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COLUMNISTAS / opinion
domingo 22 diciembre, 2019

Correr detrás de Luli Pop

por Rosario Ayerdi

Cristina Caamaño fiscal Foto: Cedoc
domingo 22 diciembre, 2019

—¿Qué escuchaste de la AFI?

Fuente: ¿Mujer?

—¿Hay interventora? Ya sé quién puede ser.

F: Posta que no sé.

—Yo tampoco pero hice 2+2, periodismo. ¿Garré?

F: Para mí no. ¿Cuñarro?

A las 13.20 del último jueves tenía un indicio de por dónde empezar. El futuro de la Agencia Federal de Inteligencia y quién sería su interventor fueron las incógnitas de Alberto Fernández que más desvelaron a los periodistas. Este fue uno de los tantos diálogos de WhatsApp en los que pregunté sobre ello en los últimos diez días. Pero fue la primera vez que creí estar cerca.

En pocos minutos pude hablar con distintos dirigentes y funcionarios judiciales para seguir el dato inicial: era mujer y podía ser la fiscal Mónica Cuñarro. Descarté que fuera esta última la elegida por el Presidente, pero me topé con otro nombre, el de Cristina Caamaño. Comencé a consultar por ese nombre.

A las 14.39 una fuente irrefutable me dijo: “Es una posibilidad”. Supe que, viniendo de él, esa frase no podía significar menos que una confirmación del dato que tenía. Sin pensarlo, comencé a escribir la nota. “Alberto Fernández continúa sin anunciar el nombre del interventor de la Agencia Federal de Inteligencia, pero una mujer conduciría el organismo: Cristina Caamaño”, fue la cabeza de la nota. Iba a publicarla el jueves a la tarde en la web de Perfil.com.

Al tercer párrafo dejé de escribir. Si la centralidad mediática pasaba por el Congreso y la pelea por la media sanción del proyecto de Solidaridad Social y Reactivación Productiva, el dato podía esperar. Podía guardarlo para el papel (tenía que aguantar solo un día, ya que el diario sale sábado y domingo). En 2015 ya había adelantado el dato. “Tengo una info para vos que sé que te va a interesar”, me dijo Daniel Scioli. El ahora embajador conoce la inquietud de los medios por develar el nombre de quien conducirá este organismo en los distintos gobiernos. En aquel momento era candidato presidencial y el titular de la AFI, en caso de ganar, sería Gustavo Ferrari. Lo publiqué pero no sirvió de mucho. Scioli terminó perdiendo.

¿Quién iba a estar el jueves mirando qué pasa en la AFI cuando en el Congreso Juntos por el Cambio discutía si daba quórum o no, el Interbloque Federal negociaba cambios a la ley para garantizar su aprobación y a la Casa Rosada llegaban los sindicalistas para acordar un aumento para los trabajadores?

Nadie, ningún periodista estaba cerca. Podía dejar la guardia que hago desde que asumió Fernández en el Patio de las Palmeras a las 20 que nadie lo iba a publicar. Podía guardarme el dato tranquila. Minutos después abro el celular. El peor final: Luciana Salazar, a través de Twitter, sacaba a la luz el nombre de Caamaño, que hasta entonces nadie había descubierto.

Volví a escribirle a mi primera fuente.

—¿Viste lo de Luli?

F: ¿No serás vos la que está detrás de ella?

No. Y ninguno de quienes escribieron después de ese tuit citó a Salazar, algo que les gusta reclamar. Ella podría decir lo que a tantos periodistas nos gusta: “Tal como anticipó Luli”. Yo ya no esperaré. Menos con Salazar al acecho.


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