lunes 21 de junio de 2021
COLUMNISTAS opinion
30-05-2021 02:23

Desconfianza entre Alberto y Cristina

30-05-2021 02:23

Los análisis sobre las tensiones entre Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner han sido poco exploradas en sus matices. En su reemplazo se ha abusado con facilidad en la idea de sometimiento que se ejercería desde la vicepresidenta hacia el primer mandatario, como si eso fuera la única alternativa posible y de moda, para dar cuenta de la vida cotidiana en la gestión de gobierno. Quien hoy quiera mostrarse como experto en el análisis, solo debe denunciar a Cristina en una aparente sombra de influencia.

Estos abordajes dejan afuera otras dinámicas posibles interesantes de remarcar entre ambos, en los que la confianza y tematizaciones alrededor del tiempo parecen destacarse de manera considerable, sin que hayan sido demasiado atendidos hasta ahora.

Si bien la mirada insistente sobre Cristina establece un foco importante sobre uno de los aspectos fundamentales relacionados al sistema político, es decir a la tematización del poder, no brindan una atención atractiva sobre otros elementos que se vinculan a la vida cotidiana de cualquier relación social: cuánto de esa relación puede correr como si el universo fuera un devenir sin sobresaltos y en donde el futuro y el presente se parezcan como horizonte de tiempo.

Quien confía en sus pares o en la puesta de su voluntad en otros, vive su vida cotidiana como si fuera un fluir constante; quien no confía, se siente sometido a la duda insoportable del próximo paso. En la relación de ambos, Alberto parece sistemáticamente someter a Cristina a la incertidumbre del próximo accionar.

Alberto F se permite todas las direcciones posibles...

La confianza es un concepto central para comprender las posibilidades y los grados de libertad de una sociedad. Quien confía no siente el paso del tiempo como un proceso en que cada decisión nueva pueda expandirse hacia múltiples resultados inciertos, ya que la confianza como concepto no se vincula únicamente con el accionar de uno mismo, sino con colocar una decisión propia en acciones posteriores de otros, en secuencias de acciones y de instituciones sobre las cuales no se posee ningún control personal, pero de los que se construye una expectativa de funcionamiento esperable sin sobresaltos. A mayores niveles de confianza, mayor complejidad se puede acumular y menor es el peso del presente, incluso dentro del sistema político.

Colocar demasiado el acento en la influencia o en la falta de libertad de Alberto Fernández, no permite pensar, en sentido opuesto, los desgastes y la consecuencia que tiene para esa relación el que Cristina, La Cámpora y toda su estructura de funcionarios, deban ocuparse de estar atentos a cada nueva idea posiblemente desconcertante del Presidente. Si bien se producen evitaciones, como el caso Basualdo, no puede perderse de vista que ese proceso deja marcas de desconfianza perdurables como residuos significativos entre ambas partes.

...lo que obliga a quienes lo rodean a adaptarse a una nueva situación, CFK incluída

La señal del Presidente es que una acción suya próxima, la siguiente, puede estar o no alineada con las expectativas de ese otro bloque interno del Frente de Todos, pero solo se sabrá en el momento siguiente, haciendo de ese tiempo una incertidumbre sin tiempo final.

En esto hay a su vez una reserva paradójica de poder de la que tampoco se hacen mayores señalamientos. Alberto Fernández procesa sus decisiones como quien solo y únicamente se permite todas las direcciones posibles, desde el uso del disfraz de dirigente del Conurbano inaugurando viviendas, como el que abraza las causas latinoamericanas con López Obrador o quien juega a la difusión de las ideas de centroizquierda en sus viajes a Europa; y como quien las combina con la reforma de la justicia, las críticas al capitalismo o como aquel que comenta sin miedo sobre la cantidad de cabezas de ganado. En lugar de construir un proceso comprensible de expectativas, solidifica un constante fluir de introducción de diferencias, de disturbios, de sucesos, que obligan a todo lo que lo rodea a adaptarse a siempre una nueva situación, inclusive a Cristina.

El efecto sociológico de estos procesos desconcertantes en la toma de decisiones...

Salir de la mera idea de dominación y dependencia, e introducir reflexiones posibles alrededor de la confianza, ofrece también otros rendimientos analíticos alrededor de aquello que podría señalarse como las continuidades. En el mismo proceso de decisiones irresuelto, Basualdo continúa tanto como Martín Guzman, representando perfectamente el modo en que toda la estructura burocrática escenifica en sus propios funcionarios que nada se sabe sobre el siguiente paso. Para el kirchnerismo el daño habría sido evitado, pero el estímulo desestabilizador como marca concreta de lo ocurrido, así como la sobrevivencia del funcionario que la inspiró, quedan allí como la latencia de lo que otra vez puede ser ofrecido como sorpresa.

...es el congelamiento de las acciones del Gobierno

La consecuencia sociológica de estos procesos recurrentes son el congelamiento de las acciones. La estructura de funcionamiento del Gobierno se va consolidando como un cuerpo creciente en el que los diferentes bloques internos no terminan de comprender hasta qué punto pueden o no colocar sus decisiones posibles en las secuencias de decisiones de otros. Replegados sobre sí mismos y produciendo desgastes de ajustes por la abundancia de incertidumbre, la gestión de Alberto Fernández se congela en sus procesos para garantizar el poder de una centralidad generadora de incertidumbre con apariencia de debilidad, pero con la única garantía de sin ningún remordimiento ofrecer siempre algo nuevo que sea incomprensible para alguien o para todos.

El futuro queda cancelado, por lo menos aquel que se puede extender algo más allá del mañana. Para cada día se cuentan los contagios, se intenta saber la próxima medida de la pandemia, se trata de imaginar el pago de la deuda, el aumento de las tarifas o el futuro de la inflación. Así todos los días, todo el tiempo, tal como necesita Alberto para elegir de ese menú abierto e infinito siempre algo nuevo que desoriente a la mayor cantidad de gente posible y ser por este tiempo un hombre poderoso, aunque parezca todo lo contrario.

*Sociólogo.