sábado 10 de diciembre de 2022
COLUMNISTAS Sentimientos

La aventura de amar

28-10-2022 23:55

Tantas historias de amor y parecen no agotarse nunca. La literatura continúa ofreciendo nuevas formas, quizá reflejo de variaciones actuales, o vueltas sobre lo mismo en apariencias diferentes. En todo caso, leyendo a Lydia Davis, me encuentro con una original manera de contar otra historia de amor. Por un lado, desde el final, cuando todo está perdido. Solo restan algunas oleadas eróticas o desesperadas que habilitan menguadas esperanzas al tiempo que fundamentan la dificultad de separación. Por el otro, la escritora intenta separar la historia de amor “propiamente vivida” de la novela que emprende para contarla. “Si alguien me preguntara de qué trata la novela, le diré que de perder a un hombre”. O sea, la novela “trata”. Es un intento de. Una posibilidad de encontrarle la vuelta, la forma, a una historia de amor. Y sobre todo a una historia de amor que acaba de terminar. 

¿La protagonista escribe la novela para entender su final, o termina realmente su historia de amor cuando comienza a escribir la novela? No deja de ser astuta su respuesta a lo que no puede proseguir, pues decide darle forma de novela, haciendo que su historia de amor continúe de algún modo… Aunque más no sea contando lo que ya no es. “He sido incapaz de escribir este libro sin reflexionar sobre el acto de escribirlo.” Quizá lo más concreto de una pérdida sea justamente lo imposible de hallar. Esa parte nueva que surge como desconocida y que se vuelve lo más íntimo del amor. Y uno se entera que era parte de uno en el momento en que la pierde, ya que antes de que estuviera el otro, eso propio no existía… Parece complicado. 

¿La protagonista escribe la novela para entender su final o termina su historia cuando escribe?

Lydia Davis, en esa gran novela recién aparecida en español, El final de la historia (Alpha Decay), lo narra espléndido: “Una parte de mí había arraigado en él y, al mismo tiempo, una parte de él había arraigado en mí. Y en él seguía esa parte de mí. Tampoco sabía qué hacer yo con la parte de él que había arraigado en mí. Sentía dos heridas: la herida de tenerlo dentro todavía y la herida de la parte de mí que, dentro de él, me había sido arrancada”. 

Sigue siendo una aventura corajuda, la de amar.