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jueves 21 noviembre, 2019

Y quién manda acá: ¿Alberto o Cristina?

Es que se trata de una pareja muy particular: el presidente electo debe, literalmente, ese rol a su vicepresidenta electa, que fue quien lo ungió al frente de la fórmula hace apenas seis meses.

por Ceferino Reato

Alberto Fernández y Cristina Kirchner Foto: Cedoc

"Chi comanda é solo", el que manda está solo, es una de las más famosas frases de Sergio Marchionne, el empresario italiano fallecido el año pasado que quedó en la historia por su gestión espectacular al frente de la Fiat.

Solo en una doble acepción: por un lado, aún en una gran empresa sigue habiendo uno solo que manda más allá de que, lógicamente, recibe informes y sugerencias varias, y por el otro, quién ocupa ese vértice experimenta en los momentos decisivos una sensación de distancia y despojo, la tantas veces comentadas soledad del poder.

Una buena noticia aunque parcial para Alberto Fernández: el presidente electo no debe estar sintiendo esa soledad del poder ya que, por lo que se ve, su número dos, Cristina Fernández de Kirchner, tiene una fuerte influencia en el diseño de su futuro gabinete, no tanto en el nombramiento efectivo de sus principales colaboradores como en el ejercicio de ciertos vetos, por lo demás bastante comprensibles.

Es que se trata de una pareja muy particular: el presidente electo debe, literalmente, ese rol a su vicepresidenta electa, que fue quien lo ungió al frente de la fórmula hace apenas seis meses. En una jugada política que será estudiada por políticos, asesores y académicos de todo el mundo, se ubicó en el segundo lugar ya que al frente de la fórmula no podía ganar pero fuera del binomio no estaba segura de poder trasladar sus votos a su candidato.

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Obviamente, tanta generosidad no ha sido gratis. Por un lado, Cristina mantiene así su influencia en el futuro gobierno, que parece decidida a utilizar convenientemente transformando al Congreso —a todo el Congreso— en su reducto más allá de los deseos y las ambiciones de políticos siempre al acecho como Sergio Massa, futuro titular de la Cámara de Diputados.

Cristina parece tener, además, su propia agenda, donde no solo figuran los problemas judiciales de ella y de sus hijos, como algunos creían o se esperanzaban.

En cuanto al futuro gabinete, Alberto Fernández ha elegido la gran mayoría de los nombres que circulan aunque Cristina Kirchner mantiene su capacidad de veto a políticas y nombres; por lo que parece se quedan afuera Martín Redrado, Florencio Randazzo, Diego Bossio y Guillermo Nielsen, al menos de Economía. Aunque todo es muy provisional.

El problema es que “chi comanda é solo” también en una dimensión clave, esencial, de la política: uno solo es el que manda. Más aún en la Argentina y en el peronismo, que nació y se desarrolló como un movimiento verticalista, con Juan Perón y sin él. Hubo momentos en que un presidente llegó a la Casa Rosada condicionado por su gran elector, como fue el caso de Néstor Kirchner, en 2003, pero rápidamente se libró de Eduardo Duhalde. “¡No saben lo que les espera!”, decía Néstor bastante antes de asumir con relación a Duhalde y su equipo bonaerense, como publiqué en mi libro “Salvo que me muera antes”.

¿Cómo evolucionará la relación entre Alberto y Cristina? Es una de las claves, tal vez la principal, de estos nuevos tiempos. Aparecen cuatro opciones: gana Alberto, gana Cristina, se bloquean mutuamente o encuentran una fórmula de convivencia creativa y eficaz.


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