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COLUMNISTAS / ARGENTINA Y EL MUNDO
domingo 12 agosto, 2018

El poder más oscuro

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por Sergio Sinay

Aborto y cuadernos. Temas que ocuparon el escenario nacional. Foto: na

El poder suele acumularse en sectores donde no hay escrúpulos en cuanto a los medios para alcanzarlo. Y así como para esos sectores el poder como fin justifica los medios, una vez alcanzado se convierte en medio para otros fines. Como sostenía la formidable pensadora Hannah Arendt en La condición humana, el poder no se puede ahorrar para después. Se usa en el presente o se evapora. Y el fin al que se destina el poder en la vida política, económica y social es acrecentar fortunas, imponer o reforzar creencias, eliminar competidores u opositores peligrosos para los propios intereses, manipular a diferentes colectivos, que suelen nombrarse como “pueblo”, “vecinos”, “público”, “gente”, “hinchada”, “fieles”, “creyentes”, “audiencia”, “militantes”, “fanáticos” u otras formas en donde desaparecen el individuo, el pensamiento crítico, la persona como ser humano que llegó a un punto de madurez en su desarrollo psíquico, emocional y moral.
Esta concepción de poder es la que se impone en el escenario contemporáneo. La dictadura de los mercados, los Trump, los Putin, el terrorismo mesiánico, la depredación ecológica, los gobiernos xenófobos, la corrupción, el hambre, la manipulación masiva de datos personales a cargo de empresas tecnológicas y de internet que no respetan leyes ni privacidades, el fenómeno narco, la manipulación de la salud a cargo de conglomerados farmacéuticos, las guerras e hipótesis de conflicto desatadas contínuamente por necesidad de la industria armamentista son apenas algunos emergentes que indican en dónde se concentra y cómo se distribuye y actúa el poder hoy.
Los dos hechos que convocaron la atención y la preocupación en la Argentina en las últimas semanas revelan también la dinámica del poder y su deriva. Para que el Senado rechazara el proyecto de despenalización del aborto, hubo sectores que se valieron de manera desembozada de su poder, desde gobernadores/as hasta una institución que se pretende administradora de lo celestial, pero puede bajar a lo más sombrío de lo terrenal y desentenderse de dolores y padecimientos espirituales cuando se trata de su interés político. Agreguemos a quienes como legisladores (y sin consultar a sus representados) trocaron Cambiemos por Conservemos, y a otros operadores que no se valen de su poder para mejorar los procesos de adopción, pero sí lo desenvainaron aquí. Un legislador oficialista que cuando habla genera estupor llegó a preguntar qué es la vida. Debería preguntarlo a los chicos de la calle, a los abandonados, a los paridos que nunca vieron a su padre o a su madre, a los hambrientos. Pero se sabe desde añares que los poderes del oscurantismo no se usan para abrir mentes y horizontes, estimular pensamiento crítico y generar transformaciones sino para lo contrario, porque de allí proviene su poder (valga la redundancia).
El caso de los cuadernos del chofer escribiente verificó, a su vez, lo que Bertrand Ru-ssell escribía en 1938 en su ensayo Poder: un nuevo análisis social (reeditado en 2010 por RBA): “El poder tradicional, cuando no es destruido por dentro adquiere casi siempre cierto desarrollo”. Alegando fuentes de autoridad casi divina (o invocando al “pueblo” o a “intereses superiores”) ese poder se cree omnipotente, se vuelve descuidado, se piensa eterno y olvida una lección que la historia ofrece a manos llenas: ningún poder es para siempre. Una República no puede existir como realidad y como idea, decía Russell, sin el fracaso de los ambiciosos en el poder. Y, tarde o temprano, ese fracaso llega. Cuando eso ocurre, el único fracaso que no es saludable para la República es el de la Justicia.
Víktor Frankl, padre de la logoterapia y profundo pensador existencial, veía dos formas del poder: poder “para” y poder “sobre”. La primera se aplica a transformaciones que benefician a todos y permiten a muchos vislumbrar el sentido de su vida. La segunda se ejerce sobre otros (física o mentalmente, directa o sutilmente) y sirve a intereses sectoriales, oscuros, miopes. Hoy sobra ésta última y hay mucho que hacer para desarrollar la primera.

*Escritor y periodista.


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