COLUMNISTAS
ya era ex, pero sobrevivio

Boudou volvió de la muerte

El ministro de Economía resurgió gracias al canje y con él todo el Gobierno recuperó el protagonismo. La oposición, perdida.

Robertogarcia150
|

Hace treinta o cuarenta días apenas, Amado Boudou languidecía al borde del barranco, escuchaba el nombre de sus sucedáneos y maldecía apellidos de quienes le reprochaban incapacidad en la elaboración del primer DNU por las reservas (entre otras faltas). Su incapacidad, sin embargo, provenía de no poder horadar a quienes lo cuestionaban desde la misma Secretaría General de la Presidencia, esos que no deseaban compartir responsabilidades en aquel decreto de diciembre pasado. Para todos, el ministro era un plazo fijo. Por entonces, una colega de gestión –aunque no del grupo de jóvenes turcos que él había integrado con Massa y Bossio–, Mercedes Marcó del Pont, también lamía heridas debido a su ortopédico acceso al frente del Banco Central y, tan modosa como humilde, fatigaba micrófonos para rogarle al Congreso que la dejaran hablar, que atendieran sus razones de vida para aceptar el cargo y hasta prometía su renuncia al instituto si sus palabras no satisfacían al Senado. Como si esto no fuera lo que correspondía.

Sin que nada ocurriese, ni un terremoto siquiera, de pronto el ministro Boudou salió de la depresión, ganó afectos y simpatía, esta semana se volvió una exitosa estrella del rock –su mayor sueño, por otra parte–, de ángel caído pasó a ser depredador de opositores. Y la inicial modestia de Marcó del Pont, quien hasta había apelado a la ayuda del Grupo Clarín para permanecer en el cargo –lo que, obviamente, en el círculo oficialista debe considerarse pecado capital–, se transformó en un bombardeo altanero contra quienes objetaron no tanto su ascenso sino su obediente decisión de avalar y cumplir el doble decreto de la señora Cristina sobre las reservas. Igual que Boudou, en menos de treinta días subió del subsuelo al piso noventa, sin escalas, hasta con el mareo de quien –si es necesario– puede ser objeto de estudio como candidata a elegir en la Capital Federal. Flor de un día, claro, aunque en ese volátil territorio porteño –como se sabe– los ascensos vertiginosos suelen ser acompañados con los votos.

Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Hoy más que nunca Suscribite

La repentina recuperación de ambos, ese aprovechamiento, surge como contracara de una oposición que se embarró en una discusión devenida abstracta (uso y abuso de las reservas) o en la validez de los decretos de emergencia. Más el saldo de un debate convencional y primario en el Senado –casi de programa de TV por cable– con el radical Gerardo Morales, hombre que habla de economía como si supiera y, lo peor del caso, se dejó arrasar en su propio dominio político por un ministro advenedizo. Naturalmente, los dos hablando del pasado, en lo único que le place confrontar al oficialismo, con un Morales admitiendo errores de su partido por intentar reducir hace décadas el sueldo de los jubilados, casi reclamando para sí un castigo ejemplar por ese acto, sin preguntarse si Boudou no exigía lo mismo desde su cátedra liberal, ni recordando el detalle de que, cuando le tocó como gobernador, el ahorrativo Néstor Kirchner determinó sanear la economía de su provincia rebajándole el salario a toda la administración pública. Si Boudou es un peso pluma, la candidez de Morales lo convierte en mosquito.

Pertenece Morales a ese bloque opositor que hace treinta o cuarenta días alertaba relamiéndose un cambio de la historia con la aprobación de diez leyes fundamentales, todas con un solo punto, y en contra de la voluntad oficial (Presupuesto, reservas, impuesto al cheque, Consejo de la Magistratura, entre otras). Esa posibilidad alarmaba al kirchnerismo. Hoy, divididos por su propia intransigencia interna, por el afán de figuración o el interés de tocar un tesoro a descubrirse el año próximo o, lo más cierto, por el rédito personal que supone negociar con el oficialismo de la caja, esos opositores parece que no se juntan ni para imponer el cambio de horario en la peluquería de la casa o consagrar un día celebratorio a favor de las achuras, ya que el asado lo tiene.

Esta alteración en un mes y pico también se observó en el Gobierno: antes hablaban de que pretendían echarlos, destituirlos, ponerlos presos por corruptos, ahora hacen cálculos de nuevo para quedarse por tiempo ilimitado.

Ya celebran el Mundial, la aparición de otro medio gratuito para difuminar la información, de la nueva televisión alternativa (como si fuera una FM radial) con conversores a obsequiar por millones y, en consecuencia, hacer que la gente discuta sobre la dieta de la Luna o la caída del cabello. Nunca sobre la inflación. Por si falta algo, ciertos canales privados multiplicarán este mensaje anodino y añadirán programas a favor del Gobierno con personal del propio Gobierno.

Antes, en la desesperación oficialista se improvisaba sobre la conveniencia o no del anticipo de las elecciones para marzo y hasta de eventuales candidatos muletos (Daniel Scioli) debido a que los Kirchner eran irrecuperables para el futuro en las urnas. De pronto, sin embargo, recientes encuestas le abren perspectivas al matrimonio, Néstor saca pecho y besa la medallita para el año 2011. Hasta hace un mes, trascendían candidatos a desertar del kirchnerismo, oriundos legisladores de provincias castigadas o a castigar, ansiosos de un mejor trato en la coparticipación. Ahora, al revés, la lista de incorporados al oficialismo es extensa, y ni disimulan su tránsito de una pista a la otra, vigencia absoluta del manual del tránsfuga.

Si hasta Aníbal Fernández ha vuelto a desafiar al que sea con frases hirientes y prestadas, mientras su colega Florencio Randazzo predica como si dispusiera de las mismas habilidades oratorias que el rabino Bergman. Esta racha de suerte ha ocurrido abruptamente en un mes, en cuarenta días.

Luego del primer trimestre lúgubre, sin que mediara un tsunami u otro episodio catalizador, quizá por el simple tránsito del tiempo y casi como si se pasara de una estación a otra, del calor al frío, se modificó el cuadro político. La ganadora oposición, que iba por todo (o se permitía el lujo presunto de decir que no deseaba presionar para evitar que se cayera Cristina), ahora miente en su mayor logro sobre el Gobierno: dice que incorporó el tema fiscal, el de las provincias, como imprescindible asunto de la agenda. Lo cierto es que el impuesto no sale ni con la antigüedad de los fórceps. Se han vuelto graciosos en sus argumentos estos vencedores morales, no entendieron su propia fuerza, menos el destino a recorrer, y la realidad es que la oposición no vuelve inestable o desconcertante al Gobierno. Para éste, ese peligro se origina en su propio veneno: sea la defenestración obligada del juez Faggionato Márquez o el procesamiento escandaloso y la eventual prisión de un personaje como Ricardo Jaime.

Alguna vez, esos entuertos fueron denunciados por Hugo Moyano –no habrá que explicar sus intereses en la actividad del transporte–, aunque después se llamó a silencio cuando le incorporaron a un gremialista propio al lado de Jaime.

Ahora habrá que ver si el silencio de Jaime cuesta lo mismo que el de Moyano.

También habrá que ver cuál de las dos ilusiones ópticas ofrece más duración: la que rigió entre enero y febrero o esta nueva, inesperada, que cree gozar el kirchnerismo.