COLUMNISTAS
asuntos internos

La máquina de escribir

¿Cómo hace? Rafael Spregelburd (Buenos Aires, 1970) no es sólo un grafómano que lleva escritas, a esta altura, unas treinta obras de teatro de inusual calidad: también actúa, dirige, traduce y escribe artículos periodísticos. Todo parece poco para su apetito omnívoro.

Tomas150
|

¿Cómo hace? Rafael Spregelburd (Buenos Aires, 1970) no es sólo un grafómano que lleva escritas, a esta altura, unas treinta obras de teatro de inusual calidad: también actúa, dirige, traduce y escribe artículos periodísticos. Todo parece poco para su apetito omnívoro: mientras mantiene tres obras en cartel en Buenos Aires (Lúcido y Acassuso en Andamio 90; La paranoia en el Teatro 25 de Mayo de Villa Urquiza), trabaja como actor en una película, va a hacerse cargo de una materia de la nueva Maestría en Dramaturgia del IUNA, y prepara para noviembre el estreno en un teatro de Sevilla (España) de Buenos Aires, una obra inédita en la Argentina. La industria editorial ha comenzado a dar cuenta de su manía textual, y Spregelburd, entonces, revisa la edición en libro de buena parte de su obra. La editorial Atuel publicó La paranoia, La estupidez y El pánico, reeditará en septiembre La inapetencia / La extravagancia / La modestia y lanzará La terquedad (última parte de su Heptalogía) a fines de octubre. Colihue reunió bajo el título Los verbos irregulares las mencionadas Lúcido, Acassuso y Buenos Aires, acompañadas de Bloqueo. Y para fines de septiembre Entropía compilará en un solo volumen de casi mil páginas los diez capítulos de Bizarra, obra que hizo furor hace algunos años en el Centro Cultural Rojas. Entonces, de nuevo: ¿cómo hace?

Pero a pesar de haber dado muestras de un talento desbordante, de estrenar en Francia, España, Alemania e Inglaterra y haber obtenido premios en buena parte del mundo (el Municipal de Dramaturgia, el Tirso de Molina, el Casa de las Américas), a Spregelburd no le resulta sencillo mostrar sus obras en la Argentina. Al margen de las dificultades para conseguir sala (sus piezas suelen durar entre dos y tres horas, lo que demanda una dedicación absoluta de estos espacios), defiende abiertamente una estética y una ideología que poco tiene que ver con las que predominan en el ámbito oficial, y las condiciones de trabajo que exige para estrenar muchas veces no pueden ser cubiertas por el circuito off. “El teatro independiente ya no es tan independiente como nos gustaría presumir”, dice. Y explica: “Los grupos se van adaptando mansamente a los caprichos de un sistema que elige caminos estéticos determinados, a fuerza de trabajar sobre lo ‘posible’. Obras de mayor densidad y experimentación sólo se dan en los casos de directores que han decidido tener sus propios espacios (Ricardo Bartís, Daniel Veronese) o, como en el mío, que financio mis producciones locales con las giras que hago por el exterior o los talleres internacionales. Me es más fácil estrenar en París o en Frankfurt que en el San Martín o en el Cervantes, donde mis obras no parecen interesar. De más está decir que el desinterés ya es biológicamente mutuo”.

El caso del Teatro 25 de Mayo es una rareza: desde hace algunos meses lo dirige Corina Cruciani, productora de varias de las obras de Spregelburd, quien tiene la idea de llevar adelante una política de programación alternativa (Veronese, Daulte, los grupos Krapp y Piel de Lava), y es por eso que una obra de las características de La paranoia puede ser vista en esta sala histórica, recuperada hace un año por el Gobierno de la Ciudad luego de una larga lucha de los vecinos.

En una época en la que a nadie parecen interesarle los grandes relatos, y la ambición artística adquirió un signo negativo, Spregelburd encaró nada menos que una Heptalogía inspirada en la obra de El Bosco y se convirtió, a fuerza de ambición y una capacidad de trabajo fuera de lo común, en el dramaturgo más importante de la renovación teatral argentina. Visto así, no es extraño que sufra la indiferencia de las autoridades oficiales, siempre preocupadas por cuestiones más urgentes. Mientras tanto, algunas de sus obras siguen en cartel, y a sala llena.