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La retirada del gran estafador

En la historia de la música punk hay dos vertientes historiográficas dominantes. Una asegura que el movimiento se originó a principios de los 70 en las ciudades de Nueva York y Detroit.

Tomas150
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En la historia de la música punk hay dos vertientes historiográficas dominantes. Una asegura que el movimiento se originó a principios de los 70 en las ciudades de Nueva York y Detroit, con bandas como los New York Dolls, MC5 o los Stooges, que a su vez inspiraron al primer grupo específicamente punk, los Ramones. Para esta versión de la historia, cuando los Ramones viajaron a tocar a Londres por primera vez, entre el público había varios de los futuros integrantes de los Sex Pistols, que los vieron en escena y decidieron que ellos también podían hacer algo parecido con sus vidas: armar una banda, aporrear instrumentos y convertirse en músicos de rock sin saber nada de música, antes de transformarse definitivamente en delincuentes juveniles. Del otro lado, están los que aseguran que el punk, tal como lo conoció el mundo (y tal como aún se lo asocia con cierta estética y ciertas ideas: caos, anarquía, alfileres de gancho, borceguíes y crestas de colores), proviene de Londres, Inglaterra. Y que fueron los Sex Pistols (cuya música, hay que decirlo, tiene varios puntos de contacto con la de los Stooges, pero pocos con la de los Ramones) los que crearon el sonido que en muy poco tiempo copiarían cientos de bandas en todo el mundo.

Pero hay alguien que estuvo en los dos lugares (a uno y otro lado del Atlántico) y en el momento justo: esa persona se llamaba Malcolm McLaren, y murió de cáncer el jueves pasado en Nueva York. McLaren, un chico abandonado por su padre y criado por su abuela, con un buen caudal de lecturas y estudios universitarios, había sido manager de los New York Dolls en su última época, y de regreso a Londres gestionó junto a su pareja, la diseñadora Vivienne Westwood, una serie de locales de ropa que se harían míticos: Let it rock, Too Fast To Live Too Young Too Die y, finalmente, Sex. McLaren contó cientos de veces su versión de los hechos: intuyó que en la Londres de 1975 algo estaba por explotar, reunió a algunos de los jóvenes aburridos y desempleados que daban vueltas por su local, y en un mismo movimiento creó un grupo (los Sex Pistols) con el cual enviar su mensaje terrorista musical a la sociedad y vender (los integrantes como modelos vivos) la ropa de sus locales.

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No le fue mal a McLaren, que logró sacarle una cuantiosa plusvalía a su idea: con un solo disco de estudio, los Sex Pistols sacudieron al rock para siempre, y él quedó como el artista conceptual detrás de la obra. Pero esa idea siempre fue desmentida por el líder y cantante de los Pistols, Johnny Rotten. Es algo que se puede advertir claramente en su autobiografía, Rotten: no irish, no blacks, no dogs, recién llegada a la Argentina. Buena parte del libro está dedicada a difundir la otra versión de la misma historia, la de McLaren (quien estuvo en la Argentina en mayo de 2008 en ArteBA, con una muestra de videos y fotos) como un estafador tan ambicioso como egocéntrico e irresponsable, que abandonó al grupo a su suerte, si no propiciando, al menos no evitando, la muerte por sobredosis del bajista Sid Vicious. Rotten demandó durante años a su manager, hasta que le ganó un juicio con el que recuperó su nombre artístico y un buen dinero, por lo que no sería extraño pensar que su muerte no le haya afectado. Pero sea como sea, y se esté del lado de la mesa que se esté, lo cierto es que con él acaba de desaparecer una buena parte de la historia del movimiento punk.