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Día de Cristina

06-11-2021-logo-perfil
. | Cedoc Perfil

Vivimos en un barrio bastante tranquilo, en el que no hay demasiados sobresaltos, hasta que comienzan las clases universitarias. Entonces, las agrupaciones estudiantiles despiertan de su sopor veraniego y tocan el bombo dentro o fuera de la Facultad de Ciencias Sociales, que ocupa casi la totalidad de nuestra manzana. Por supuesto, en cuanto empiezan las huelgas docentes y las clases públicas, se cortan calles y eso complica un poco la movilidad.

A una cuadra vive Florencia Kirchner, circunstancia que aplaudimos, porque desde su mudanza, los índices de criminalidad del barrio han bajado estrepitosamente (hay siempre custodia en esa esquina, y produce efecto de derrame).

Hay días en los cuales las fuerzas se multiplican, aparecen motos de la Policía Federal y patrulleros que refuerzan la presencia de agentes de civil, custodios y autos que presuponemos blindados: son los días en los que Cristina visita a su hija y su nieta.

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Confieso que, si estoy en casa, esos días bajo con cualquier excusa y me acerco a la casa de Florencia.

Como temo que me confundan con un magnicida (no se puede pensar que esa es solo una hipótesis paranoica, porque hemos visto las fotos, hemos visto ese video que por casualidad captó el momento en el que el tiempo pudo detenerse para siempre), pero como al mismo tiempo el asunto me atrae irresistiblemente, paso con una bolsa de supermercado. Voy primero a la farmacia, que queda a dos cuadras de casa y que incluye la casa de Florencia en el recorrido. Nunca está de más comprar ibuprofeno.

Luego sigo hasta la esquina kirchneriana. Miro a los policías de civil, a ver cuál está más fuerte. Me hago un poco el tonto y vuelvo sobre mis pasos. Diez metros, hasta el supermercado Día que queda a dos puertas de la casa de Florencia. Al salir, miro el convento de enfrente como con interés turístico.

¿Por qué hago todo esto? Por cholulo. Tengo la esperanza de que alguna vez Cristina Fernández y yo coincidamos en la vereda (¡o en el Día!). Puedo compartir o no sus puntos de vista sobre la política nacional o internacional y puedo aguantar mejor o peor sus arrebatos. Pero me parece importante que ella escuche, en ese encuentro hipotético, la verdad que nos une: “Yo te entiendo”.