lunes 05 de diciembre de 2022
COLUMNISTAS opinión

El nudo de la cuestión

Tiene una mirada crítica de la muestra, que en buena medida comparto, y también un pensamiento que va más allá de la exposición.

25-09-2022 00:54

Había escrito en 2017 acerca de Sublevaciones, la exposición curada por George Didi-Huberman, así como en su momento escribí sobre varios de sus libros, en especial Lo que vemos, lo que nos mira (en el viejo Cultura & Nación, de Clarín, en la época en que era aún inimaginable que un suplemento cultural pusiera en tapa a tipos como Eduardo Constantini, o le dedicara páginas a Gustavo Grobocopatel porque en sus ratos libres, entre silobolsa y silobolsa, grabó un disco de no sé qué), y Pueblos expuestos, pueblos figurantes, libros –estos y varios otros suyos– a los que vuelvo permanentemente. Sublevaciones la visité dos veces, en París y acá, y las dos veces me pareció confusa, excesivamente eclética, caprichosa, carente de un sustento teórico y político riguroso: la idea de la sublevación, hermana del levantamiento y prima díscola de la Revolución, terminaba convirtiéndose en un collage de imágenes sin ton ni son (además, me había molestado que en la etapa porteña de la muestra se le agregaban fotos de levantamientos e intervenciones artísticas argentinas que no integraban la exposición original en el Jeu de Paume, un poco como esos cantantes que en cada fecha de un Tour global tocan canciones locales para entusiasmar al público nativo). 

Pues rápidamente la muestra pasó a mi olvido. Hasta que, por la última edición de la revista Review, me enteré de la polémica entre el propio Didi-Huberman y Enzo Traverso en torno a Sublevaciones (Review publica solo la última respuesta de Traverso, pero es muy fácil rastrear toda la discusión en internet). Traverso tiene una mirada crítica de la muestra, que en buena medida comparto, y también un pensamiento que va más allá de la exposición, hasta desembocar en una reflexión sobre las condiciones de posibilidad para una izquierda hoy (podría decir que esa pregunta y la pregunta por la sintaxis –preguntas muchas veces antagónicas– son las dos únicas cuestiones que guían mi vida) cercana a libros suyos como Melancolía de izquierda, o Revolution: An Intellectual History. Traverso define el estado de situación a partir de frases precisas y dramáticas como ésta: “Los nuevos movimientos de protesta surgidos durante el transcurso de las dos últimas décadas (…) de quienes reconozco su potencialidad, se caracterizan por el hiato entre una creatividad indiscutible y un impase estratégico igual de grande. Obligados a reinventarse luego del gran fracaso de los modelos revolucionarios heredados del siglo XX, aún no han encontrado su propio proyecto de transformación social y política”. La muestra de Didi-Huberman, que evidentemente expresa un deseo de sublevación anticapitalista, expresa también y sobre todo “una desorientación política general”. Aquí, creo, se llega al nudo de la cuestión. Mientras que las antiguas derechas (autopercibidas) democráticas, centristas y moderadas, se han vuelto aliadas de las extremas derechas, hasta el punto en que ya no es posible distinguir unas de otras (es imprescindible comprender al neoliberalismo como el totalitarismo de nuestro tiempo), del otro lado, del nuestro, hay desorientación. Desde hace años ellos avanzan –y con ellos la crueldad, la injusticia, y la miseria material y moral– mientras los ideales y las prácticas emancipatorias se fragmentan, retroceden, están, volviendo a Traverso, ancladas en un impase. Por ahora, solo por ahora.

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