Yo no sé cuán en serio se pueda tomar el encontronazo entre Fito Páez y Ricardo Arjona.
Cuando discuten dos filósofos (¿Benjamin y Adorno?) las posiciones opuestas no sólo son opuestas sino también ambas verdaderas. Cuando discuten dos científicos (¿Mandelbrot y Prigogine?) se entiende muy poco; pero todo lo que se entiende es fascinante. Cuando discuten dos tipos que acaban de chocar sus autos, uno de los dos tendrá forzosamente razón, porque hay leyes, pero no necesariamente habrá acuerdo.
Pero cuando discuten dos artistas (no hay ironía, me refiero a dos personas cuya eficacia tiene que ver sólo con el gusto) todo se presta para la chacota. No se deduce verdad alguna, ni ocurre fascinación técnica en la ininteligibilidad del asunto, ni mucho menos se puede hablar de leyes que garanticen la razón de uno u otro. ¿Será ese desplazamiento hacia una zona de vacío bastante inútil, hacia un vacui no horroroso, el que tanto me hace reír? Los análisis eruditos sobre Arjona no son verdaderos ni falsos, sino muy entretenidos. No sirven mucho para ir al meollo: por qué lo vulgar gusta muchísimo, tanto como para querer revertir la ecuación y afirmar que si gusta mucho, es porque es vulgar. Vaya lío. Porque vulgar es una palabra que ofrece sólo connotaciones negativas. En vez de significar lo que debería significar: del gusto de casi todos, del gusto del vulgo.
Hay algo teatral, perverso, en esperar de Aliverti –por ejemplo– una opinión cuasi-política. La franqueza de su repulsión por Arjona (“un terrorista métrico-sintáctico”) es conmovedora por apasionada. Pero muy graciosa. Tal vez por ser una causa perdida: Arjona seguirá vendiendo tanto como quiera. El secreto de su éxito radica en que su público se reconoce en un código singular, sin importar qué valores haya detrás: tal vez no les provoque la conmoción que a mí un Unamuno o un Joyce, pero les crea un “nosotros” y con eso alcanza. Es como una camiseta de fútbol. Algo inexplicable para los que no logramos comprender esa metonimia que hace a un hincha decir “ganamos” cuando los que han ganado son los 11 que jugaban. Misterio. Vacío. Contradicción. De eso se forja toda estética. Incluso las más feas.
La calidad es una incógnita
Yo no sé cuán en serio se pueda tomar el encontronazo entre Fito Páez y Ricardo Arjona.