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La Armada, ex montoneros y la Operación Algeciras

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No es la primera vez que Argentina, España y Gran Bretaña se entremezclan en Gibraltar, haciendo foco en las Malvinas. Mientras Mariano Rajoy analiza sumar a Cristina Kirchner a su estrategia diplomática contra David Cameron, es interesante recordar aquel alocado plan de la Armada argentina para atacar naves británcias en el Peñón de Gibraltar durante la Guerra de las Malvinas.

La Operación Algeciras fue un plan secreto de la Armada, aprobada por el almirante Jorge Isaac Anaya. El objetivo era enviar un comando integrado por un marino para que trabajaran con ex montoneros que habían cambiado de roles y, luego de ser capturados por la dictadura, empezaron a trabajar para los servicios de inteligencia militar.

Se los iba a trasladar hasta la ciudad española de Algeciras, ubicada frente al Peñón, que fue usurpado por Gran Bretaña a España en 1704. Los argentinos llegaron a España con pasaportes falsos y simulando ser turistas. Debían hospedarse en un hotel, buscar el objetivo, atacar y fugarse. Si eran capturados, la orden era que simularan ser miembros de la guerrilla.

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El protagonista principal de esta oscura historia fue Máximo Nicoletti, ex miembro de Montoneros. El propio Nicoletti confesó al diario británico The Sunday Times que el comando fue dirigido por el capitán del Servicio de Inteligencia Naval Luis D’Imperio, el sucesor de Jorge “El Tigre” Acosta en el Grupo de Tareas 33/2 de la ESMA.

Llegaron a fines de abril de 1982. El plan era llegar a la bahía de Gibraltar a bordo de un gomón, simulando ir de pesca al atardecer. Debían hundir el gomón y después llegar hasta la nave británica buceando con los explosivos para colocar las cargas en el casco del barco. El 3 de mayo, un día después del hundimiento del Belgrano, la Junta Militar ordenó al comando la destrucción de cualquier barco británico, lo antes posible. Y se enfocaron en el Ariadne, que llegaría los primeros días de junio a Gibraltar.

Pero la misión fue abortada el 31 de mayo, cuando las fuerzas de seguridad españolas detuvieron en Málaga a dos personas que conducían un auto alquilado. La policía los tenía en la mira porque le había llamado la atención el alto nivel de divisas que manejaban y los descontrolados gastos que producían. Se sospechaba que eran narcotraficantes o miembros de ETA.

Cuando la policía interrogó al sospechoso, se produjo la sorpresa: “Soy el capitán Fernández, de la Armada argentina, y estoy en una misión secreta. Desde este momento me considero prisionero de guerra y no diré una palabra más”. Los españoles detuvieron a otros dos sospechosos en el pueblo de San Roque: escondían unas bolsas de plástico cargadas con tres minas italianas, 20 kilos de trotyl y mecanismos de relojería que habían ingresado a mediados de abril a Madrid por valija diplomática.

La operación era una copia de la que realizaron los italianos en la Segunda Guerra Mundial, cuando con buzos y torpedos humanos hicieron estragos en la flota inglesa, que recalaba en el puerto de Alejandría.