lunes 21 de junio de 2021
COLUMNISTAS Razones de salud
05-06-2021 00:48

El silencio

05-06-2021 00:48

Salvatore Garau, un artista italiano, ha realizado una obra a la que ha puesto por título Yo soy y cuya singularidad reside en su invisibilidad: no existe. En unas imágenes de la televisión italiana, se ve el perímetro de un cuadrado marcado con pintura blanca sobre los adoquines frente a la Scala de Milán. Garau declara que pretende expresar el vacío de nuestro tiempo. Recuerda al Vivo-dito de Alberto Greco, quien en los años 60 dibuja en las calles de Madrid y Génova un círculo con tiza señalando aquello que el artista considera “arte vivo”. Greco firmaba el espacio encerrado por el círculo; Garau, no.

La pulsión de Salvatore Garau puede que exprese un perfil del tiempo actual que busca el sosiego, la pausa, que se interrumpa la emisión de mensajes, fragmentos que conforman un ruido que no es de fondo: ocupa el primer plano. El ruido en torno a la obra de Garau se produjo, se hizo “visible”, la semana pasada cuando en una subasta de arte en Milán alguien pagó 15 mil euros por la escultura inexistente. Ese mismo día, en Nueva York, el Instituto Italiano presentó otra obra de Garau, Afrodita piange, que, siguiendo la tradición de Greco, resolvió con un simple círculo blanco en la calle pero sin firma. No señala, como pretendía el artista argentino, al arte, solo sugiere, según su propósito manifiesto, el vacío existencial.

Más allá de la propuesta de Garau y de su proyección artística, hay un hilo conductor, una necesidad de retiro a un margen, de abandonar el reglón pero, al contrario que en el confinamiento impuesto por las autoridades, desde una actitud voluntaria y puede que también por razones de salud.

La tenista japonesa Naomi Osaka se retiró de Roland Garros para no verse obligada a participar en ruedas de prensa después de cada partido. Como esa comparecencia es una condición contractual e infringirla implica sanciones, Osaka cortó por lo sano: tiró la raqueta. Ni en el Masters de Madrid ni en el de Roma dio entrevistas ni atendió a los periodistas. “No va a hacer nada. Y nada es nada”, dijo su representante en Madrid cuando la prensa lo abordó para obtener declaraciones de la tenista. En Roland Garros pagó 15 mil euros de multa. La misma cifra que obtuvo Garau por su elogio de la “nada” sobre los adoquines. Osaka, segunda en el ranking de la WTA y la deportista femenina con el récord histórico de ingresos anuales, sufre depresión y un estado emocional que le permite competir pero no enfrentar a los periodistas. Así como alrededor de la obra de Salvarore Garau aparece un mercado que la proyecta más allá de su intención de reclamar silencio, aquí hay también un criterio de marketing que obliga contractualmente a los deportistas a dar entrevistas. No se trata de libertad de expresión o de información, se trata simplemente de libertad de mercado.

Hace unos días se ha cumplido en España una década del acontecimiento más interesante desde los días de la Transición: el 15-M, un movimiento que convocó asambleas en todas las plazas abiertas de las principales ciudades del país. Esa plataforma no solo cambió el bipartidismo clásico, sino que proyectó desde la calle un circuito que acabó primero en el Parlamento y después en el actual gobierno. La principal figura de estos hechos ha sido Pablo Iglesias, fundador de Podemos, partido que nace en el 15-M, que hasta el mes pasado fue vicepresidente del gobierno. Después de participar como candidato en las elecciones de la Comunidad de Madrid, ha renunciado a todos sus cargos tanto institucionales como políticos y se ha llamado a silencio. No hace falta subrayar todo el ruido que ha generado este movimiento, inédito y curioso en la política. Iglesias, imperturbable, se dejó ir abrazado en el silencio, al igual que la tenista japonesa, e incluso puede asumir la única declaración de Osaka al retirarse: “No quiero ser una distracción”.

A veces, el silencio es la única manera de escuchar ya que, como escribió Joseph Brodsky, nos deja oír el murmullo de la vida.

*Periodista y escritor.

Producción: Silvina Márquez.

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