COLUMNISTAS
transmitir vs. comunicar

De la edad de oro al aguante

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Fuera de la segura controversia que despertará este período de la historia según quien lo describa, es casi un hecho que todas las versiones coincidirán en encuadrarlo como uno en el que las tensiones lógicas entre los medios y el Gobierno superaron cualquier expectativa previa, aun con los antecedentes de cada uno de los actores involucrados: el Grupo Clarín y el oficialismo, que cumple una década en el ejercicio del poder.

Puede que el principio que sostiene la idea de una sociedad de la comunicación –circulación incesante de noticias con una vida útil no superior a las 24 horas salvo situaciones de crisis o ciclos electorales– haya impedido ver los indicios de lo que está ocurriendo ahora mientras transcurría la edad de oro en el vínculo que construyeron: durante su presidencia, Néstor Kirchner apenas concedió un par de entrevistas al diario.

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Como hasta el final del enfrentamiento con las entidades representativas del sector agropecuario a raíz de la recesión internacional que trajo zozobra a la gestión de la presidenta Cristina Fernández, la relación con periodistas de esos y otros grupos periodísticos recayó en Alberto Fernández.

La diplomacia desplegada por el jefe del Gabinete no bastó sin embargo para diluir el umbral de desconfianza de los Kirchner y prefiguró la matriz del modelo de comunicación que perdura. Eludir todo contacto con la prensa que no acepte una regla que va contra su naturaleza: reproducir la totalidad del discurso político y abstenerse de intervenciones que supongan una interpretación, réplica o análisis que escape a cánones previamente acordados.

No hay otro sustrato para “la comunicación directa con el pueblo”, de la que se jactó Fernández en más de una ocasión, sin imaginar que esa prédica terminaría de persuadir a sus jefes políticos más que a nadie. No deja de ser una paradoja que el ex funcionario deba apelar al ejercicio del periodismo de opinión en el intento de recoger algo más que oídos sordos de sus viejos compañeros.

A su salida de la administración pública le siguió el envío al Congreso de la Ley de Servicios Audiovisuales para institucionalizar una guerra con Clarín, cuyo resultado incierto hace batir tambores en la de Mercado de Capitales y en las nuevas regulaciones al Poder Judicial.

Hasta ahí, la obtención de acciones de Papel Prensa de forma supuestamente turbia, la presunta apropiación de hijos de desaparecidos en la dictadura y la aparente falta de virtuosismo en el manejo institucional en Santa Cruz o la construcción de una fortuna personal mediante métodos de apariencias poco presentables no habían adquirido la condición de impedimento ideológico o moral, según de quien se trate, para abandonar el protocolo que los había mantenido en fina sintonía desde la instancia más difícil de todo este proceso.

Recordar ese episodio olvidado se parece al ejercicio de lo inverosímil: Néstor Kirchner fracasó en su intento de imponerse ante Carlos Menem en la primera vuelta de las elecciones de 2003. La reticencia del riojano a disputar en la segunda fue lo que allanó su llegada a la Presidencia. Tanto como el camino que va del servicio prestado para robustecer la imagen de un dirigente desconocido y reacio a superar esa brecha con el periodismo, de no haber sido por un accidente fatal en el trayecto: la muerte de Mariano Ferreyra, vaticinio precoz de un futuro de tragedia en las vías ferroviarias. Como en Aerolíneas e YPF, la sombra de otra temeraria promesa en ocasión de campaña se proyecta sobre la recuperación de los trenes.

Lo que vuelve un reduccionismo elemental el argumento de que la inflación y la inseguridad sean determinantes en la ciudadanía para dar crédito a denuncias que horadan de forma vertiginosa el relieve social que promueve el Gobierno de su gestión.

Que lo que transmite no es lo que comunica forma parte de una respuesta más lúcida que adeudan los responsables de una comunicación oficial encerrada sobre la premisa general de que todo aguante hasta el día de las elecciones.


* Titular de la cátedra Planificación Comunicacional, UNLZ.