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domingo 18 enero, 2015

La asignación universal de Friedman

default Foto: Cedoc
domingo 18 enero, 2015

Hace unos años, en un trabajo de Cippec, proponíamos el reemplazo del sistema previsional contributivo por una asignación universal para adultos mayores, eliminando de paso los impuestos al trabajo que castigan al empleo y la formalidad. La propuesta no era nueva; de hecho, una variante figura desde hace años en la plataforma de un partido político local. Pero la idea de un ingreso universal es mucho más vieja. Entre sus precedentes se cuentan, por ejemplo, la asignación de diez dinares del califa Abu Bakr, suegro de Mahoma, o el dividendo ciudadano del revolucionario estadounidense Thomas Paine.
“Debemos crear empleo y debemos crear ingreso. El pueblo debe convertirse en consumidor de una manera o de otra. La solución a la pobreza es abolirla directamente mediante el ingreso garantizado,” escribía Martin Luther King en 1967. En 1968, año del asesinato de King, 1.200 economistas (incluyendo liberales como James Tobin o Paul Samuelson y conservadores como Milton Friedman) firmaron una carta al Congreso de los Estados Unidos pidiendo el ingreso universal. Nixon respondió proponiendo el Plan de Asistencia Familiar, que sustituiría en una sola asignación universal los distintos programas sociales. El plan sucumbió a la resistencia de asistentes sociales temerosos de perder su trabajo, líderes sindicales temerosos de perder su influencia y trabajadores de clase media renuentes a subsidiar al desocupado con impuestos; en 1972, año electoral, Nixon cajoneó la idea. Pero no deja de llamar la atención que una iniciativa que hoy parecería emblemática de la heterodoxia populista fuera promovida hace apenas 45 años por el padre de la escuela de Chicago y estuviera a punto de ser aprobada por un gobierno conservador.

El ingreso básico tiene al menos dos problemas. El primero, como advertía el mismo King, es que el trabajo tiene un valor social: por cuestiones culturales o psicológicas, la gente prefiere estar ocupada a quedarse todo el día sin hacer nada (por eso, King sugería remunerar el voluntariado como contraprestación). Pero este obstáculo podría subsanarse fácilmente reduciendo la jornada laboral y complementando el menor salario con el ingreso universal. O incluso con un impuesto a las ganancias negativas como el propuesto por el mismo Friedman, con el que el Estado le paga al trabajador si gana menos que el mínimo no imponible.

El segundo problema de estas iniciativas es el financiamiento. Un aumento de impuestos para pagar el ingreso universal reduce la ganancia marginal del empresario, lo que podría inhibir la inversión y la innovación y, en última instancia, la creación de riqueza (el tamaño de la torta a repartir). Sin embargo, Peter Diamond y Emmanuel Saez sugieren en un trabajo reciente que la carga impositiva máxima óptima superaría el 75%. Y otros estudios no encuentran una conexión significativa entre el nivel de tasas y el crecimiento en los EE.UU. El dilema entre crecimiento y equidad, al parecer, deja algún margen de maniobra.

Un aspecto relacionado con el anterior tiene que ver con el valor privado de los derechos de propiedad. A medida que el ingreso se concentra en manos de los dueños del capital (físico y humano) –algo que la revolución tecnológica tiende a profundizar–, se eleva el valor de los servicios prestados por el Estado para preservar la seguridad y la propiedad de estos recursos, o para facilitar la reproducción de riqueza generando conocimiento básico (o conteniendo protestas sociales). No sería injusto que esta revalorización de los servicios públicos se reflejara en la escala de impuestos.

El Nobel de Economía Wassily Leontief pronosticaba en 1983 que “el rol de los humanos como insumo de la producción disminuirá como disminuyó hasta desaparecer el rol de los caballos en la producción agrícola con la introducción de los tractores”. A medida que el trabajo pierda terreno, caerá su participación en el producto, bajará el empleo y se concentrarán las rentas (todo lo cual ya viene sucediendo, con intensidad variada, desde hace años). ¿Cuánto falta para que alguna variante del ingreso universal vuelva a
entrar al debate de la distribución del ingreso?

*Economista y escritor.


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