COLUMNISTAS
ARA San Juan

Ejercer soberanía aprovechando lo propio

La tragedia del ARA San Juan nos interpela como nación.

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Submarino. El territorio que vigilaba es la plataforma más grande del mundo. | cedoc perfil

La tragedia del ARA San Juan pega duro. “Los 44” son albacea de un sueño, una épica a prueba de grietas y ambiciones. Su misión, la defensa de nuestra soberanía pesquera. Una tarea cíclopea; las fuerzas han sufrido una degradación de su valoración social desde el fin de la dictadura y Malvinas. Su organización interna es un reflejo del Estado al que pertenecen: el 80% de su presupuesto que descendió de 5 puntos a 1 del PBI se va en salarios.

El ARA nos interpela como nación. La incapacidad para geolocalizarlo, su posible mal mantenimiento, son parte de un problema mayor; la dificultad histórica para sacar partido de lo nuestro. El territorio que vigilaba el ARA, la plataforma submarina, de las más grandes del mundo, se extiende a lo largo del continente, y a lo ancho hasta las 200 millas, definiendo un lecho marino somero que favorece la ocurrencia de luz, vital para la fotosíntesis que da lugar a una única proliferación de plancton y de la pesca que de éste se nutre. Sin embargo, el vínculo con un mundo con la vista en el mar Argentino se da a través de licencias, que no bancan mejoramientos en el sector, en lugar de exportaciones a quienes saben, hace rato, que a la naturaleza se la ayuda con la billetera.

El OK de ONU al pedido por el incremento de nuestra plataforma en 1.750.000 km2 fue recibido con estridencia. Sin embargo lo positivo de su implicancia se conjuga en potencial. La capitalización de una ventaja geográfica está subordinada a condiciones tecnológicas, políticos y culturales, desde contar con importantes flotas de buques de altura e infraestructura portuaria, hasta el desarrollo de políticas estratégicas para la explotación y comercialización del producto. Argentina carece de tradición pesquera: falta de sustentabilidad, de integración de expertos a una gestión  tan fragmentada como las inversiones de capital, e inapropiado control del mar territorial.  La “milla 201” lo evidencia: buques invaden el mar Argentino en su límite al abrigo nocturno, capturando toneladas de pescado y volviendo al Atlántico furtivos. Las imágenes satelitales de los bordes del litoral marino, (talud), muestran la huella lumínica de metrópolis bonaerenses. La plataforma continental, es además, argumento de derecho sobre Malvinas por ser parte geológica indivisible del continente. Pero el relato que sobrevalora las ventajas naturales desdeñando el análisis de los factores que yacen en la brecha entre éstas y su apropiación real, y que hace aguas de cara al subaprovechamiento crónico de recursos, le confiere a dicho argumento un carácter “superior” al invocar una “legitimidad  de naturaleza”: “Son parte de nuestra plataforma”. Ese relato promueve un aumento del gasto en las fuerzas armadas como solución. 

La geopolítica de la globalización rechaza la hipótesis de conflicto continuo, marca registrada del mundo bipolar. Las fricciones del ayer son las coaliciones del presente, las cercas, puentes. Es la integración territorial, la “escala” que da el desarrollo económico a partir del cual se define la “frontera viable”, y no al revés. Lejos de una “vastedad romana” mayor que las fuerzas productivas para sostenerla se sitúan Canadá o Australia, más que Rusia. En tal sentido la idea de “recurso estratégico” apuntando a la sinergia;  Estado, capital, ciencia-tecnología no es un anacronismo populista. Como los vecinos que se protegen  “ganando” la calle, tenemos que poblar nuestro mar con barcos que ofrezcan sustento genuino a las familias.

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Acaso la metáfora de lo dicho sea la solidaridad de las potencias. Un improbable amigo que brinda ayuda desinteresada desde Puerto Argentino. Nada malo en ello, intentar sustituir sus tecnologías acarrearía la frustración de lo quijotesco. Tenemos un elefante blanco, profesionalizarlo no debe connotar sólo becas en West Point, o represión. El desafío es avenirlo a función, para impedir otra tragedia. Se lo debemos a aquellos tan lejanos y cercanos, aquellos cuya mano aún no podemos ni debemos soltar.

*Profesor y Licenciado en Geografía UBA. Magíster UA. UNY.