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lunes 12 agosto, 2013

Frente para la Derrota

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por Redacción Perfil


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En 1990 en la Argentina salía un diario que se llamaba Sur. Era un diario (sí, un diario, salía todos los días) del PC. Que en esa época todavía significaba Partido Comunista y no Personal Computer. En ese año se realizó en Uruguay un plebiscito por las leyes de perdón a los militares. El voto verde (Frente Amplio y aliados) estaba en contra del perdón. El voto amarillo (apoyado por los tradicionales partidos Blanco y Colorado) estaba a favor del perdón. Al otro día del plebiscito el título principal, grande, del diario Sur aquí fue: “El voto verde ganó en Montevideo”. Y chiquito, abajo, decía lo que era la noticia: “El voto amarillo ganó en todo el país”.

Anoche, el zócalo de la Televisión Pública era “FPV primera fuerza a nivel nacional”. Y, como en el caso del diario Sur, era verdad. Y, como en el caso del diario Sur, era una verdad ridícula, poco seria y mentirosa. Pero cierta: el Frente para la Victoria sí fue primera fuerza en todo el país. Porque no hubo una fuerza nacional triunfante. Pero también, y mucho antes que eso, el FPV sufrió una derrota descomunal, contundente, inapelable. Una derrota que marca un fin de ciclo. Que termina para siempre con los sueños de reelección. Y que sólo encuentra, por parte del Gobierno, el consuelo de no encontrar un ganador contundente.

La gran derrota del oficialismo de anoche, sin embargo, empieza en el zócalo de la Televisión Pública y termina en el discurso de Cristina. La derrota principal no es electoral sino de proyecto. El problema no son los seis puntos arriba de Massa, sino no asumir que ayer el Gobierno perdió. Interpelar a una abstracción llamada “pueblo” para negar la realidad y dejar contenta a una tropa propia cada vez más chica pero, eso sí, convencida y autoindulgente. Por esa vía, lo de octubre puede ser paliza. Pero no sólo cultural, sino también de votos. Mucho peor que lo de anoche.

¿Quién ganó ayer, entonces? Está difícil. No hay un gran ganador y eso es lo interesante. La victoria quedó atomizada entre muchos proyectos, muchas alianzas y muchos candidatos. Lo de Massa fue contundente, aunque tal vez no tanto como se esperaba. Seguramente en octubre sí lo será pero, ¿está para presidente? ¿Puede un tipo pasar de la intendencia de Tigre a la Cámara de Diputados y de allí a la presidencia? Es raro. Pero en el peronismo todo puede pasar.

Massa parece el único candidato capaz de aglutinar al peronismo en todo el país. ¿Qué significa aglutinar al peronismo? No es hacerse de un imaginario político, de una identidad, de una mística, de una tradición o de una historia. Lo que importa aquí es aquello de lo que se jacta la Televisión Pública para erigirse como primera fuerza a nivel nacional. Lo que importa es la estructura, la organización. La llegada a todo el país, el poder de de armar un proyecto nacional.

Cuando se habla de proyecto nacional hay que reconocer que eso sí existe. Pero no como corpus teórico, sino como aceitada máquina electoral. El proyecto nacional se reduce a eso. Y hoy el PJ sigue siendo el único que tiene ese poder. De cara al 2015, Massa picó en punta para liderar esa maquinaria. Quien puede disputarle el cetro es otro gran triunfador de anoche: José Manuel de la Sota. A diferencia de Massa, De la Sota sí es gobernador y tiene los pergaminos necesarios y lógicos para llegar a la presidencia. En su contra está el cartelito de “partido provincial” que tiene el PJ cordobés.

Por fuera del PJ, los demás proyectos también parecen ser proyectos aislados y regionales. En Santa Fe, Binner (el único que fue a las urnas como candidato a presidente en 2015) tuvo un triunfo contundente. Pero el Frente Progresista sólo gobierna en Santa Fe y en el resto del país el socialismo no logra hacer pie. Algo similar sucedió en Mendoza con Cobos, que arrasó como ningún otro opositor en todo el país.

En Capital, las cosas están complicadas no sólo para el FPV, sino también para el PRO. Hoy, sumadas las listas de UNEN, tanto Elisa Carrió (más la gran elección de Martín Lousteau) como Pino Solanas (con un sorpresivo segundo lugar para Rodolfo Terragno) podrían ganarles a Sergio Bergman y Gabriela Michetti. Obviamente esto no es matemática, los votos después son un misterio. Pero hoy la suma da eso.

La derrota del kirchnerismo tiene, además, en algunos detalles no menores. Por ejemplo, el triunfo de la UCR en Santa Cruz. O el tercer puesto en Santa Fe. Una vez más, Miguel del Sel salió segundo y relegó al FPV al tercer puesto. Pero el ex antikirchnerista feroz Jorge Obeid, que entró al kirchnerismo a último momento y por la ventana, hizo una elección mucho más decorosa que el ultrakirchnerista Agustín Rossi dos años antes.

Esa es la derrota kirchnerista. Una derrota estructural, de proyecto, de identidad. Y, sobre todo, cultural. Que lo máximo que tenga el kirchnerismo para enfrentar a Massa sea Scioli es parte de esa derrota. Aunque Scioli termine ganando en 2015. Scioli y Obeid como salvavidas, flotantes o no, son la muestra más cabal de la derrota existencial del kirchnerismo, de eso que llaman “relato”. Más allá de las cifras de ayer, más allá de lo que digan los números nacionales y más allá de lo que diga el zócalo de la Televisión Pública.

 

*Periodista.


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