17, Bolsonaro. Llevaba un arma mientras lo hacía. Filmó su acción y la subió a las redes sociales.

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El día después de las elecciones, una partidaria de Bolsonaro creó un canal en internet para recibir denuncias sobre aquellos profesores que en las aulas manifestaran sus puntos de vista ideológicos. Recomendar la lectura de Graciliano Ramos –un escritor canónico de la década de 1930, comunista–, por ejemplo, puede considerarse “propaganda ideológica”.

Moa do Katendê fue un compositor y maestro de capoeira, uno de los principales nombres del medio artístico de Bahía. Varias de sus composiciones fueron grabadas por artistas como Caetano Veloso o Clara Nunes. A los pocos días de las elecciones, fue asesinado a cuchillazos por un seguidor de Bolsonaro, luego de una discusión política en la que Moa do Katendê defendió su voto a Haddad. Moa era el “Badauê” de la canción de Caetano de Cinema transcendental, de 1979: “Misteriosamente/ o Badauê surgiu./ Sua expressão cultural/ o povo aplaudiu”.

Las violencias de género, ideológica y racial se hicieron cada vez más fuertes y evidentes. Se realizaron actos de vandalismo en la biblioteca de la Universidad de Brasilia, donde un grupo de personas rompió y rasgó libros sobre derechos humanos. Y en el subterráneo, en la vía pública, en diversos lugares de las ciudades, arrecian los insultos violentos contra la comunidad LGBTQX.

Después de la primera vuelta de las elecciones, cuando Bolsonaro obtuvo el 46% de los votos frente al 29,28% de Haddad, gran parte del electorado femenino –mayoritariamente en contra de Bolsonaro– reaccionó por medio de la creación de la página Mujeres contra Bolsonaro en Facebook. El grupo lanzó el hashtag #EleNão, y organizó inmensas manifestaciones de protesta en Brasil y en el mundo: el 29 de septiembre se desplegó la mayor concentración popular durante la campaña.

“El no”, “El nunca” se convirtieron en tendencia en Instagram, Facebook y Twitter: la lucha se identificó como una pelea contra la misoginia, la homofobia, el racismo y el fascismo; en síntesis, contra el patriarcado.

Poco tiempo después de asumir, emergieron a la luz varias evidencias de las alianzas de Bolsonaro y su familia con milicias mafiosas. Entre otras investigaciones por casos de corrupción, se descubrió que Flávio Bolsonaro, uno de sus hijos, había contratado en el gobierno a la esposa y a la madre de un miembro de la milicia acusado por la muerte de Marielle Franco.

A pocos días de revelarse esta investigación, Jean Wyllys, el diputado gay que había ganado en las elecciones legislativas por tercera vez consecutiva, renunció a su banca y decidió exiliarse del país. Wyllys venía recibiendo amenazas desde aun antes del asesinato de Marielle Franco, su compañera en la bancada del PSOL, por lo que estaba recibiendo protección permanente del Estado. Ese Estado, ahora, pasó a estar en manos de sus enemigos políticos. Entre las razones para exiliarse, Wyllys expuso que no lo hacía simplemente porque Bolsonaro hubiera asumido la presidencia, y agregó: “No fue su elección en sí. Fue el nivel de violencia que aumentó después de su elección. Para dar una idea, arrancaron el corazón de un travesti hace pocos días. Ese tipo [el asesino] puso una imagen de una santa en su lugar”.

Wyllys denunció el crecimiento de la violencia contra los LGBTQX en Brasil y subrayó que, por el futuro de la causa, “necesito seguir vivo”: “Me asusta saber que el hijo del presidente contrató en su gabinete a la esposa y la madre del sicario. El presidente que siempre me difamó, que siempre me insultó de manera abierta, que siempre usó la homofobia contra mí. Este ambiente no es seguro para mí” (Barros, 2019).

En Twitter, se despidió con las siguientes palabras: “Preservar a vida ameaçada é também uma estratégia da luta por dias melhores. Fizemos muito pelo bem comum. E faremos muito mais quando chegar o novo tempo, não importa que façamos por outros meios! Obrigado a todas e todos vocês, de todo coração. Axé!” (“Preservar la vida amenazada es también una estrategia de lucha por días mejores. Hicimos mucho por el bien común. ¡Y haremos mucho más cuando llegue el nuevo tiempo, no importa que lo hagamos por otros medios! Gracias a todas y todos, de todo corazón. ¡Axé!”). Jair Bolsonaro celebró en la misma red el exilio de Wyllys.

Al poco tiempo, David Miranda, también militante gay, anunció que sucedería a Wyllys en la Cámara de Diputados, y respondió el tuit de Bolsonaro: “Respeite o Jean, Jair, e segura sua empolgação. Sai um LGBT (sic) mas entra outro, e que vem do Jacarezinho. Outro que em 2 anos aprovou mais projetos que você em 28. Nos vemos em Brasília” (Respetá a Jean, Jair, y controlá tu entusiasmo. Sale un LGBT (sic) pero entra otro, y que viene del Jacarezinho [una de las favelas más grandes de Río de Janeiro]. Otro que en dos años aprobó más proyectos que vos en 28. Nos vemos en Brasilia”).

*Autora de Brasil caníbal, editorial Paidós (fragmento).