viernes 17 de septiembre de 2021
COLUMNISTAS
23-07-2021 23:55

Frente a un plebiscito

Se busca reducir la elección a ver cuál de los dos grupos antagónicos es más numeroso, y no a elegir legisladores.

Tiempo atrás las elecciones de medio término se veían como un espacio de voto a conciencia donde los ciudadanos elegían por cercanía ideológica. Esto tendía a alentar la emergencia de partidos con posturas alternativas en un mar de oficialismos y oposiciones. En este sentido existió un PI, una UCeDé o una Izquierda Unida. 

Nuevos votos. En cambio, desde el 2009 se empezó a hablar con mayor intensidad del voto útil. 
- ¿A quién vas a votar?
- A fulano 
- ¿Eso no es tirar tu voto? 
Ese tipo de diálogo floreció y frenó el crecimiento de otros partidos, con excepción de algunos vinculados a identidades provinciales. Más tarde, crecería el voto-contra. Básicamente contra el kirchnerismo. El conflicto con los sectores agrarios en 2008 dejó un país partido como pocas veces. Los sectores “del campo” que pudieron torcerle el brazo al gobierno con respecto a la 125 pero no pudieron construir un bloque histórico en condiciones de disputar el poder político del Estado. Por eso las elecciones de aquel 2009 fueron únicas, especialmente en la provincia de Buenos Aires. Se presentaba Unión-Pro y su lista para diputados la encabezaban Francisco de Narváez y Felipe Solá. Sexta iba Silvia Majdalani. Dos años antes, de Narváez había sido candidato a gobernador en PBA secundado por Jorge Macri, y perdieron frente Scioli-Balestrini. Pero en 2009 de Narváez le ganaba a la lista que encabezaban Néstor Kirchner y Daniel Scioli. 
Esa elección tuvo una particularidad más, el espacio que más votos sacó a nivel nacional fue el Acuerdo Cívico y Social, una alianza en el olvido. 

Los años dorados K. Apenas dos años después, Cristina Kirchner reelegía con su mítico 54,1% dejando a 37 puntos a su competidor Hermes Binner. La explicación de la diferencia abismal algunos la ubican en el impacto por la muerte de Néstor Kirchner, otros por la disolución de la oposición, pero también por el crecimiento de la economía: en 2010 el PIB aumentaría el 10,1% y en 2011 6% (última tasa china). 
La marea duró poco, por la sugerencia de una posible Reforma Constitucional que habilitara otra reelección, el kirchnerismo comenzó a desarrollar su enemigo especular: el antikirchnerismo. El voto-contra se consolidó en ese momento. En 2013, Sergio Massa arma en pocos meses el Frente Renovador y da el golpe en PBA ganándole al Frente para le Victoria por más de un millón de voto. Pero otra curiosidad olvidada sucedió en esa elección, el Frente para la Victoria sacó a nivel nacional más de dos millones de votos a su más cercano contrincante: el Frente Progresista, y además obtuvo mayoría por primera vez en ambas cámaras parlamentarias. Hay triunfos electorales que puede ser al mismo tiempo derrotas políticas. A partir de allí el kirchnerismo convertía a cada elección en un plebiscito, no solo sobre la gestión sino sobre la figura de Cristina Kirchner. Esto lo leyeron como nadie los cerebros políticos del macrismo en 2015 y 2017 para obtener sendos triunfos electorales. Sin embargo, lejos de correrla a Cristina la mantuvieron en el centro de la escena con capacidad política para organizar el Frente de Todos dos años después y llevarlo al triunfo. 

A polarizar. Ahora el FdeT tiene un desafío difícil. El balance ciudadano de los dos años de Alberto Fernández se divide en dos posturas predominantes: un grupo de quienes comprenden las dificultades de la gestión en pandemia, considerando que se merece una extensión del crédito para que pueda terminar su mandato, mientras que un segundo grupo cree directamente que el gobierno ha fracasado. El plebiscito consiste precisamente en reducir la elección para ver cuál grupo es más numeroso, lejos de la intención original de elegir legisladores. La apuesta de quienes insisten en presentar la elección de esta manera considera que el FdeT alcanzará al mítico 40%, mientras que el 60% se dividirá en diversas opciones. Dentro de esta perspectiva no importan tanto los candidatos, sino que se evalúe al FdeT como la única alternativa política viable, incluso más allá de la figura presidencial. Es un juego peligroso ir a todo o nada, porque el nada tiene posibilidades de emerger en una situación social y económica donde la incertidumbre es la sensación dominante. Y si saliera el nada, las preguntas apuntarán directamente a cómo serán los siguientes dos años de gestión. 

¿Cisne negro? Dentro de la estrategia del FdeT se entiende que las dos figuras principales que encabezarán la lista en PBA (siempre hasta el cierre de esta edición) sean Victoria Tolosa Paz y Daniel Golián dos políticos que podría evaluarse como de peso mediano. Deberán primero avanzar sobre el sector que no los conocen para luego establecer los motivos por los cuales hay que seguir apostando por el gobierno. El problema es que Juntos (como hay que llamar al posmacrismo ahora) “spliteó” su oferta entre Diego Santilli y Facundo Manes casi contra la voluntad inicial de Horacio Rodríguez Larreta. El problema con Manes no es tanto que se presente a una PASO, sino que su objetivo es ir por la presidencia. Autoestima no le falta. Ahora que la competencia con Santilli está lanzada se observa un fenómeno diferente, Manes puede atraer a un sector decepcionado con el macrismo, y otro espacio social que reclama lo “nuevo”. Es obvio que la PASO de Juntos va a ser dura porque el aparato larretista es poderoso, tiene recursos e inserción territorial especialmente en el Conurbano bonaerense, pero unas primarias no se definen por punteros como las viejas internas sobre los afiliados.  
  
La vida de los otros. Luego, hay un impreciso espacio social que se manifiesta como totalmente desinteresado por la política y que hoy por hoy manifiesta pocas ganas en participar de los comicios. Este año se realizaron dos elecciones provinciales y municipales en Misiones y Jujuy. En la primera provincia el ausentismo rondó el 40% y en la segunda el 30%. Existe un electorado vacante harto con la política con el que se entusiasma Facundo Manes y con el que intentará conectar “compitiendo contra la decadencia” como explicó esta semana. Claro que luego ese electorado tendrá que compartir al médico con los circunstanciales compañeros de lista. ¿Se podrá?


Sociólogo @cfdeangelis
 

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