miércoles 16 de junio de 2021
COLUMNISTAS PROGRESO
17-01-2021 01:43

La ley Moore y el pobrismo

Si las grandes corporaciones depreciaban la meritocracia y contrataban a trabajadores mediocres, habríamos permanecido en el oscurantismo. Todos tenemos acceso a la tecnología porque algunos invirtieron billones de dólares y mucha gente preparada trabajó para eso, no porque un político hizo demagogia repartiendo computadoras subsidiadas.

17-01-2021 01:43

En 1969, la misión Apolo 11 puso a los primeros seres humanos en la luna. Fue un triunfo gigantesco de la ciencia, en el que participó la computadora AGC producida por el MIT con el trabajo de más de 800 científicos durante siete años.

Costó cientos de millones de dólares actuales y tenía el tamaño de una maleta grande de viaje, cuando las computadoras normales ocupaban el espacio de un edificio. Si no se lograba reducir su volumen, simplemente no habría entrado en la nave. Aunque en ese momento parecía un portento tecnológico, tenía 72 KB de RAM, mientras hoy cualquier teléfono inteligente tiene 4 GB de RAM, un millón de veces más que la de la AGC

Hace 50 años parecía que los ordenadores estarían siempre fuera del alcance de la gente común, pero eso lo negó la realidad. Gordon Moore postuló la ley que lleva su apellido, que dice que todos los años se duplica la capacidad de los microprocesadores y su precio baja a la mitad. El resultado es que actualmente todos tenemos poderosas computadoras en el bolsillo sin que el Estado haya tenido que subsidiar su producción. La actual Ley de Huang dice que la ley de Moore quedó corta. El desarrollo tecnológico se aceleró. En los últimos ocho años la capacidad de los microprocesadores se ha multiplicado 317 veces.  

La computación cuántica basada en el uso de cúbits dio un gran paso. Tendrá una capacidad miles de veces mayor que la computación convencional. Tuvo un gran impulso cuando los Institutos Max Planck y la Universidad de Niels Bohr lograron transmitir información cuántica usando como vehículo la luz. Estamos a punto de que las ciencias y la técnica den otro salto exponencial.

Atraso. Un periodista argentino me preguntó “¿qué participación pedirán en el gobierno de Biden las empresas de Internet que bloquearon las cuentas de Trump? ¿Qué beneficios del estado buscarán con los demócratas?” .

Pero los valores y los sueños de esos grupos no se parecen a los de los líderes clientelares de los países subdesarrollados, o a los de los sectores más atrasados de Estados Unidos, como los que tomaron el Capitolio. Personas como Jeff Bezos o Bill Gates no tienen ningún interés en ser funcionarios públicos ni en buscar subsidios del Estado. Sus empresas pesan en el mundo más que la mayoría de los países de nuestra América Latina y funcionan dentro de un paradigma distinto.

Elon Musk, el hombre más rico del mundo, dueño de Tesla, dijo: “La gente me ataca porque tengo todas esas posesiones, todas esas casas. Muy bien, ya no las tendré más”, las venderá para financiar la creación de una colonia humana en Marte. Espera iniciar el proyecto en seis años y que tenga en 2050 un millón de habitantes. Conectadas con las grandes corporaciones del mundo trabajan millones de personas y emprendimientos que son prósperoe independientes.

Es muy grave que se detenga el desarrollo de la red con políticas clientelares

¿Qué hubiese pasado si un defensor del pobrismo proponía en 1969 que era mejor dejar de inventar cosas y acumular dinero, para popularizar las computadoras con 73K? Todavía las estaríamos repartiendo, no habría progresado la ciencia y los ordenadores serían para minorías.

Si las grandes corporaciones depreciaban la meritocracia y contrataban a trabajadores mediocres, habríamos permanecido en el oscurantismo. Todos tenemos acceso a la tecnología porque algunos invirtieron billones de dólares y mucha gente preparada trabajó para eso, no porque un político hizo demagogia repartiendo computadoras subsidiadas.

La educación del texto fue un avance de la primera revolución industrial, actualmente parece indispensable que la gente sea alfabeta. Con la tercera revolución industrial pasó algo semejante con los ordenadores y la Internet. Quien no navega está excluido de la sociedad contemporánea y padece una especie de analfabetismo del siglo XXI. Por eso fue tan trascendente que cinco millones de argentinos accedan a la Red en los últimos cinco años y es tan grave que el pobrismo detenga el desarrollo de la Internet con políticas clientelares.

No hay razón para que los latinoamericanos nos consideremos inferiores y nos conformemos con que en nuestros países se produzca menos del 5% de los conocimientos que se crearon en el último año en el mundo.  

Tampoco para que tengamos siempre lo de peor calidad por razones ideológicas. Thomas Khun postuló en “La estructura de las revoluciones científicas”, que en cada momento existen en cada ciencia paradigmas que le dan sentido. El paradigma no es otra cosa que el consenso de la comunidad científica que trabaja en una disciplina. Se lo averigua leyendo revistas especializadas. Si quiere tener información seria sobre el Covid y las vacunas, puede consultar online The Lancet, el New England Journal of Medicine o Jama. En todas ellas está claro que las vacunas Pfizer, Moderna y AstraZeneca son las que ofrecen mayores garantías. Se las aplicaron personalidades como el Papa, Joe Biden, Mike Pence, Benjamin Netanyahu, reyes y líderes de Europa y América.  

Vacunas. Dada la naturaleza de sus gobiernos autoritarios, las vacunas rusas y chinas no han dado a la comunidad científica internacional una información confiable sobre su trabajo. Es ese tipo de sociedades no existe la mayor garantía de veracidad de las sociedades democráticas que es la prensa libre. Si algún vacunado tiene problemas en un país democráticos la prensa denuncia el problema. En China la periodista Zhang Zhan denunció la existencia del Covid y fue sentenciada a cuatro años de prisión por “provocar altercados y buscar problemas”. Su trabajo habría salvado miles de vidas y en Occidente le habrían otorgado el Pulitzer. En países como Corea Norte y Nicaragua, durante un buen tiempo, no hubo enfermos porque simplemente les ejecutaban o se decía que habían fallecido por una imprevista neumonía.

¿Por qué tenemos que aplicar en Argentina una vacuna que solo compran Bielorrusia y Venezuela? ¿Por qué nuestros adultos mayores deben inyectarse algo a lo que teme el propio Vladimir Putin? Aunque la ideología empuje a mandar misiones secretas para conseguir vacunas en el acorazado Potemkin hay que recordar que la URSS ya se acabó.

Existe una importante discusión acerca de si la tercera revolución industrial conducirá a una occidentalización forzada de otras culturas. El texto más interesante que se ha publicado sobre el tema es el del filósofo chino Yuk Hui, “Fragmentar el futuro. Ensayos sobre la tecnodiversidad”, editado en español recientemente en Argentina.  El autor enseña en la Universidad Bauhaus en Weimar y en la Escuela de Medios Creativos de la Universidad de Hong Kong. Su principal temor está desmentido por algunas experiencias como Japón, los Emiratos Arabes Unidos, India, Corea del Sur y otros.

En el mundo islámico fracasaron los intentos de imponer por la fuerza la cultura occidental tanto en el Irán de Reza Pahlevi, como en la Turquía de Gamal Ataturk. Esos experimentos, impulsados por líderes locales, chocaron con la cultura islámica y terminaron fracasando a manos del Ayatollah Ruhollah Khomeini y Recep Erdoğan.  La suerte de los gobiernos impuestos por los Estados Unidos en Irak y Afganistán será peor, solo tienen que revisar lo que pasó con Ngô Dình Diem en Viet Nam.  

Emiratos. La tercera revolución industrial tiene una aplicación alucinante en los Emiratos Árabes Unidos que, conservando la cultura islámica, porque están aplicando la tecnología de punto para enfrentar el futuro.  

Quien no navega por Internet padece una especie de analfabetismo del siglo XXI

El primer ministro, el jeque Mohammed bin Rashid al-Maktoum, es un líder visionario que piensa estratégicamente lo que ocurrirá en las próximas décadas. Sabe que el petróleo se agotará y que, aunque eso no ocurra, la tendencia de las sociedades industrializadas a reemplazarlo con energías renovables puede llevar a su país al colapso.

Ha impulsado en todas las áreas cambios para que los Emiratos puedan seguir siendo prósperos, aunque desparezca el petróleo. El país era completamente desértico, llovía nueve días al año, el 90% del agua freática es salada. En vez de tirar por la ventana el dinero del petróleo, los emiratíes lo han usado para armar una infraestructura con la que desalinizan diariamente billones de litros de agua del mar, consiguiendo el 90% del agua que necesitan. No solo tienen agua para consumo, sino que están volviendo verde el desierto produciendo vegetales y animales.

Con un complejo sistema de vigilancia meteorológica satelital y sal provocan lluvias que permiten formar represas y lagos artificiales.

Promovieron reformas que autorizan a los extranjeros a conservar leyes de su país de origen en materia de divorcio y herencia, despenalizaron el concubinato y el consumo de alcohol.  Los Emiratos reconocieron a Israel y enviaron exitosamente una nave a Marte. Cuando un estadista cree que debe prestigiar a su país para atraer inversiones, actúa de manera coherente para lograrlo.

En un evento de comunicación de vanguardia el Jeque invitó a los ciudadanos del mundo a escoger un nuevo logo del país, entre tres propuestas, prometiendo plantar un árbol por cada voto obtenido. Consiguió más de 1,5 millones de votos procedentes de unos 130 países y más de 2.000 ciudades del mundo.

Los Emiratos se incorporan al futuro al mismo tiempo que conservan los elementos esenciales de la cultura islámica. Si hubiese alguien que piense estratégicamente en otros países petroleros el futuro podría ser mejor. ¿Habrá en Argentina algún funcionario que piense estratégicamente sobre Vaca Muerta? Si no se lo hace pronto, puede quedar definitivamente muerta.

*Profesor de la GWU. Miembro del Club Político Argentino.