sábado 03 de diciembre de 2022
COLUMNISTAS Asuntos internos

Cosas olvidadas en los libros

25-09-2022 00:56

Para los lectores no es algo nuevo. En realidad no debería ser algo nuevo para nadie: todos olvidamos cosas en lugares insólitos o previsibles, en momentos de distracción, sin quererlo, o sencillamente porque el objeto en cuestión no es merecedor de toda nuestra atención. En el caso de los lectores, el señalador es el objeto privilegiado que se olvida, porque una vez terminado el libro su papel allí carece de sentido. Y sin embargo se lo olvida, razón por la cual muchos utilizan un viejo mazo de cartas de poker como provisión (las cartas son señaladores óptimos, estéticamente insuperables, prácticos y abundantes). Pero hay gente que en los libros olvida cosas más extrañas.

Desde hace diez años Sharon McKellar, bibliotecaria de Oakland, en California, guarda todo lo que encuentra dentro de los libros que los lectores se llevan a sus casas (las bibliotecas prestan sus libros: deberíamos aprender de ellas). McKellar revisa los libros que los lectores devuelven a la biblioteca y encuentra cosas, las fotografía y las sube a su sitio web (sharonmckellar.com), en una sección llamada “Encontrado en un libro de la biblioteca”. Y lo que encuentra es desde previsible hasta extraordinario: señaladores (naturalmente), cartas de amor, fotos viejas, boletos de colectivo, postales, listas de todo tipo, notas de temáticas diversas, machetes, y esas proto críticas literarias que son los post-its de colores con observaciones sobre lo leído (porque los lectores atentos y respetuosos no escriben en los libros ajenos: muchos deberían aprender de ellos).

McKellar confiesa haberse inspirado en Found Magazine, que desde junio de 2021 reúne, cataloga y publica en un sitio web (foundmagazine.com) fotografías, cartas, dibujos y una larga serie de cosas perdidas, olvidadas o abandonadas ex profeso en lugares públicos de todo el mundo. Pero la cantera de McKellar se reduce a los libros de la biblioteca de Oakland, no al mundo, lo que a fin de cuentas no es lo mismo pero se parece. Porque el mundo es amplio, vasto, inabarcable y finito, y una biblioteca también.

Sharon McKellar asegura haber hallado hasta el momento 350 objetos. Algunos no tienen sentido, tan descontextualizado queda dentro de un libro todo lo que no se refiere a un libro. Tal vez es eso mismo lo que vuelve interesante el hallazgo: la ausencia del contexto. Por ejemplo, McKellar suele encontrar dentro de los libros notas donde los lectores se disculpan por haber devuelto el libro luego de la fecha límite, o por haber roto alguna página, o por haber dejado caer un café sobre el libro: eso es contexto. Dentro de un libro de Roald Dahl, McKellar encontró una serie de notas de un joven lector que escribía todo lo que pasaba por su mente mientras leía: eso es contexto. Pero en otro encontró un papelito donde una tal Ana le pedía a un destinatario anónimo que confirmara su amistad utilizando el sistema multiple choice, esto es, poniendo una cruz en la casilla del “sí”, del “no” o del “tal vez”: no hay una cruz en ninguna de las casillas. Eso excede el contexto, podríamos asegurar que se trata de una verdadera novela.

Sharon McKellar es una usina de ideas, ahora está pensando en organizar un concurso de escritura asociado a uno de estos objetos encontrados. Yo me permito sugerir el papelito de Ana.

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