COLUMNISTAS
recorridos

El Paraíso al 1300

16-4-2023-Logo Perfil
. | CEDOC PERFIL

Preparen las valijas para ir a ninguna parte. Muchas veces es el mejor de los lugares. No estipulado, sin trámites ni previsiones, costo nulo o casi, sin regreso traumático. La circunstancia actual parece obligarnos a lo que puede ser una alternativa. Y si no vamos a ninguna parte…, ¿adónde llegamos? Quizás al corazón de donde estamos. Por ejemplo, a Avenida de Mayo al 1300. Pleno centro de la Ciudad de Buenos Aires, allí donde Luis Barolo y Mario Palanti, a principio del siglo pasado, emprendieron la mayor de las aventuras edilicias de la época: construir un edificio (solo de oficinas) según los planos literarios de la Divina comedia. Así surge esta obra de la arquitectura, inspirada en Dante, que en su momento costó casi 10 millones de dólares, y que se convirtió en una de las mayores atracciones de nuestra urbe, aunque misteriosamente no tan frecuentada. O sí, pero solo como pasaje. El llamado Pasaje Barolo, por donde circula muchísima gente durante la semana. Sin embargo, es bastante más profundo de lo simple que parece atravesarlo… ¿De qué pasaje se trata? ¿Y si en vez de cruzar de una calle a otra, embargados por el apuro, nos disponemos a mirar el piso? Enseguida advertiremos extrañas flores gigantes por las que ocasionalmente emerge una luz. Primera parada de la obra de Dante: flores de fuego, la señal del Infierno. Y en las paredes, las gárgolas. Por lo tanto, si solo “pasamos” por el Barolo, nos quedamos en el Infierno, que para ser terrenal, no está nada mal.

Recomiendo el ascenso. Y doblemente: por escalera y en ascensor (este último, bellísimo). El ascensor sube hasta el final del Purgatorio, donde el edificio se angosta, y se vuelve más luminoso. La salvación no es sin esfuerzo: al Paraíso se llega de a pie. Varios pisos por escalera, y cuanto más cerca estamos de las estrellas, más estrechos se vuelven los escalones. El último tramo es diminuto (cuidado con los hombros y la cabeza). Pero llegar es una felicidad celestial. (¡Y eso que no nos fuimos a ninguna parte!). El arribo se parece al final del libro de Dante. Cerca de las estrellas, a cien metros de la vereda. Estamos en la cúpula, cuyo único habitante es el inmenso faro. Allí termina el periplo, es el “empíreo”, donde reina la luz.

Un detalle increíble (por lo real): consiguieron montar semejante obra arquitectónica-literaria en Avenida de Mayo al 1300, ¡teniendo en cuenta que Dante escribió la Divina comedia durante la primera mitad del siglo XIV!

El precio del recorrido es un poco salado, pero bueh, el viaje fue sublime; y la vuelta, en subte.