sábado 18 de septiembre de 2021
COLUMNISTAS CUMPLEAÑOS
31-10-2020 22:33

Juan José Sebreli

Este 3 de noviembre cumplirá 90 años Juan José Sebreli, uno de los mayores filósofos subversivos de América Latina; alguien que, en una época en que algunos piensan con la profundidad de un tuit, en cada libro nos permite conocer lo que está debajo de algunos mitos.

31-10-2020 22:33

En 1953 Isaiah Berlin publicó el ensayo “El erizo y el zorro” usando simbólicamente a estos animales para clasificar a los pensadores en dos categorías. 

Erizos. Dijo que por un lado existen los erizos, que quieren reducir la complejidad y la diversidad de lo que existe a una sola idea. Necesitan una verdad unívoca que ordene todo a partir de una teleología que diga claramente lo que está bien y lo que está mal. Creen que la vida tiene un fin, la historia tiene un orden y que cuando la realidad se equivoca, hay que amoldarla a sus creencias. Debe existir una moral en blanco y negro, toda pregunta debe tener una sola respuesta correcta y las alternativas son falsas.

Se encierran, conversan entre ellos, tratan de no moverse mucho. Les gusta que les condecoren en las sectas a las que pertenecen porque nunca discreparon en 50 años, aunque sean grupos que se dicen revolucionarios y críticos. En esos grupos heterodoxos hay que ser ortodoxo. 

A los erizos les gusta tener un libro sagrado, un líder indiscutible. Deforman la historia para sentirse trascendentes. Para cada momento tienen una verdad eterna, que puede cambiarse por otra, con tal de que también sea eterna. Alguien puede ser Tacuara y pasar con el mismo entusiasmo al pensamiento castrista en pocos días. No importan los contenidos, pueden ser cristianos, marxistas, islamicos, terraplanistas o cualquier otra cosa, con tal de que esa ideología les permita ser vitalmente ortodoxos.

Isaiah Berlin clasificó a los pensadores en dos categorías: erizos y zorros

Abundan los erizos predicadores. Creen ser poseedores de la verdad,  con la autoridad moral para imponerla a los demás. En su relato, ellos son los buenos que luchan con un mal que conspira y acecha. En el siglo XIII el Doctor Angélico elaboró un sistema de verdades que duró más de 500 años, sacralizado por la Iglesia. ¡Que gran erizo fue Santo Tomás! En 1970 todavía lo estudiábamos en un filosofado suareciano de los jesuitas. Cada tesis terminaba con una catarata de silogismos que refutaban a los adversos como Escoto, pero no se debía demostrar que Santo Tomás estaba equivocado. Para hacerlo usaban la fórmula  “en contra de Cayetano decimos…” para rebatirle a través de los textos de su secretario, San Cayetano, sin atentar en contra del erizo sagrado. 

Los erizos defienden las causas en las que creen, pase lo que pase, aunque la realidad diga lo contrario. Han existido erizos en todas las corrientes de pensamiento, defendieron los procesos de Moscú, el Holocausto, el falangismo, a Kadafi, a Sendero Luminoso, a Videla, a Ceausescu y a la dinastía de los Kim, sometiendo al pensamiento a mitos románticos apocalípticos, tanto más coherentes cuanto más alejados de la realidad.

¿Cuánta confianza tiene usted en la dirigencia argentina para salir de la crisis?

Zorros. En el otro extremo están los zorros, incapaces de reducir la realidad a una idea. Desconfían de las verdades absolutas, perciben que el mundo es complejo, tumultuoso, inaprehensible, se sumergen en el río de la vida y disfrutan de la turbulencia de sus contradicciones. 

Recordando el “todo fluye” de Heráclito, saben que no es posible bañarse en un mismo río, y les apasiona saber que aunque parezca el mismo cauce, Panta rei, todo fluye, el agua es siempre distinta. Detrás de la ilusión de la permanencia está la realidad del cambio. No les gusta el mundo en blanco y negro de los erizos, aman los colores, los que existen y otros que inventan. Buscan lo nuevo, no están seguros de cuál es el principio y el fin del universo. Cuando reflexionan sobre esto encuentran a Dios perdido en un laberinto. 

El erizo quiere catequizar, el zorro preguntar. Dos filósofos llegaron a la conclusión de que las verdades no son unívocas. Uno fue Bertrand Russell, un zorro agnóstico que tomó su escepticismo como una aventura. Escribió el Principia Mathematica para inquietar con los números trans infinitos de Cantor, a quienes creían en los límites de los números naturales. Pacifista acérrimo, terminó preso por oponerse a la guerra mundial. Se rió del poder en su novela Satán en los suburbios con la que consiguió el Nobel de Literatura. Cuando era un joven de 92 años escribió un texto genial sobre Woodstock. El otro fue Ludwig Wittgenstein, un erizo creyente al que la incertidumbre le angustió, viajó a Suiza para suicidarse y en ese trance escribió el Tractatus Logico Philosophicus que termina diciendo que ante la incertidumbre es mejor callar. 

Los zorros son subversivos. La palabra viene de sub (abajo), y vertere (dar vuelta), constantemente dan vuelta los conceptos y ven lo que está debajo. En esa tarea, pueden encontrar que debajo de algunas  organizaciones ideológicas marxistas, que se hicieron románticas, no existe nada del Carlos Marx hijo de la Ilustración.

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Sebreli. Este 3 de noviembre cumplirá 90 años Juan José Sebreli, uno de los mayores filósofos subversivos de América Latina, no porque participa de alguna guerrilla tercermundista, sino porque en cada libro nos permite conocer lo que está debajo de algunos mitos. En una época en que algunos piensan con la profundidad que les permite un texto de tuit, parecería que la filosofía no sirve para nada, pero sin rigor lógico no existe trabajo intelectual serio, ni conocimiento científico. 

Sebreli nació en 1930, cuando Argentina iniciaba el proceso que la llevó de ser uno de los países mas ricos del mundo a lo que es hoy, una nación en permanente crisis afectada por gobiernos castrenses y doctrinas mágicas. Uno de los principales ejes del pensamiento de Sebreli ha sido la defensa del iluminismo y de la razón frente al romanticismo y la irracionalidad que se han impuesto en sectores de Occidente.  

Inspirado en Marx, Hegel y Sartre, Sebreli critica a las izquierdas que se entregaron al romanticismo, adoptando postulados reaccionarios, nacionalistas y populistas. Este abandono de la razón se impuso en el ámbito académico gracias al estructuralismo y sus secuelas, que eclipsaron las ideas ilustradas. En sus textos, en particular en El malestar de la Política, Sebreli estudia los orígenes románticos del nacionalismo, del populismo, de las izquierdas pseudomarxistas.

Marx dijo que no era marxista rechazando algunas doctrinas dogmáticas que decían desarrollar su pensamiento. Si estuviese vivo se indignaría con quienes usan su nombre para respaldar a gobiernos mágicos como el de Rosario Murillo o a militares que hablan con pajaritos como Maduro. De hecho estaría lejos del bolivarianismo y de Bolivar, cuya biografía escribió para The New American Cyclopedia. 

La defensa de Sebreli del Marx ilustrado lo distanció de la mayoría de las izquierdas que asumieron el nacionalismo y el populismo. Sobre Marx dice en Dios en el laberinto: “el pensamiento de Marx, mención errada de algunos ideólogos cristianos, no tuvo nada que ver con la guerrilla, ni con el terrorismo, ni con la teoría del foquismo, o la vanguardia revolucionaria, ni tampoco con populismos y nacionalismos; por el contrario él se opuso a los movimientos similares de su época.”

Sartre. A Sebreli le pasó algo semejante con Sartre, el autor que orientó la primera etapa de su desarrollo intelectual. Según cuenta, en esa etapa de su vida, lo leía incansablemente en la Biblioteca Nacional, buscando claves para comprender la realidad. Sebreli adoptó el existencialismo sartreano, para reflexionar sobre el ser humano, la historia, él mismo y su país. Cuando Sartre se convirtió en un militante que repartía panfletos defendiendo la dictadura de Mao, perdió su espíritu subversivo y paso a defender a un poder absoluto. 

La mezcla del Marx ilustrado con el Sartre subversivo hizo de Sebreli una rara avis, un intelectual que no adhería a las modas académicas y políticas de su tiempo. Los intelectuales que piensan con libertad fastidian a los creyentes. El es un autor inclasificable, que no reconoce ninguna ideología como síntesis definitiva de lo que piensa, y acepta la incertidumbre como algo esencial en su visión del mundo. 

Los erizos tienen un libro sagrado. Los zorros desconfían de las verdades absolutas

En un artículo escrito cuando tenía 19 años, aparecido  en la revista Existencia, en la que Sebreli y algunos amigos analizaban la realidad a través de la filosofía de Sartre, nuestro autor rechaza la pretensión de encasillar a las personas a partir de un rasgo único de su identidad. Habla de Oscar Wilde, quien quiso ocultarse detrás de su imagen de homosexual, reduciendo su identidad a esa nota de sí mismo. 

Sebreli dice que la vida humana es una tarea libre, abierta, inconclusa, y que esas reducciones, aunque vengan del propio sujeto, son injustas, porque cada ser humano es inclasificable porque toda la vida es el desarrollo de una libertad. 

En el último capítulo de Dios en su laberinto se declara agnóstico, aclarando “que el agnosticismo no es ni religión, ni ciencia, ni filosofía, sino una actitud del pensamiento que se plantea preguntas sin poder dar respuestas certeras, sino tan solo conjeturas, suposiciones. Trata de saber cuáles son las cosas que no se sabe -las preguntas últimas- y sigue tratando encontrar respuestas. Esa es la diferencia entre escepticismo puro y duro que no espera nada, y el agnosticismo expectante”.

Habla sobre su actitud frente la muerte: “a pesar de este incierto futuro, todavía puede alimentarse la esperanza de sobrevivencia a través de la cultura. Aunque no estaré presente para enterarme, me alegra la idea de que una página mía reviva en la búsqueda de algún futuro lector con pasión de arqueólogo y obsesión de coleccionista, rastreando papeles amarillos en una biblioteca o en una librería de viejo si éstas sobreviven. No seré tal vez un total ‘olvidado’, porque he sido algo conocido, pero tampoco tendré el esplendor de los olímpicos, porque no he realizado ninguna de las hazañas ni he estado instalado en ninguna de las instituciones que aseguran honores póstumos, sino al margen de ellas, más bien con una calificación que Habermas usó para referirse a ciertos tipos singulares: ‘un tipo diferente’”.

Conversar con Sebreli es un privilegio. Su mente está abierta a toda idea renovadora. En una ocasión se interesó por un tema que me apasiona, el fondo cósmico de microondas que se originó 379.000 años después del Big Bang, que a su vez ocurrió hace unos 13.800 millones de años. Con la Gran Explosión se generaron trillones de mundos como el nuestro, en los que posiblemente existan formas de vida inimaginables. Conversando sobre esto, resulta cómico recordar que algunos políticos creen que ellos mismos o sus proclamas son eternos. 

En los próximos días se realizará un interesante maje a Sebreli que se podrá seguir por YouTube.

*Profesor de la GWU. Miembro del Club Político Argentino.