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La importancia del diálogo

El proceso electoral fue viciado genéticamente con la decisión presidencial –sorpresiva e inconsulta– del adelanto de la fecha de las elecciones. A la luz de los resultados, lo que pretendió ser para el oficialismo un mecanismo para evitar la reiteración de su propio derrumbe en cada elección provincial, terminó poniéndolos frente a un estruendo para el que no estaban preparados.

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El proceso electoral fue viciado genéticamente con la decisión presidencial –sorpresiva e inconsulta– del adelanto de la fecha de las elecciones. A la luz de los resultados, lo que pretendió ser para el oficialismo un mecanismo para evitar la reiteración de su propio derrumbe en cada elección provincial, terminó poniéndolos frente a un estruendo para el que no estaban preparados.
No pudieron ni las candidaturas truchas, la presión sobre intendentes para hacerlos jugar de la peor forma, “toda la carne a la parrilla” con Kirchner, Scioli, Massa, el invento de Nacha y Ballestrini, y el uso del aparato estatal y los recursos públicos, evitar el desenlace que sólo ellos fueron incapaces de advertir. Los errores se sucedieron en la campaña, la confrontación permanente, la estrategia anti De Narváez que terminó siendo el boomerang que pegó de lleno en Néstor, la indiferencia frente a los conflictos y demandas sociales; pareció hecho a propósito, como si hubieran querido beneficiar a su peor adversario o ungir al heredero del postkirchnerismo.


La otra característica de la campaña fue el obsceno gasto de campaña del otro candidato peronista que, aun hoy, parece exculpado de haber violado todas las normas que establecen límites a tiempos, gastos y aportes de campaña. La sociedad aplaudía eufórica el ascenso del personaje a quien vieron, claramente, como el verdugo vengador que se quedaría con la cabeza del animal al que todos querían sacrificar. Esta ha sido su mayor virtud: representar el sentimiento generalizado de un pueblo harto de una forma de gobernar, de mandar y de hacer negocios. La estrategia publicitaria fue exitosa y ha nacido entonces una nueva práctica para la competencia que echa por tierra cualquier discurso a favor de la calidad institucional, que no existe si la competencia política electoral depende de los gastos de la campaña, del uso de los recursos públicos o de la fortuna personal de los candidatos.

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El Acuerdo Cívico y Social se conformó no sin tensiones propias de un aglutinamiento de buenas voluntades, forzado por la presión de los tiempos. El mapa postelectoral nos muestra como la fuerza política ganadora por el desarrollo territorial de su representación y la cantidad de legisladores que ingresarán en diciembre al Congreso de la Nación. Frente al retroceso del kirchnerismo (que ha perdido más de 15 puntos en relación a la elección anterior y más de 25 bancas propias), y frente a una fuerza política limitada a la Capital y la Provincia de Buenos Aires que no conformó listas en el resto del país, somos la única alternativa real con capacidad de reemplazar a quienes gobiernan hoy la Nación en el año 2011, y sabemos que nuestra fortaleza radica en la unidad del espacio.
Ahora se impone hablar de “el sentido del voto”. Primera conclusión: la volatilidad del sufragio, el fracaso de los aparatos como única opción para ganar. Segunda: la mediatización de la política, la necesidad de adaptar el mensaje y las estrategias de campaña a un electorado más dispuesto a ser seducido por la TV que a racionalizar su decisión participando de un acto político. Tercera: el equilibrio del poder. La representación ha sido distribuida de tal manera que el consenso, el acuerdo, la convivencia política y el diálogo son elementos propios de la democracia de este tiempo. El oficialismo sigue siendo la primera minoría y mantiene altos niveles de representación en provincias en manos de un justicialismo que reclama cambios. La oposición no podrá imponer un número propio. El Acuerdo es la principal fuerza de oposición, con los bloques parlamentarios más numerosos. Pero también existe una fuerza en potente crecimiento que aparece como una limitante hacia las otras dos: será PRO-peronismo –y también debe considerarse el Proyecto Sur– quienes tendrán que definir con mayor claridad su propio posicionamiento frente al tironeo natural que se dará entre las filas del Gobierno y de la oposición. La mayor responsabilidad que hoy recae sobre todas las fuerzas contendientes es preservar el equilibrio, restaurar la calidad democrática, recuperar la república e incorporar al ciudadano al escenario de la política.

*Diputada electa del Acuerdo Cívico y Social.