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COLUMNISTAS / libros
sábado 10 noviembre, 2018

Cervantes y su precursora (apuntes)

En libros extensos, ¿es necesario sustraer, o restituir lo sustraído? Si uno ama los libros que apuestan al exceso y propenden a lo informe o a la deformidad propia del desborde (aunque al mismo tiempo admire las obras de prodigiosa arquitectura), la respuesta obvia debería ser: dejar los textos donde están, no quitarlos.

por Daniel Guebel

Con Don Quijote, Cervantes inventa la pasión por la lectura como signo revolucionario de insatisfacción frente a las limitaciones de la realidad española. Foto: Captura

En libros extensos, ¿es necesario sustraer, o restituir lo sustraído? Si uno ama los libros que apuestan al exceso y propenden a lo informe o a la deformidad propia del desborde (aunque al mismo tiempo admire las obras de prodigiosa arquitectura), la respuesta obvia debería ser: dejar los textos donde están, no quitarlos. Sin embargo, siempre me exasperaron las novelas adventicias colocadas en el curso de Don Quijote, que a mi gusto distraen la atención del lector, salvo cuando el dúo dinámico interviene para opinar, preguntar, interferir en la narración. Pasadas las centurias y la transformación de esa novela accidentada en figuración de un país, una lengua y una literatura, resulta impensable expurgarla, pero no leerla salteada.

Siempre me exasperaron las novelas adventicias colocadas en el curso de Don Quijote, que a mi gusto distraen la atención del lector

Con Don Quijote, Cervantes inventa la pasión por la lectura como signo revolucionario de insatisfacción frente a las limitaciones de la “realidad” española. Aunque su revolución proponga el regreso a géneros literarios caducos, esta utopía podría considerarse reaccionaria solo si se leyera en términos políticos. Literariamente, no hay progreso sino deriva, y la vanguardia es una poética que busca menos la ampliación del mercado que la indagación de los confines. Don Quijote es un personaje fuerte, tal vez el más fuerte, y su concepción marcará la de muchos otros (Madame Bovary, Julian Sorel, etcétera), al punto de que podríamos pensar toda la literatura occidental como el efecto de una voluntad donde los textos deben suplir y obrar sobre lo real, transformándolo. Tlön, Uqbar, Orbis Tertius es otra versión posible de este asunto, solo que en este caso la literatura ya es enciclopedia, saber y amenaza.

Las novelas adventicias del libro de Cervantes revelan una experiencia de lectura y relato oriental

A la vez, las novelas adventicias del libro de Cervantes revelan una experiencia de lectura y relato oriental. Las mil y una noches son la matriz donde se concibe esa novela. Solo que, una vez nacido, el hijo se raja para otros rumbos. El cuento de Don Quijote refiere la transformación barroca del mundo como burla para engañar a un loco que advierte el engaño y se va volviendo cuerdo. Las mil y una noches, en cambio, gozan del mundo tal como es, una perpetua creación vulgar y maravillosa. Y Sherezade es menos un personaje que el surco donde la narración se vuelve infinita. Ella encarna la leyenda de una diosa que no morirá mientras siga hablando, la encantadora de serpientes fálicas y de hombres idiotas.


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