Es sabido que las empresas han sido creadas como organizaciones para actuar en el mercado, en donde esperan obtener las ganancias que las animan. Si bien existe una discusión acerca de qué otras funciones la empresa puede cumplir para satisfacer las expectativas del resto de la sociedad, no la hay cuando de dinero se trata: una compañía necesita oxígeno financiero para subsistir y no existirá una si presenta en forma permanente números rojos.
Toda una corriente de la literatura empresarial, se ha dedicado en los últimos años a transitar el camino que lleva de la febril actividad persiguiendo el lucro al de los beneficios que el resto de la sociedad puede obtener de su interacción con la compañía.
Ciudadanía empresarial, responsabilidad corporativa, filantropía empresarial; son sólo algunos de los conceptos tributarios de la idea madre de que las organizaciones productivas no están solas en la sociedad, que tienen derechos pero también obligaciones más allá de su propia actividad(1).
Este cuerpo doctrinario, nada improvisado y riquísimo en cantidad y calidad de autores en el mundo del management moderno, campeó por el 42º Coloquio de IDEA en Mar del Plata. Tanto que la encuesta que anualmente realiza la consultora D’alesio & Asociados entre directivos, incluyó 15 preguntas sobre expectativas de crecimiento o tópicos de responsabilidad social empresarial (RSE), pero ninguna sobre temas más calientes como el control de precios, la política cambiaria, las retenciones o restricciones a las exportaciones y la crisis energética.
A los periodistas nos han enseñado, hace ya tiempo, que no hay respuestas inútiles si las preguntas son inteligentes.
La dicotomía de corrillos privados y discusiones públicas tiene que ver con algunos aspectos que los empresarios consideran irritantes de la política oficial. Si bien la lista es amplia, lo más nombrado es la distorsión de precios relativos que va incubando la economía argentina y que se visualiza en la brecha creciente entre el índice de precios “controlados” y los “libres”; la amenaza de una crisis en el suministro eléctrico y de escasez de gasoil; la caída en la producción de petróleo y gas; la recreación de una legislación y jurisprudencia “prosindical” y el asedio a las empresas de servicios públicos privatizadas que intentan plantar bandera ante sus interlocutores K.
Héroes cívicos. Salvo para alguna industria en particular, ninguna se ve amenazada en el corto plazo, por lo que los costos de jugar el papel de héroe cívico en soledad y los beneficios de conseguir concesiones son todavía considerables.
Pero en el mediano plazo la cosa cambia rápidamente de color y las preocupaciones suben de nivel. Quizá todo este movimiento se inscriba en una tendencia más profunda y de más largo aliento: como un rebote de los cheques en blanco firmados en la década pasada, la consigna es más planificación burocrática, menos mercado, más Estado empresario... quizá con el único freno de la erosión paulatina de los recursos fiscales.
Si creemos que el empresario tiene, efectivamente, obligaciones para con el resto de la sociedad en la cual se mueve y de la cual obtiene recursos para ganar dinero, es lógico deducir que alzar la voz contra variables que afectan no sólo su rentabilidad sino también su sustentabilidad, es una actitud responsable.
PostCoto. “Este es el tipo de reunión que vino luego del castigo a Coto, no hay que darle más importancia que ésa”, reflexionaba un encumbrado empresario, en alusión al diluido resultado del cónclave empresario. Para el economista Miguel Angel Broda, la Argentina podría crecer en los próximos años 4% anual si se conservan los superávit “gemelos” y nada cambia en el contexto internacional. Pero no se producirá el “milagro argentino” sin tocar algunos de los factores clave en la agenda del Gobierno. De hecho, el riesgo país alcanzó la semana pasada el mínimo histórico de los últimos meses: 278 puntos.
El índice de inflación del INDEC arrojó, para octubre 0,9%, una cifra que, proyectada, orilla la ambición del Gobierno de un dígito pero con algunos puntos salientes: la indumentaria (1,9%) y la alimentación (1,3%). La estacionalidad juega acá una partida que obligará en los próximos días a redoblar esfuerzos (llamados oportunos y arengas mediáticas) y a profundizar en los acuerdos de precios, ahora extendidos al año electoral de 2007.
El empleo formal también creció (0,6%, según un sondeo encargado por el Ministerio de Trabajo) pero con muestras de una elasticidad producto cada vez más baja. La recaudación perfora techos nominales nunca vistos, especialmente en IVA, Ganancias y retenciones, al tiempo que la AFIP anuncia un nuevo plan para cercar a los presuntos evasores en operaciones inmobiliarias, un nicho a donde fueron a parar muchas de las inversiones que antes captaban los bancos o los títulos públicos. La tecnología informática de última generación y los cruces de bases de datos van tornando realista la utopía del Gran Hermano fiscal, tan necesaria para financiar las nuevas iniciativas del modelo productivista.
Esto es: mejorar la calidad institucional; respetar las leyes del mercado; planificar la necesidad de infraestructura (en especial la energética) y fomentar la innovación tecnológica. Todas asignaturas pendientes en la Argentina y por las cuáles los empresarios podrían sinergizar esfuerzos para que su posición encuentre respuestas favorables. Además de saludable para el azul de sus balances, también lo será para sus vecinos de ciudadanía.
(1) https://www.iadb.org/csramericas/2006/sections_sp/becas.asp