30 sep 2020
COLUMNISTAS |Conocimiento
domingo 21 junio, 2020

La reinvención de las universidades

Aproximadamente el 50% del conocimiento que se adquiere durante el primer año de una carrera de cuatro años está desactualizado cuando el estudiante se gradúa. Las casas de altos estudios deben reinventarse constantemente y ofrecer a sus estudiantes destrezas para trabajar en carreras que aparecerán en el futuro.

Rusia. Innopolis, la universidad más nueva del país. Referencia para las tecnologías de la información y de robótica. Foto: cedoc
domingo 21 junio, 2020

Si alguien se hubiera dormido por 500 años en el año 1000 y hubiera despertado cuando llegó Colón a América se habría encontrado con una realidad muy semejante. Si alguien hacía lo mismo en 1500 y despertaba en 2000 se habría sentido en otra realidad. Ni siquiera comprendería qué significa que el observatorio Hubble haya ubicado a Icarus, estrella situada a 9 mil millones de años luz del planeta, cuyo resplandor se produjo 4 mil millones de años antes de que apareciera nuestro sistema solar. En estos 500 años la humanidad generó más conocimientos que en sus 300 mil años de existencia.

Desde que se inventaron las computadoras, la capacidad de almacenamiento y procesamiento de datos se incrementó exponencialmente. Summit, un procesador de IBM, realiza en un segundo 200 cuatrillones de cálculos tan complejos como los que Einstein realizaba en meses. Una persona necesitaría 6 billones de años para hacer los cálculos que hace el ordenador en un instante. Un servidor de esta máquina puede procesar todos los datos que están en Google en un día. En la plataforma se encuentra más información que la que existiría si se juntaran todas las bibliotecas de la historia. Se han hecho experimentos que dicen que es posible implantar Google en el cerebro de una persona, y que esta podría usar instantáneamente toda su información.

Duplicación. Internet conectó a la comunidad científica para que pueda intercambiar automáticamente información y trabajar coordinadamente en línea. Esto se llama la Revolución de la Inteligencia, una revolución que transformó toda la realidad.

Un estudio publicado en Transactions of the American Clinical and Climatological Association dice que para 1950 el conocimiento médico se había duplicado en cincuenta años, en 1980 se duplicó en siete años, en 2010 en 3,5 años, en 2020 se está duplicando cada 73 días. La duplicación de la duplicación de la duplicación es lo que se llama crecimiento exponencial. Algo semejante pasa con la física, la astronomía, la matemática, las ciencias sociales.

Estamos obligados a actualizarnos todo el tiempo, amenazados por la obsolescencia y la irrelevancia de los conocimientos que adquirimos cuando no existían iPhone, YouTube, la nube, las redes sociales, los teléfonos digitales, PayPal, MySpace, Facebook, Instagram. Tampoco Amazon, empresa que aparece en la portada de The Economist de este mes con un artículo sobre “Y en el segundo día ¿puede Amazon seguir creciendo como una startup joven?” Para The Economist, Amazon es muy importante para el futuro del mundo, pero muchos académicos latinoamericanos no saben quién es Jeff Bezos, están muy preocupados conversando sobre los temas del siglo corto, que terminó hace treinta años.

Si la educación universitaria no se integra al mundo contemporáneo, este se va a convertir en una fábrica de desocupados. En 2017 el Informe Hechinger se preguntó si un título universitario sirve para algo, lo hizo la revista Smithsonian en 2018, y lo hace la mayoría de los jóvenes latinoamericanos en estos días.

En su número de junio, Foreign Affairs publicó el artículo “El valor del liderazgo en una era incierta”, de Farzin Madjidi y Seta Khajarian, que analiza un estudio de la Universidad de Oxford acerca del futuro de las 702 ocupaciones más frecuentes de la actualidad, que en un 47% reemplazarán a los seres humanos con robots en una década.

Bigthink.com continuó la investigación y encontró que “el 65% de los niños que ingresan a la primaria terminarán trabajando en profesiones que todavía no existen”. Aproximadamente el 50% del conocimiento que se adquiere durante el primer año de una carrera de cuatro años está desactualizado cuando el estudiante se gradúa.

Educación superior. La educación superior debe proporcionar a los estudiantes herramientas que les permitan vivir en la nueva realidad, que están más allá de contenidos que se pueden implantar en el cerebro con una nanocomputadora.

La Sociedad para la Gestión de Recursos Humanos (SHRM) enumeró en 2019 la lista de destrezas que necesitan quienes buscan empleo. El 82% de los aspirantes carecen de ellas porque recibieron una educación obsoleta. Esas “habilidades faltantes” incluyen el manejo de la complejidad, la comunicación, el análisis de datos y la habilidad para resolver problemas imprevistos. El Foro Económico Mundial en 2018 y el Informe Forbes de 2019 coincidieron en que existen cuatro destrezas esenciales que debemos desarrollar: creatividad, inteligencia emocional, pensamiento analítico/crítico, criterio para la toma de decisiones.

Los líderes afrontan tareas cada vez más complejas, necesitan trabajar temas que nunca ocurrieron y fueron impensables. La pandemia evidenció que pocos estaban preparados para enfrentarla, no porque los presidentes no eran médicos, sino por algo más complejo. Más que almacenar datos como un ordenador, los dirigentes necesitan tener la capacidad de enfrentar con imaginación problemas nuevos y complejos. Para eso necesitan comprender el método científico, las técnicas de investigación, la lógica de sus interpretaciones, confiar en expertos para obtener información, pero tener al mismo tiempo perspicacia y sabiduría para orquestar el conjunto de los temas.

En su ignorancia, los líderes antiguos creían que sabían todo, que podían combatir al Covid-19 inyectando detergentes, con frases de autoayuda o con el Libro Blanco de Rosario Murillo. Los líderes modernos no deben intentar tocar todos los instrumentos de una orquesta, sino ser directores capaces de articular el conjunto aunque no toquen ningún instrumento. La capacidad de dirigir equipos y cooperar con otros es indispensable para producir conocimientos válidos en un mundo tan complejo y efímero.

Reinvención. Las universidades deben reinventarse constantemente para ofrecer a sus estudiantes destrezas para trabajar en carreras que aparecerán en el futuro. La inteligencia artificial y la robótica acabarán con muchas profesiones; en un par de años decenas de millones de empleos serán ejecutados por máquinas, pero aparecerán muchos más.

El estudio de la Universidad de Oxford dice que algunas actividades tienen un alto porcentaje de probabilidades de desaparecer: cocineros un 81%; dependientes de tiendas 92%; en la hotelería despacharán robots recepcionistas con carritos inteligentes que llevarán el equipaje; las agencias de viajes serán reemplazados por aplicaciones online como Despegar.com. Después de la pandemia muchos se habrán acostumbrado a comprar por la red.

Las carreras que parecen tener futuro son: expertos en inteligencia artificial, en ingeniería medioambiental, en nuevas técnicas para el sistema educativo, seguridad informática, expertos que mejoren la producción y la eficiencia de la industria alimentaria.

En un par de años decenas de empleos serán ejecutados por máquinas, pero aparecerán nuevas profesiones

Las universidades más avanzadas del mundo incorporan a su trabajo elementos de la Revolución de la Inteligencia. En los próximos años los profesores deberemos enviar anticipadamente un video con el contenido de cada clase para que se discuta en el aula con los alumnos. Muchos de los cursos serán accesibles gratuitamente por la red.

Hace poco terminé mi curso sobre estrategia política en el posgrado de la GSPM GWU, que me enseñó en la práctica las ventajas de la educación globalizada. Tuve 22 cursantes, periodistas, senadores, diputados, directores de encuestadoras y consultores de países tan diversos como España, Estados Unidos, Puerto Rico, México, Colombia, Perú y otros.

Cuando empezó el curso de este año apenas se hablaba del Covid-19, pero en la medida en que pasó el tiempo los cursantes pudieron hablar de lo que vivían en Nueva York, España, o en los sitios en que se encontraban.

Fue una experiencia de aprendizaje única, discutir cómo podían comunicarse líderes de sitios tan distintos, en medio de la crisis más grave que

ha vivido la humanidad. Pocas veces aprendí tanto de estudiantes que tenían un nivel académico y una experiencia excepcionales. Nada de esto habría sido posible sin internet.

En la bibliografía se incluyeron los autores de siempre, Raymond Kurzweil, Yuval Noha Harari, Steven Pinker, Roger Ailes, Thomas Friedman, Malcolm Gladwell, Jorge Wagensberg, Juan José Sebreli, pero en esta ocasión la conversación giró en torno a los textos más actuales sobre el tema: Here Comes Everybody, de Clay Shirky’s; Made to Stick. Why Some Ideas Survive and Others Die, de Chip and Dan Heath; y sobre todo The New Power. How Power Works in Our Hyperconnected World and How it Work to Make it Work for You, de Jeremy Heimans y Henry Timms y Social Physics: How Social Networks Can Make Us Smarter, de Alex Pentland.

No hubiera tenido sentido dictar un curso de marketing político o sobre temas del siglo pasado como capitalismo, neoliberalismo, estatismo, pobrismo y otros. El mundo avanza a una velocidad vertiginosa y no podemos estancarnos en el pasado.

El futurista Michio Kaku dice que “para predecir las interacciones sociales de los humanos en el futuro debemos imaginar cuáles eran nuestras interacciones sociales hace 100 mil años y multiplicarlas por mil millones”.

*Profesor de la GWU. Miembro del Club Político Argentino.


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