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COLUMNISTAS / opinion
sábado 1 agosto, 2020

El desarrollo no es mágico

Foto: Cedoc

Si algo tiene de positivo para el análisis económico la evolución de la pandemia es que difícilmente pueda echarse la culpa a una idea, partido o dirigente de la situación actual, enmarcada por una parálisis de buena parte del sector productivo, inflación reprimida, desempleo creciente y una gran incertidumbre cambiaria y financiera. Es una oportunidad para reflexionar acerca de qué ha salido mal, al menos en la reciente restauración democrática de 1983. Cuando termine el período constitucional de Alberto Fernández habrán pasado 40 años desde que Raúl Alfonsín iniciara este camino que aún no dio frutos en materia de desarrollo.

Durante julio, la Cámara de Diputados aprobó tres proyectos de ley vitales para el funcionamiento de la maltrecha economía. Inspirados en la crisis actual pero que perdurarán, como cualquier legislación de fondo que aspira a facilitar la realización de la actividad productiva. Primero fue la ley de teletrabajo, luego el tándem votado casi en simultáneo de la ampliación de la moratoria fiscal y la modificación a las leyes concursales. ¿Habrá sido este conjunto normativo un paliativo para sortear el presente angustiante o una reforma que atendía la necesidad de afrontar un cambio del entorno con una respuesta contundente? ¿Es mejor un marco normativo perjudicial o una anomia permisiva? Llama la atención la poca resistencia efectiva que este conjunto de normas tuvo entre la comunidad de negocios. Quizás la respuesta de fondo a la ausencia de voces audibles está en la falta de legitimidad con la que el empresariado es percibido en la opinión pública. Una curiosa coincidencia con la poca aceptación que tienen los representantes del sindicalismo argentino. La cadena productiva está inhibida de un apoyo fundamental a la hora de hacerse escuchar y lograr que sus puntos de vista tengan eco dentro del poder institucional. ¿Estarán ellos pagando el precio por la responsabilidad por los fracasos vitalicios en la dimensión económica de democracia argentina?

En otro lugar del planeta, precisamente en el Congreso de los Estados Unidos, Jeff Bezos, el fundador y CEO de Amazon, se presentó ante en un comité antimonopolio de la Cámara de Representantes para ser interrogado y dar su parecer sobre temas que excedían las acusaciones de prácticas no competitivas de los gigantes tecnológicos, junto a los CEOs de Facebook, Google y Apple. No hubo pataleos ni acusaciones de persecución por parte de los amos y señores de la economía digital. Asumen su liderazgo, el impacto de sus empresas en la vida de su país. Bezos sentenció: “creo que Amazon debe ser escudriñada. Deberíamos examinar todas las grandes instituciones, ya sean empresas, agencias gubernamentales u organizaciones sin fines de lucro. Nuestra responsabilidad es asegurarnos de que pasamos ese escrutinio con éxito”.

Como Amazon, la democracia argentina incurrió en pérdidas astronómicas durante sus inicios: en la empresa de Seattle, fueron US$ 3.000 millones en los primeros 7 años de funcionamiento; en nuestro caso, podemos sumar los recurrentes déficits fiscales durante 30 años para dimensionar que, en promedio un PBI entero de gasto adicional estuvo sostenido por una inflación récord, la pobreza de un tercio de la población y el aumento del endeudamiento interno y externo “insostenible”. Amazon, aun con los enormes vaivenes del mercado bursátil, hoy es una de las tres empresas con mayor capitalización bursátil del mundo: hoy casi tres veces el PBI argentino. “No es una coincidencia que Amazon haya nacido en este país. Más que en cualquier otro lugar de la Tierra, las nuevas empresas pueden comenzar, crecer y prosperar aquí”, concluía Bezos en una demostración acabada de un sistema que se retroalimenta de su propio orden institucional.

Argentina, todavía debe decidir en qué invertirá todo lo aprendido en este tiempo de fracasos que son las mejores lecciones. ¿Quién llevará la iniciativa de inversión? ¿Qué lugar tendrá la innovación y cómo se la alentará? ¿Qué rol jugarán el trabajo y el capital? ¿Cómo se financiará la inversión social y de infraestructura necesaria? Lo importante no solo es dar respuesta a estos interrogantes para el escenario propuesto sino el proceso mismo de pensar y consensuar.


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