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MUNDOS DISTINTOS

Dividir para ganar

En Cambiemos preocupan los amagues de unidad del peronismo, un mosaico que definirá resultados de 2019.

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TOTEM Juan Domingo Perón | DIBUJO: PABLO TEMES

Cambiemos comienza a preocuparse por la coincidencia entre el kirchnerismo y el peronismo, en apariencia dialoguista, que podría evitar que Mauricio Macri lograra una eventual reelección en primera vuelta. Si, como se está especulando, es un paso hacia la unidad que trasciende la estrategia electoral, complicaría muchísimo al oficialismo, que depende en exceso de mantener la división de esas tribus. Y para eso, de la marcha de la economía.
La oposición se entusiasma con las dificultades que le depararía ese ámbito al Gobierno, que procura transmitir optimismo. Aunque choca con la falta de resultados más palpables que las estadísticas. Allí logró uno esperanzador, aunque insuficiente: la baja efectiva del desempleo en el último trimestre de 2017 al 7,2%, la tasa más baja desde 2003 según las autoridades del área. Corazón del problema en el Conurbano. Uno de los tres conglomerados que concentra la actividad productiva en la provincia de Buenos Aires. El bolsón de pobreza más grande del país y donde votan dos tercios del total de electores bonaerenses. Y, además, la zona de mayor impacto en la imagen negativa del Presidente por los reajustes tarifarios en luz, agua y gas.

Maravillas. En 2015 y 2017 María Eugenia Vidal fue la llave para desarticular las campañas de los intendentes bajo el sello de Unidad Ciudadana, con una crítica despiadada a la política energética del Gobierno que omitió el largo silencio guardado sobre los años de congelamiento de precios. Tanto confiaron los jefes comunales en su efectividad que la propaganda desplegada pareció un plagio de la obra más difundida de Lewis Carroll. Cristina en el País de las Maravillas.
El mensaje de transformación de Cambiemos persuadió en forma parcial a los sectores con necesidades insatisfechas. La ex presidenta canalizó una cuota de esa demanda en desmedro de los alcaldes, con liderazgos seriamente dañados y por eso alejados de cualquier expectativa de cambio en la sociedad. Ese atributo se lo reparten la gobernadora y la ex presidenta. De los casi 3.400.000 votos obtenidos por CFK, el 37,6% son de la Tercera Sección Electoral: sur y este del GBA.
Difícil imaginar que se concrete la esperanza de los intendentes que conducen el PJ bonaerense: un gesto de desprendimiento para 2019 de Cristina. Deberían prestar atención a las giras de su hijo Máximo. Parece una poco disimulada campaña de reelección. La intención es proponerlo de primer candidato a diputado nacional, con una inigualable garantía de votos para cualquier otro dirigente: el apellido. Suena a argumento irrebatible. Coronaría, además, lo que parece inevitable. La alianza electoral del PJ y Unidad Ciudadana.
A un buen resultado en la Provincia y la Ciudad de Buenos Aires está atada, sin dudas, la posibilidad de una victoria de Cambiemos sin segunda vuelta. Pero el peronismo se propone, por lo menos, entorpecerlo. De allí los diálogos de Gustavo Menéndez con Cristina y la interrupción de los mantenidos con Miguel Angel Pichetto. El titular del PJ bonaerense asistió a la cumbre K de San Luis convocada por Alberto Rodríguez Saá.

Entretelones. El delegado de los gobernadores del PJ y jefe de su bloque en el Senado perdió influencia con la derrota de Florencio Randazzo y Sergio Massa. Fernando “el Chino” Navarro es su paradoja. Promotor de políticas contra el desamparo, padece el propio desde la tragedia electoral de Cumplir. El ciclo Intratables es, por ahora, su refugio transitorio. Randazzo y Massa volvieron a dialogar lejos de las cámaras con la idea de representar el peronismo racional de Pichetto. No es asunto fácil.
Felipe Solá, Pablo Garate y Julio Zamora se incorporaron a la conducción del PJ bonaerense. El líder del Frente Renovador aplaude la iniciativa pero no los tiempos. Precisa más para ganar volumen con Randazzo y entusiasmar a los gobernadores con desplazar a Menéndez. ¿También a Cambiemos? El problema con el ex gobernador, el diputado provincial y el intendente de Tigre, es la forma en que le plantean la disidencia a Massa dentro de su propio espacio político. Instan a la unidad del PJ con el Frente Renovador. Pero incluido allí como una línea interna.
Además de la autonomía ganada por Zamora en Tigre, que logró en enero designar un gabinete municipal afín al intendente y no a Massa, como ocurría desde 2013, podría tener otro disgusto después de Semana Santa. Para esa fecha convocó a un asado con dirigentes de la Cuarta Sección Electoral y dará explicaciones de la reunión con Randazzo, alguna vez referente de esa región en el apogeo kirchnerista.
El intendente de Chivilcoy, Guillermo Brito, encabeza el encono contra el ex ministro de Cristina. Lo acusa de trabajar para el Gobierno y derrotarlo en casa. Brito perdió contra Cumplir, que solo ganó en su distrito y en el de Castelli, del inclasificable Francisco Etcharren: el intendente fue hiper K, funcionario de Vidal y es amigo de Menéndez. Puede que lo de Brito sea expresión de impotencia. Vio fracasar las gestiones de su amigo y concejal en Tandil, Mauricio D’Alessandro, para ser recibido en Cambiemos antes de las elecciones legislativas.
 
Gente de Lomas. La reaparición de Martín Insaurralde en este escenario no parece producto de la providencia. La versión de una eventual candidatura a gobernador del intendente de Lomas de Zamora circula en simultáneo a otras con la misma pretensión de Menéndez y de Solá. Lo curioso es que todas tengan como condición un traspié del Gobierno. Insaurralde es un respaldo esencial para que el intendente de Merlo ejerza la titularidad del PJ. El ex gobernador se arroga ejercer sobre Menéndez un decisivo predicamento político. Menéndez suele bromear entre amigos sobre cierta capacidad para el desconcierto: “A veces ni yo mismo me entiendo”. No sería el único. La provincia de Buenos Aires representa el 37% de los electores nacionales. Desplazar a Cristina sin infligirle una derrota no sería fácil. Pero, ¿le conviene a Cambiemos una PASO nacional del PJ? En esa incógnita descansa, por ahora, la suerte de la unidad en el peronismo.

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