El camino de despedida de Cristina Kirchner ya está definido. En los últimos tres meses, el Gobierno aumentó en unos 100 millones de pesos las transferencias a los sectores de menores recursos con una sucesión de medidas que fueron desde incrementos a la asignación escolar hasta subsidios para quienes consumen garrafas. El Gobierno quiere consolidar la simpatía, ahora y en el futuro, del sector del electorado que considera la base de su fortaleza política. En las semana s venideras se sumarán anuncios para la clase media. Para la oposición se trata de dardos envenenados sembrados para que las cuentas públicas eclosionen en el próximo gobierno. Cualquiera sea la intención, las transferencias consolidan ingresos que se instalan con la fuerza de derechos adquiridos. Luego de diciembre, cualquier golpe de timón virulento en la economía puede desatar una crisis política.
De ahí que los economistas con experiencia en el difícil equilibrio entre las finanzas y la realidad se aferran a la palabra “gradualismo”.
Los anuncios se mantendrán en los meses venideros y continuarán engordando la canilla de salida. Mientras, el resultado fiscal es negativo y el financiamiento está cerrado. La inflación bajó pero sigue en niveles acuciantes. A todas luces, Cristina Kirchner pavimenta una pista de despegue con el anhelo inconfeso de que las dificultades del futuro lleven a su electorado a extrañarla. No piensa en un sucesor sino en su propio regreso.
Pero las tormentas que insinuaba el verano para el Gobierno parecen disiparse. Cristina Kirchner mantiene el apoyo de una tajada envidiable del electorado. La semana pasada, el acto por el aniversario del golpe cruzó a la dirigencia kirchnerista en la Plaza de Mayo. Había clima de euforia, hasta tal punto que más de uno alentaba en sus comentarios la idea de ir con un candidato puro a las elecciones presidenciales. En el imaginario de La Cámpora, el término “puro” excluye tanto a Daniel Scioli como a Florencio Randazzo. La forma como Cristina Kirchner promueve a Axel Kicillof también hace temer a los aspirantes oficialistas a la Presidencia el peligro de exclusión. En el acto del jueves, los anuncios que solían entregarle a Débora Giorgi o Julio De Vido quedaron para el regodeo del ministro de Economía. Así las cosas, en la práctica, Kicillof ejerce como un jefe de Gabinete. Y Aníbal Fernández como un tradicional ministro del Interior.
Cristina Kirchner sólo considera incondicionales a los jóvenes camporistas. Unicamente de su interior podría surgir un sucesor que ella aceptara como propio. Pero la herencia de más de una década de kirchnerismo deja poco lugar para el continuismo a ultranza. De ahí las características de un plan de salida que suena a despedida.