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COLUMNISTAS / Reportaje a Claudia Levin
domingo 21 junio, 2015

“Hay que subsanar las dificultades entre el Gobierno y la Justicia”

Como secretaria de la Corte Suprema, tiene a su cargo la formación de los jueces y siente en primera mano los efectos de la tensión del Poder Judicial con el Ejecutivo y el oficialismo en general. El caso Piombo y la preocupación por la discriminación en situaciones de abuso sexual en menores. La capacitación como herramienta para mejorar a la magistratura.

Foto: Néstor Grassi

La doctora Claudia Levin, abreviando, es secretaria de la Corte Suprema de Justicia. Si ampliamos las implicancias de su cargo podemos añadir que es secretaria académica de la Escuela de Jueces del Poder Judicial y también miembro del Comité de Relaciones Internacionales del Poder Judicial.

—Tenemos entendido, doctora Levin, que es el cargo más alto dentro de la escala de funcionarios judiciales, ¿no es cierto?
—Efectivamente, pero también he sido designada por el Poder Judicial de España como evaluadora externa de la capacitación de sus jueces. Además, en todas las escuelas de Iberoamérica me desempeño como
evaluadora de calidad.

—Usted, al mismo tiempo, ha sido directora del proyecto de diversidad sexual de la universidad. Si no recuerdo mal, éste es el antecedente (apoyado por todos los bloques del Senado) de la Ley de Identidad de Género.
—Sí. Lo trabajamos y se aprobó antes que la Ley de Género.

—Siendo una persona joven, doctora Levin, le ha tocado un momento difícil. ¿Cuál es su mirada sobre la situación de la Justicia, tan atacada en este momento del país?
—Yo creo que, justamente, éste es el punto en el que tenemos que trabajar. Observo esta situación desde lo que conozco y desde lo que hago. Es decir, de la capacitación. Aquí tenemos una herramienta de cambio. También, la concientización. Nosotros (los que trabajamos en capacitación) partimos de la idea, cuando se creó por ley la Escuela Judicial, de que hasta ese momento existía la concepción (dentro de la Justicia) de que los jueces tienen que aprender, tienen que ser evaluados… ¡Los jueces ya saben lo necesario cuando llegan a este punto! Esta era, más o menos, la concepción. La democracia ha hecho lo suyo en nuestras cabezas, y hoy hemos avanzado y damos por sentado que es obvio que tenemos que capacitarnos, que la capacitación es permanente, ¡que tenemos que estar preocupados por mejorar el Poder Judicial! Y… bueno, una herramienta para lograrlo es ésta. Repito: una herramienta.

—Pero, doctora, vuelvo a lo que le decía: nunca imaginamos que, en democracia, iba a producirse un antagonismo tan fuerte entre el gobierno nacional y la Justicia…
—Sí, hay momentos de conflicto, de distintas opiniones, de dificultades, de tensiones. Y esto, en una democracia, tiene que ser subsanado. Hay que subsanar las dificultades entre el Gobierno y la Justicia. Tiene que ser zanjado con debates, con discusiones y con respeto. Respeto hacia los poderes, respeto a la independencia. Debemos repensar ciertas cosas y, si queremos mejorar de verdad el Poder Judicial, tenemos que abordar estos puntos. Hacernos cargo de que es necesario trabajar desde distintas áreas. Una de las áreas es capacitar a los jueces. Capacitarnos todos. Y comprender que la capacitación no es un lugar que ya está establecido sino un lugar al que se llega. Es un trayecto que no hay que abandonar.

—Usted, doctora, ¿se refiere a la capacitación en todas las áreas?
—Absolutamente. Mi responsabilidad, y en lo que trabajo en el Poder Judicial, reitero, es la capacitación de los jueces. Pero creo, también, que la capacitación tiene que ser internalizada como una necesidad permanente porque es la manera que tenemos para repensar todo lo que estamos haciendo, autocriticarnos, autoevaluarnos… En una palabra, mejorar y avanzar.

—Los periodistas que cubrimos muchas veces información nacional sobre educación no podemos dejar de pensar que la educación también ofrece un panorama preocupante. Ni hablar de los chicos que, lamentablemente, dejan la escuela…
—Desde ya. No soy especialista en educación inicial pero es así. Claramente hay un problema de abordaje, pero lo que a mí me preocupa es cómo hacer para mejorar el Poder Judicial porque claramente tenemos dificultades (también surgen dificultades en otras áreas de la vida y de la sociedad). Como le decía, a mí me toca la problemática del Poder Judicial y, claramente, tenemos algunos problemas. Por lo tanto, debemos buscar, con creatividad, todas las formas de mejorar este servicio de justicia.

—¿Y cuáles serían, entonces, a su entender, los principales problemas?
—Bueno… al día de hoy me preocupa muchísimo (después de lo ocurrido en el caso Piombo) el tema de la discriminación. Este caso, recordemos, de un niño abusado mostraba, para el doctor Piombo, una cierta orientación sexual del niño por haber sido también abusado anteriormente. Parecía que no era un agravante sino un atenuante en la violación. No se suministra el nombre del chiquito, pero es un niño de 6 años.

—Recordemos que, a pedido de los alumnos indignados, el doctor Piombo debió renunciar a su cátedra en la universidad.
—Para mí –señala la doctora Levin– el de este niño es un caso extremo de discriminación, pero también aclaro que el doctor Piombo no era un juez federal sino un juez de la provincia de Buenos Aires, con lo cual el organismo competente era el Consejo de la Magistratura provincial y no el nacional. Esto, es cierto, nos abre un panorama… Yo creo que en la problemática de la discriminación “dentro” de la Justicia tenemos que diferenciar los casos que necesitan abordajes jurídicos diferentes. Para quienes discriminan sabiendo que, a través de una decisión, están discriminando ésta sería, ideológicamente, su definición. Pero la gran mayoría que comete pequeños actos de discriminación no sabe que está discriminando. No sabe que el impacto es, justamente, la discriminación. Discrimina sin saber: discrimina con el lenguaje, con los gestos, con el trato y, en el caso de la Justicia es mucho más grave. Creo que es una minoría, dentro de la Justicia, la que discrimina como decisión. Afortunadamente, para esto ya tenemos la solución: me refiero a la acusación y a la destitución. Hay un camino jurídico. El problema está en el ámbito mucho más amplio de personas que están en el Poder Judicial (como también están en otras áreas) porque provienen, son emergentes, de esta misma sociedad. Y lo mismo sucede en cualquier otra área.
Discriminan porque no se visibiliza la problemática de la discriminación, no advierten que están discriminando. Entonces, me parece que
el desafío, dentro de la capacitación, es llegar a… en fin... ya vemos que en lo judicial a quien discrimina hay que acusarlo y destituirlo. Pero ¿qué hacemos con todo este espectro mucho más amplio que discrimina con pequeños actos (aun con el lenguaje) sin saber que el impacto es discriminatorio. Aquí es donde, para mí, es necesario revalorizar la capacitación. Es importante también deshacerse de los prejuicios que tenemos y que nos llevan a discriminar. En esto es donde hay que trabajar.

—Pero, por ejemplo, ¿qué ocurre con los seminarios que se hacen sobre el tema?
—Los seminarios son voluntarios y, en la mayoría de los casos, terminan asistiendo quienes están más sensibilizados. Con lo cual, ¡nos encontramos siempre los mismos! Lo que tenemos que ver, entonces, es cómo llegamos a “todo” el espectro que produce estos resultados. Allí estamos trabajando en distintas propuestas viendo cómo lo abordamos desde el Poder Judicial. Actualmente estoy trabajando mucho en la universidad en una cátedra abierta sobre la discriminación y la Justicia. Y hablo de la Justicia “para adentro” hacia los funcionarios, los jueces, los empleados.

—Pero, volviendo a lo que señalábamos antes, esta problemática seguramente debe venir desde la educación en la infancia y la adolescencia.
—Sí, viene desde la educación inicial en las escuelas y en cada hogar.

—¿ Y esta capacitación es obligatoria para los jueces?
—Hoy, en Argentina, no es obligatoria para los jueces, pero está en la agenda de la Corte desde que comenzó con las conferencias nacionales de jueces. La primera fue en Santa Fe ocho años atrás por iniciativa de la Corte, y también fue el primer ámbito en el que se reunieron todos los jueces cada dos años con la intención de mejorar el Poder Judicial.

—¿Cuáles son los principales temas que se tocan allí?
—Bueno, uno es la comunicación. Muchas propuestas son difíciles. Por ejemplo, la Oficina de la Mujer. Muchas son propuestas que, en su mayoría, han salido de las conferencias nacionales de jueces. Son propuestas que se plasmaron en logros y en trabajos concretos que se van abordando y continuando. Volviendo al tema, ¿por qué me preocupa la discriminación? Pues porque las grandes catástrofes de la Historia en términos de discriminación no empezaron con hechos sobresalientes. La Alemania nazi empezó, por ejemplo, con “La noche de los cristales rotos”; conductas inaceptables pero que la sociedad fue tolerando, internalizando, y así se fue avanzando hasta llegar a extremos que, vistos hoy, ¡parecen increíbles! Por eso creo que tenemos que estar particularmente atentos ante cualquier episodio relacionado con la discriminación. En ese sentido no podemos dejar pasar el más mínimo gesto discriminatorio.

—Por ejemplo, en la carrera judicial, ¿la discriminación es mayor hacia las mujeres?
—No en forma explícita, porque sería políticamente incorrecto. Pero, obviamente, muchas veces las mujeres son las que más trabajan, las que hacen más carrera judicial, y esto no se refleja necesariamente en los cargos de conducción. Lo mismo ha sucedido en la universidad. Recuerdo que en Santa Fe, cuando era secretaria general de la Facultad de Derecho, la mayoría de las docentes eran mujeres y secretaria de la universidad era ¡yo sola! ¿Qué ocurría que esto no se trasladaba a los ámbitos de conducción?

—¿Cómo se reflejan en la Justicia los casamientos con igualdad de género?
—En un principio (como en el resto de la sociedad) cuesta aceptarlo, internalizarlo. No conozco casos de jueces y juezas casados en un matrimonio igualitario pero ojalá que, algún día, no importe que el hecho exista o no. Todavía cuesta aceptarlo porque la Justicia participa de la
misma problemática que el resto de la sociedad. Igual, hoy, afortunadamente, esto ya ni siquiera se puede verbalizar. Ya es como vergonzante señalarlo. Todo el mundo se cuida para que no se note.

—Hay un reclamo muy fuerte de la sociedad hacia el garantismo que se aplica a veces a los protagonistas de la inseguridad o el maltrato. Esto se vio claramente en la marcha del 3 de junio. El clamor es muy fuerte contra las condenas cortas con las que se suele sancionar a los maltratadores…
—Yo no soy penalista, pero sí creo que mi mirada sobre la inseguridad requiere un abordaje más completo. No se trata solamente de la Justicia. La problemática de la delincuencia no empieza con la Justicia.
Comienza antes, y creo que debe ser abordada más en conjunto. Quizás la Justicia aparece como el final del trayecto del proceso delictivo. Igualmente (¡y reitero que no soy penalista!) me parece que hay que abordarlo más globalmente. Creo que debe primar el sentido común…

—Sí, pero fíjese que la mayoría de las mujeres que acuden a la prensa denuncian, una vez que han ocurrido los hechos de violencia, que, por ejemplo, muchas veces incluyen una orden de “alejamiento” del agresor. Nadie se preocupa por hacer cumplir estos “alejamientos” y los maltratadores vuelven a golpear a sus víctimas…
—Es verdad. Tampoco se supone que los jueces vayan a ubicarse en la puerta de la casa de las víctimas.

 —Sí, pero ¿hasta qué punto la orden judicial obliga a las fuerzas de seguridad a cumplir con la protección de la víctima?
—Por supuesto que la orden judicial obliga. Que se cumpla o no es otra cuestión. A veces hay tal laxitud con el tema del cumplimiento de las normas jurídicas que ésta es una de las cosas que nosotros deseamos cambiar como sociedad. Es fundamental que se respeten las normas. Del mismo modo los fallos judiciales.

—¿Y el garantismo que llega hasta el punto de afirmar que una violación no es tan grave porque la luz estaba apagada? Esto es inaceptable para la sociedad.
—El garantismo escapa absolutamente al sentido común. Por ejemplo, buscar atenuantes (en el caso Piombo era un caso de discriminación) termina en el prejuicio de que si el sujeto ya había sido violado o si parecía con una orientación sexual “distinta” esto ¡podía ser considerado un atenuante! Lo cual, reitero, es un prejuicio claro. No es garantismo. Pero, vuelvo a reiterar, hay cosas que tienen que ver con la falta de sentido común.

—Por eso el ciudadano común se siente muy desprotegido…
—Sí, éste es un reclamo lógico de la sociedad. No sé cuál es la solución (porque no es un tema que yo haya trabajado), pero sí creo que el delito muchas veces llega al juez cuando ya es tarde…


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